Capgemini ha publicado la 26ª edición de su informe anual, el Observatorio Mundial de los Mercados de la Energía (WEMO), creado en colaboración con Hogan Lovells, Vaasa ETT y Enerdata. El informe hace balance del estado actual de la transición energética. A pesar de los progresos realizados, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) siguen aumentando, alcanzando un nuevo máximo histórico de 37.400 millones de toneladas (Gt) en 2023, lo que confirma que los esfuerzos para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París no están dando sus frutos.
El informe también ofrece una visión sobre cuáles deberían ser las áreas clave de atención, de cara al futuro, para abordar los complejos retos de la transición energética, incluyendo un cambio en la medición del progreso de la energía limpia, así como la aceleración de la inversión en la red eléctrica y las tecnologías limpias.
James Forrest, líder mundial en el sector Transición Energética y Utilities de Capgemini, afirma que “a pesar de un repunte histórico en la penetración de las renovables, el ritmo de desarrollo no es lo suficientemente rápido como para cerrar la brecha. Aún queda mucho por hacer en la próxima década para acercarnos a las cero emisiones netas en 2050 y lograr una transición energética exitosa, ya sea en el campo de las tecnologías bajas en carbono, los esfuerzos en I+D, la energía nuclear o la flexibilidad y el almacenamiento de la red”.
"Además, más allá de la necesaria adopción de nuevos mecanismos de mercado, es indispensable abandonar la medición de la energía basada en el consumo primario. Esta medición fue relevante durante las pasadas crisis energéticas, pero ha llegado el momento de adoptar un enfoque más holístico. Pasar a una medición de la demanda final de energía permitiría evaluar mejor el progreso de las energías limpias y garantizar proyecciones más precisas", precisó.
Las principales conclusiones del informe de 2024 son:
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Es necesario acelerar el despliegue de las energías renovables en todo el mundo, especialmente en los países en desarrollo, para alcanzar los objetivos de descarbonización de 2030 y 2050. Es probable que la cantidad total de energía final proporcionada por las energías renovables se limite a alrededor del 40% de las necesidades mundiales. En 2023, la capacidad total de energía renovable aumentó un 14% interanual, con una mayor expansión de la capacidad solar (32%) respecto a la eólica (13%). Pero, aunque 2024 promete batir otro récord, como ocurrió en los 22 años anteriores, este crecimiento está muy por debajo de lo necesario para alcanzar las cero emisiones netas en carbono en 2050. Además, a medida que aumenta la tasa de penetración de las renovables, éstas están repercutiendo en la estabilidad de la red, por lo que será obligatorio asociarlas a baterías estacionarias. Según el informe, debe acelerarse el desarrollo de las energías renovables estacionarias, como la biomasa o la geotermia.
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El hidrógeno es ahora una palanca estratégica en la senda de la descarbonización. El número de proyectos cuyo presupuesto ha sido aprobado se ha cuadruplicado en los dos últimos años. Sin embargo, se ha observado una reorientación de las aplicaciones debido al aumento de los costes de la producción de hidrógeno bajo en carbono, la competencia entre usos y la normativa. Sólo algunos usos en industrias “difíciles de reducir”, como la industria pesada y la movilidad marítima, tienen un gran potencial.
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Los enfoques proteccionistas para aumentar la soberanía energética pueden tener implicaciones indeseables. Las continuas incertidumbres geopolíticas están afectando a los mercados y sistemas energéticos. Para garantizar la seguridad del suministro, el uso de embargos, aranceles y subvenciones en casi todas las jurisdicciones está distorsionando los mercados energéticos y amenaza la asignación eficiente del capital. Según el informe, los embargos están resultando ineficaces y disminuyendo la transparencia y la trazabilidad de los suministros energéticos, algo esencial para seguir los esfuerzos de descarbonización. Negar el acceso a las fuentes más baratas de equipos y suministros energéticos hace subir los precios para los consumidores y reduce la financiación disponible para la transición energética.
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Según el informe, la “demanda de energía primaria” es un concepto anticuado para la transición energética. Es necesario pasar de la medición del consumo primario de energía a la del consumo final (en kWh) para garantizar proyecciones precisas y el progreso de la energía limpia. La medición de la energía basada en el consumo primario ignora que: para los mismos servicios energéticos finales, los nuevos servicios eléctricos suelen ser más eficientes; se desperdician muchos combustibles fósiles en la generación de electricidad; también se malgasta energía en encontrar y procesar combustibles fósiles.
El Observatorio Mundial de los Mercados de la Energía (WEMO) es el informe anual de Capgemini sobre liderazgo de pensamiento e investigación creado en colaboración con Hogan Lovells, Vaasa ETT y Enerdata, que realiza un seguimiento de la transformación de los mercados de la energía en Europa, Norteamérica, Australia, Sudeste Asiático, India y China.
En su 26ª edición, el informe ha sido elaborado por un equipo mundial de más de 100 expertos e incluye 15 artículos, todos ellos respaldados por rigurosos análisis. El informe comienza con una perspectiva global, y a continuación cubre los temas fundamentales para la transición energética, incluidos los impactos geopolíticos, la transición energética del lado de la demanda, las baterías, las energías renovables, los SMR, el hidrógeno, el calor industrial, IAGen y la Ley de Reducción de la Inflación (IRA).
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