Política energética

Europa se prepara para otro invierno energético duro ante el temor a una crisis de precios y suministro

Los ministros de Energía de los Veintisiete abordan en Dublín la seguridad energética europea con los almacenes de gas en torno al 70%, los precios al alza y una creciente competencia por el GNL, mientras Bruselas pide contener la demanda y seguir llenando las reservas

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Europa vuelve a mirar al invierno con preocupación. Los ministros de Energía de los Veintisiete se reúnen este lunes y martes, 28 y 29 de septiembre, en Dublín en un encuentro informal que llega marcado por el deterioro de las condiciones del mercado energético, unos niveles de almacenamiento de gas inferiores a los habituales y el repunte de los precios provocado por la crisis en Oriente Próximo.

La cita estará condicionada por una advertencia de Bruselas que refleja el cambio de escenario: la actual crisis de precios puede acabar vinculándose a una crisis de suministro si persisten las tensiones sobre la oferta y Europa llega al invierno con unas reservas insuficientes.

El comisario europeo de Energía y Vivienda, Dan Jorgensen, ha trasladado esta preocupación directamente a los ministros de los Estados miembros en una carta fechada el 25 de septiembre, en la que les insta a estudiar medidas para reducir el consumo de gas y electricidad y mantener el ritmo de llenado de los almacenamientos antes de que comience el periodo de mayor demanda.

La reunión de Dublín se produce así en un momento especialmente delicado. Bruselas no considera que exista actualmente un riesgo inmediato para la seguridad del suministro, pero sí advierte de que el margen de maniobra se ha reducido. Los almacenes europeos se encuentran en torno al 70% de su capacidad y el mercado internacional afronta una creciente competencia por los cargamentos de gas natural licuado (GNL).

La preocupación no está únicamente en cuánto gas queda almacenado, sino en cuánto costará reponerlo y con qué facilidad podrá hacerse cuando la demanda vuelva a crecer durante el invierno.

Europa llega al otoño con menos gas almacenado

Los almacenamientos europeos afrontan la recta final del periodo de inyección con unos niveles inferiores a los habituales para estas fechas. El menor colchón coincide además con un mercado internacional más tensionado, en el que Europa necesita competir por el GNL con otros grandes consumidores, especialmente en Asia.

La crisis en Oriente Próximo ha añadido una nueva fuente de incertidumbre. La guerra en Irán y las alteraciones en el tráfico energético a través del estrecho de Ormuz han elevado la preocupación sobre la disponibilidad y el precio de los hidrocarburos en los mercados internacionales.

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Dan Jorgensen asegura que no hay riesgos inmediatos para el suministro pero advierte de que la situación sigue siendo "difícil".

Aunque Europa no depende directamente del estrecho para la mayor parte de su suministro de gas, cualquier reducción de los flujos de GNL procedentes del Golfo tiene consecuencias sobre el conjunto del mercado mundial. Menos oferta disponible significa mayor competencia entre compradores y, por tanto, una mayor presión sobre los precios.

A esta situación se suma el proceso de desvinculación del gas ruso, que reduce una de las fuentes tradicionales de suministro del continente y obliga a Europa a depender en mayor medida de proveedores alternativos y del mercado global de GNL.

El sistema energético europeo es hoy más diversificado que durante la crisis de 2022, pero también está más expuesto a la evolución de los mercados internacionales. Y esa combinación vuelve especialmente relevante la evolución de los precios durante las próximas semanas.

El TTF vuelve a poner precio a la tensión energética

El TTF neerlandés, principal referencia del mercado gasista europeo, se ha convertido de nuevo en uno de los principales termómetros de la tensión energética. El repunte de las cotizaciones refleja la preocupación de los operadores por la disponibilidad de gas durante los próximos meses y por la capacidad de Europa para completar sus reservas antes de que aumente la demanda.

La evolución del TTF es especialmente importante porque los precios negociados en este mercado sirven de referencia para buena parte de las operaciones gasistas europeas. Cuando aumenta la percepción de riesgo sobre el suministro, esa incertidumbre se incorpora a las cotizaciones, especialmente en los contratos con entrega durante el invierno.

La presión se traslada también a la Península Ibérica a través de Mibgas, el mercado organizado de gas de España y Portugal. El mercado ibérico cuenta con unas condiciones particulares gracias a su elevada capacidad de regasificación y a la diversidad de infraestructuras de entrada, pero no permanece al margen de las tensiones europeas.

España dispone de una de las mayores capacidades de regasificación de Europa y puede recibir GNL procedente de distintos mercados. Sin embargo, esos cargamentos se negocian en un mercado global y, cuando aumenta la competencia internacional por ellos, también se incrementa el coste de aprovisionamiento para los operadores europeos.

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El gas TTF llevó a los mercados eléctricos del sur de Europa a los niveles más altos registrados desde diciembre de 2022 cuando se aplicaba el tope al gas.

Por eso, TTF y Mibgas mantienen una evolución estrechamente relacionada, aunque puedan registrar diferencias puntuales derivadas de las condiciones específicas de oferta, demanda, almacenamiento, regasificación y transporte de la Península.

La evolución de ambas referencias será determinante para conocer hasta dónde puede llegar la presión sobre consumidores y empresas durante el invierno. Un gas más caro no solo encarece directamente la calefacción y otros usos finales de esta materia prima, sino que puede terminar trasladándose también al mercado eléctrico.

El encarecimiento del gas tiene una segunda derivada especialmente relevante para Europa: su impacto sobre el mercado eléctrico.

Cuando la generación renovable, hidráulica o nuclear no es suficiente para cubrir la demanda, los ciclos combinados pueden convertirse en una de las tecnologías necesarias para equilibrar el sistema. En aquellos periodos en los que estas centrales marcan el precio marginal, el coste del gas se traslada directamente a la formación del precio mayorista de la electricidad.

Así, la escalada del TTF y del Mibgas puede terminar afectando también al precio de la luz, aunque la intensidad de ese traslado dependerá de la demanda, la producción renovable y el resto de tecnologías disponibles en cada momento.

Esta conexión explica por qué la Comisión Europea reclama simultáneamente a los Estados miembros medidas para reducir el consumo tanto de gas como de electricidad. Menos demanda eléctrica en los momentos de mayor tensión puede significar también menor necesidad de recurrir a las centrales de gas y, por tanto, una menor presión sobre las reservas.

Bruselas pide reducir la demanda antes de que llegue el frío

La carta enviada por Jorgensen a los Veintisiete adquiere especial relevancia porque Bruselas plantea actuar sobre la demanda como una de las herramientas para afrontar el invierno.

El comisario pide a los gobiernos que estudien medidas capaces de reducir el consumo energético y que mantengan los esfuerzos para continuar llenando los almacenamientos. El objetivo es doble: rebajar la presión sobre un mercado tensionado y evitar que el incremento de la demanda durante los meses fríos obligue a recurrir a unas reservas que parten de niveles inferiores a los habituales.

Bruselas también quiere evitar que los Estados entren en una carrera de compras para alcanzar sus objetivos de almacenamiento a cualquier precio. Las normas europeas permiten cierta flexibilidad en las obligaciones de llenado cuando las condiciones de mercado son especialmente adversas.

El debate que llega a Dublín es, por tanto, cómo encontrar el equilibrio entre garantizar suficiente gas para el invierno y evitar que las compras destinadas a llenar los almacenes terminen alimentando todavía más la escalada de precios.

España se prepara para una fuerte subida de la TUR

La tensión europea coincide con un momento especialmente sensible para los consumidores españoles. La Tarifa de Último Recurso (TUR) de gas se encarecerá a partir del 1 de octubre y las estimaciones de la OCU apuntan a un incremento del 54% en la factura anual de un hogar medio con calefacción de gas, unos 310 euros adicionales.

El comparador Hello Watt eleva la subida potencial hasta el 71,5%, en función del perfil de consumo. La diferencia entre ambas estimaciones responde a las distintas metodologías utilizadas, pero ambas apuntan en la misma dirección: el gas afronta una de las mayores subidas de los últimos años para los hogares acogidos a la tarifa regulada.

La subida se explica fundamentalmente por el encarecimiento de la materia prima. Los futuros utilizados para calcular el componente de gas estacional de la TUR alcanzan los 78,9 euros por MWh, frente a los 33 euros/MWh de octubre de 2025. Este componente tendrá un peso del 46,7% en el cálculo de la nueva tarifa.

El mecanismo de actualización hace que la evolución de los mercados mayoristas no se traslade de forma inmediata al recibo. Sin embargo, el encarecimiento acumulado durante los últimos meses acaba llegando a la TUR en las revisiones correspondientes a los periodos de mayor exposición al precio del gas.

La evolución del TTF y del Mibgas resulta así especialmente relevante para entender el contexto en el que se produce esta subida, aunque la TUR se calcule mediante una metodología regulada específica y no replique directamente las cotizaciones diarias de ninguno de los dos mercados.

El Gobierno prepara otro escudo anticrisis

La presión sobre los consumidores llega también a la agenda del Gobierno español. El Consejo de Ministros tiene previsto aprobar este martes un nuevo escudo anticrisis para hacer frente al impacto económico de la guerra en Oriente Próximo y a la escalada de los precios energéticos durante el otoño y el invierno.

El Gobierno aprueba el martes un nuevo escudo anticrisis ante la escalada de precios por la guerra en Irán
Se prevé prorrogar previsiblemente hasta diciembre las ayudas al campo por el alza de carburantes.

El Ejecutivo pretende amortiguar el impacto sobre los hogares y las empresas y dar continuidad a algunas de las medidas adoptadas durante anteriores episodios de tensión energética. El nuevo paquete llega, además, cuando el gas vuelve a convertirse en uno de los principales focos de presión sobre los costes energéticos.

En paralelo, en España se ha abierto el debate sobre la posibilidad de recuperar la excepción ibérica, el mecanismo aplicado junto a Portugal entre junio de 2022 y diciembre de 2023 para limitar la repercusión del precio del gas sobre el mercado eléctrico. La propuesta ha recibido apoyos políticos y sindicales, aunque el sector eléctrico se ha mostrado contrario a recuperar el mecanismo en las actuales circunstancias.

Una Europa más preparada, pero con menos margen

El escenario actual no reproduce exactamente la crisis energética de 2022. Europa ha diversificado sus proveedores, ha reducido su dependencia del gas ruso, ha aumentado su capacidad de importación de GNL y ha reforzado el peso de las energías renovables.

Pero la situación tampoco permite bajar la guardia. Unos almacenamientos más bajos de lo habitual coinciden con precios elevados, mayor competencia internacional por el GNL y un contexto geopolítico especialmente incierto.

Europa afronta así otro invierno energético con más herramientas que en 2022, pero también con menos margen para asumir nuevas perturbaciones del mercado. El riesgo inmediato no es, según Bruselas, un desabastecimiento, sino que la combinación de unas reservas más ajustadas y unos precios elevados termine complicando el equilibrio energético durante los meses de mayor demanda.

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