Form Energy, la startup estadounidense de almacenamiento energético de larga duración, ha cerrado una ronda Serie G de 750 millones de dólares para ampliar la fabricación de sus baterías de hierro-aire en West Virginia, en un momento en que el auge de los centros de datos de inteligencia artificial dispara la demanda de suministro eléctrico fiable.
La ronda, liderada por T. Rowe Price, contó con la participación de Sequoia Capital, Janus Henderson, Franklin Templeton, TPG Rise Climate, Breakthrough Energy Ventures, GE Vernova, Coatue, Energy Impact Partners y otros inversores institucionales y estratégicos. La empresa no reveló su valoración ni el destino exacto de los fondos.
A diferencia de las baterías de ion-litio convencionales, que suelen descargarse en solo unas pocas horas, la tecnología de Form se basa en un proceso reversible de oxidación del hierro: al descargarse, el metal se convierte en óxido (herrumbre), y al cargarse, la reacción se invierte.
Este enfoque permite prescindir de minerales más caros como litio, cobalto o níquel, y sostener el suministro eléctrico hasta 100 horas seguidas, algo especialmente útil para compensar la intermitencia de las renovables, que representarán más del 90% de la nueva capacidad de generación instalada en Estados Unidos este año.
La compañía ya ha sumado clientes de peso. Google está construyendo un centro de datos en Minnesota que se alimentará parcialmente con una batería de Form de 300 megavatios y 30 gigavatios-hora, un paquete que le costó a la tecnológica cerca de 1.000 millones de dólares, con entregas previstas para 2028. Crusoe, especializada en infraestructura para IA, anunció en marzo la compra de 12 gigavatios-hora en sistemas de Form para sus centros de datos, con suministro a partir de 2027.
La cartera comercial de la empresa asciende ya a unos 75-80 gigavatios-hora según las distintas fuentes consultadas, hasta cuatro veces más que a principios de año, con clientes adicionales como la eléctrica Xcel Energy y FuturEnergy Ireland; su primera demostración comercial, desarrollada junto a Great River Energy, debería entrar en funcionamiento este mismo año.
El corazón de la expansión es Form Factory 1, en Weirton (West Virginia), la primera planta de fabricación a gran escala de la compañía. Una vez completada, ocupará cerca de 93.000 metros cuadrados y alcanzará una capacidad de producción anual de 500 megavatios. La construcción de la instalación inicial, de más de 51.000 metros cuadrados, concluyó en 2024, cuando comenzó la producción de prueba; el proyecto cuenta además con una ayuda de 150 millones de dólares del Departamento de Energía estadounidense.
Esta nueva ronda se suma a la Serie F de 405 millones cerrada anteriormente, con lo que la financiación total de Form supera ya los 1.200 millones de dólares.
Un factor que ha reforzado su atractivo comercial es la independencia de China en su cadena de suministro: la empresa asegura que el 80% de sus materiales proceden de Estados Unidos, y el resto de Europa y Asia, evitando así la dependencia china que domina buena parte de la industria mundial de baterías, algo que tanto la administración Biden como la de Trump han buscado reducir.
En Estados Unidos se instalaron 9,7 gigavatios-hora de almacenamiento energético solo en el primer trimestre del año, un 32% más que en 2025, en un contexto donde se espera que los centros de datos cuadrupliquen su consumo eléctrico de aquí a 2035, hasta absorber cerca del 20% de toda la electricidad generada en el país.
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