OpenAI ha empezado a tratar la electricidad como lo que ya es para la industria de la inteligencia artificial: una exposición de mercado que hay que gestionar activamente, no una simple factura mensual. La compañía busca incorporar a un responsable de trading de energía dentro de su equipo de Power & Land, integrado en la división de diseño de centros de datos, según reveló Bloomberg. El movimiento confirma que las grandes tecnológicas están empezando a operar como consumidores industriales intensivos en energía, incorporando funciones de cobertura de riesgo que hasta ahora eran ajenas al sector del software.
La oferta exige al menos diez años de experiencia en trading de energía, gestión de riesgo de materias primas o estrategia con utilities, además de un conocimiento profundo de los mercados eléctricos mayoristas de Estados Unidos y de los mercados de gas natural vinculados a ellos. Las funciones descritas son las propias de una mesa de negociación: cuantificar la exposición de la compañía en distintos mercados y emplazamientos, evaluar contratos de suministro a precio fijo, forwards, swaps y opciones, y definir los marcos que determinen cuándo y cuánto cubrir mediante estos instrumentos.
La propia OpenAI resume el objetivo en su anuncio: "traducir exposiciones eléctricas y de combustible grandes y dinámicas en estrategias prácticas de cobertura, aprovisionamiento y gestión de riesgo que protejan la economía de la infraestructura preservando la flexibilidad para el crecimiento".
Cubrir el riesgo de una materia prima no es en sí mismo una novedad: los productores de alimentos cubren el café y el cacao, las aerolíneas el queroseno, y los fabricantes los metales que consumen. Lo que ha cambiado es la categoría en la que ahora se sitúa OpenAI: la electricidad ha dejado de ser una línea más en la factura mensual para convertirse en una exposición de mercado lo bastante grande como para requerir su propia función de gestión de riesgo.
Meta se adelantó en esto: anunció en noviembre de 2025 que entraba en el trading eléctrico para sostener la expansión de sus centros de datos de inteligencia artificial, y Microsoft y Google afrontan la misma limitación, ya que asegurar el suministro eléctrico se ha convertido en uno de los mayores cuellos de botella para escalar esta infraestructura.
Detrás de esa exposición eléctrica está el gas pues más del 40% de la electricidad estadounidense se genera quemándolo, de ahí que la oferta de OpenAI exija también conocimiento de ese mercado. Ante las largas colas de conexión a la red, muchos desarrolladores de centros de datos optan por construir generación propia mientras esperan turno, una tendencia que también se refleja en las contrataciones de Meta, que busca un gestor de energía para desarrollo comercial de generación in situ, encargado de confirmar que están en marcha "el suministro de gas, el terreno, el agua y los permisos" (Meta, de hecho, abandonó el compromiso corporativo de electricidad limpia RE100 a medida que el gas ganaba peso en sus planes de centros de datos).
Para OpenAI, la magnitud de sus compromisos ya convierte la energía en un problema de gestión de riesgo: la compañía construye un campus en Georgia valorado en unos 30.000 millones de dólares y ha negociado un proyecto de 10 gigavatios en Ohio respaldado por Nvidia, mientras que el coste eléctrico ya le obligó a pausar un proyecto en el Reino Unido.
OpenAI no ha precisado qué planea cubrir ni a qué escala, y que el puesto no tenga reportes directos sugiere, de momento, una primera contratación más que un equipo consolidado.






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