Ningún comentario La electricidad es algo que muchos damos por sentado. Asumimos que siempre estará disponible cuando la necesitemos, alimentando silenciosamente nuestra vida cotidiana. Pero en 2025, los europeos recibimos varios recordatorios de la fragilidad de esa suposición. El apagón de la península ibérica, el cierre del aeropuerto de Heathrow de Londres y numerosas interrupciones más locales acapararon las portadas de los periódicos. En las primeras semanas de 2026, un gran apagón en Berlín nos recordó que el sabotaje sigue siendo una amenaza siempre presente para la resiliencia de nuestro suministro eléctrico.
Todos estos incidentes tuvieron causas distintas, pero su impacto en la sociedad fue llamativamente similar. Se cancelaron vuelos, el transporte quedó paralizado, miles de hogares se vieron afectados, los servicios digitales dejaron de funcionar y la actividad económica sufrió un golpe masivo. Con nuestra creciente dependencia de la electricidad, bastan menos de 24 horas para que se produzca una paralización social importante.
La interrupción inicial es un problema, pero el tiempo que tarda en restablecerse el suministro es lo que ocasiona el mayor problema. Estos retrasos apuntan a un problema más profundo, y es que muchos de los sistemas de comunicaciones en los que se apoyan nuestras redes eléctricas para la monitorización, la automatización y la recuperación ante fallos ya no están a la altura de una infraestructura energética cada vez más dinámica y descentralizada.
Por qué la modernización de la red eléctrica es una prioridad estratégica
La proliferación de paneles solares en tejados, aerogeneradores, baterías domésticas y vehículos eléctricos ha reconfigurado el flujo diario de electricidad. La energía ya no circula en una sola dirección, desde las grandes plantas hacia los consumidores. Ahora fluye en múltiples sentidos a través de la red, condicionada por el clima, el comportamiento humano y los distintos incentivos diseñados para acelerar la transición desde los combustibles fósiles.
Todo esto significa que las compañías eléctricas necesitan ahora una visión granular y en tiempo real de sus redes. En España, la recuperación después del gran apagón se vio ralentizada en algunas zonas de la red con conectividad más limitada durante las horas posteriores al fallo.
Los apagones mencionados pusieron de manifiesto estas necesidades. En España, la recuperación después del gran apagón se vio ralentizada en algunas zonas de la red con conectividad más limitada durante las horas posteriores al fallo. Incidentes como este demuestran que los apagones no son únicamente problemas de generación y transmisión, sino que las limitaciones en las comunicaciones también juegan un papel determinante.
Estableciendo el estándar
Las compañías eléctricas necesitan sistemas de comunicación que combinen cobertura de amplio alcance, resiliencia, seguridad y longevidad. Basadas en los estándares móviles 3GPP, las redes inalámbricas privadas 4G y 5G en las bandas de 410 MHz y 450 MHz ofrecen un ecosistema estable y maduro que satisface estos requisitos de maneras que las tecnologías más antiguas a menudo no logran. Una de sus ventajas es la cobertura. El espectro de menor frecuencia viaja más lejos y penetra los obstáculos con mayor eficacia. Esto permite construir una red nacional con un número relativamente reducido de estaciones base.
Estas redes también ofrecen una alta resiliencia. Las compañías eléctricas pueden diseñarlas con baterías de respaldo de varios días de autonomía, garantizando que las comunicaciones permanezcan operativas incluso cuando la red eléctrica esté caída. ESB Networks, en Irlanda, está construyendo precisamente por esta razón una red LTE privada en 410 MHz.
Las redes inalámbricas privadas también simplifican las operaciones. Muchas compañías eléctricas dependen actualmente de una combinación de radiocomunicaciones VHF o UHF, TETRA, CDMA, telemetría de banda estrecha, enlaces de microondas y redes móviles comerciales. LTE y 5G pueden dar soporte al tráfico SCADA, a las comunicaciones de los técnicos de campo y a las aplicaciones digitales emergentes en una única plataforma.
Superando las barreras
La transición a nuevos sistemas de comunicaciones nunca es sencilla, pero los principales obstáculos no son insalvables. La disponibilidad de espectro es desigual en Europa. En algunos países, las bandas de 410/450 MHz siguen siendo utilizadas por tecnologías de radio más antiguas. La migración de estos usuarios requiere planificación regulatoria y plazos realistas, pero los ejemplos de Alemania e Irlanda demuestran que es posible.
Las compañías eléctricas también operan con ciclos de inversión largos. Dispositivos como contadores o equipos de protección pueden permanecer en servicio durante más de una década, lo que significa que el cambio no puede producirse de la noche a la mañana. La mayoría de los despliegues implicarán varios años de operación en paralelo mientras el ecosistema de dispositivos crece y los equipos se actualizan progresivamente. Por último, el fragmentado panorama energético europeo hace que la coordinación sea esencial.
Cómo las redes inalámbricas privadas apoyan una red eléctrica flexible y resiliente
Las redes inalámbricas privadas abren nuevas capacidades para las compañías eléctricas. La visibilidad en tiempo real permite detectar, aislar y resolver los fallos con mucha mayor rapidez. Los sistemas de automatización pueden ajustar los flujos de la red y estabilizar el voltaje sin intervención manual.
Las ciberamenazas para las empresas energéticas están creciendo con rapidez. En 2025, INCIBE gestionó 122.223 incidentes de ciberseguridad y el sector energía concentró el 8% de los incidentes en operadores esenciales.
Las redes inalámbricas privadas pueden ofrecer a las compañías eléctricas un control de la seguridad muy superior al de las infraestructuras públicas compartidas. Al tratarse de desarrollos desde cero, las redes privadas 4G/5G no arrastran las vulnerabilidades heredadas de otros sistemas.
Apoyando la transición
Los eventos de los últimos años han demostrado hasta qué punto la vida moderna depende de un suministro eléctrico estable, y cómo las carencias en las comunicaciones pueden ralentizar la recuperación cuando algo falla. A medida que Europa acelera su transición energética, las redes eléctricas serán cada vez más complejas y más críticas.
Fortalecer la capa de comunicaciones no debe considerarse únicamente una actualización técnica: es una necesidad estratégica. Las redes inalámbricas privadas en las bandas de 410/450 MHz ya están demostrando su valor en países como Alemania e Irlanda.
La red eléctrica está evolucionando y sus comunicaciones deben evolucionar con ella.
Chris T. Jones es Europe Energy Segment Lead en Nokia
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