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Australia quiere convertir la inteligencia artificial en motor de su transición energética

El ministro federal de Energía, Chris Bowen, sostiene que los centros de datos no representan una amenaza para el objetivo del 82% de generación renovable, sino una oportunidad para conseguirlo

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Mientras Elon Musk asegura que SpaceX podría enviar centros de datos de inteligencia artificial (IA) al espacio a partir del próximo año, alimentados por energía solar, Australia apuesta por una estrategia mucho más terrenal: utilizar la creciente demanda de infraestructura para IA como impulso a la expansión de las energías renovables y consolidarse como una potencia mundial en computación sostenible.

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Las previsiones de Musk, que incluyen ingresos de un billón de dólares para SpaceX en apenas cuatro años, fueron recibidas con escepticismo por los mercados. La compañía sufrió una fuerte caída bursátil tras sus declaraciones, reflejando las dudas sobre la viabilidad de sus ambiciosos planes. En contraste, el Gobierno australiano centra sus esfuerzos en una política energética basada en reglas claras para que los nuevos centros de datos aceleren, en lugar de obstaculizar, la transición hacia una matriz eléctrica limpia.

Los centros de datos como oportunidad

El ministro federal de Energía, Chris Bowen, sostiene que los centros de datos no representan una amenaza para el objetivo nacional de alcanzar un 82 % de generación renovable, sino una oportunidad para conseguirlo. Su propuesta exige que estas instalaciones contraten su propia energía renovable respaldada por sistemas de almacenamiento u otras fuentes firmes, evitando así un incremento en el uso de combustibles fósiles.

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La iniciativa también busca impedir que algunos gobiernos estatales, como los de Queensland y el Territorio del Norte, recurran al gas natural para abastecer el crecimiento de la industria digital. Según Bowen, la expansión de los centros de datos debe estar vinculada al desarrollo de nuevos parques eólicos y solares, favoreciendo inversiones que actualmente encuentran dificultades para obtener financiación.

Entre las medidas propuestas figuran el uso de certificados de origen renovable (REGO), la obligación de adquirir contratos de generación firme equivalentes al consumo eléctrico de cada centro de datos y nuevas normas de registro ante el operador del mercado eléctrico. Además, se incentivará que estas instalaciones se ubiquen junto a plantas solares, parques eólicos o sistemas de baterías, facilitando las conexiones a la red y reduciendo la presión sobre la infraestructura de transmisión.

El auge de la inteligencia artificial representa una oportunidad inédita para Australia. Hasta ahora, la mayoría de los centros de datos se destinaban a ejecutar aplicaciones de IA ya existentes, plataformas de streaming o servicios en la nube, con demandas energéticas relativamente previsibles. Sin embargo, el entrenamiento de modelos avanzados de IA requiere cantidades de electricidad muy superiores, llegando en algunos casos a consumir más de 100 gigavatios hora por proyecto.

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Australia quiere ser un destino atractivo para las grandes tecnológicas

En este contexto, Australia aspira a convertirse en un destino atractivo para las grandes empresas tecnológicas. Aunque Estados Unidos y China lideran el desarrollo de la inteligencia artificial, ambos presentan incertidumbres regulatorias y geopolíticas. Frente a ello, Australia ofrece estabilidad institucional, abundantes recursos eólicos y solares y un marco regulatorio que busca garantizar un desarrollo responsable de esta tecnología.

Expertos del sector consideran que estas condiciones podrían atraer inversiones internacionales interesadas en entrenar modelos de IA utilizando electricidad limpia y abundante. La combinación de energía renovable de bajo coste y seguridad jurídica permitiría exportar valor no en forma de electricidad, sino de capacidad de procesamiento y servicios digitales.

Esta estrategia también redefine el viejo objetivo australiano de convertirse en una superpotencia de energías renovables. Durante la última década, esa aspiración se vinculó al hidrógeno verde, los cables submarinos de exportación eléctrica o la producción de acero verde, proyectos con gran potencial pero de desarrollo lento. La expansión de los centros de datos ofrece, en cambio, una demanda inmediata de electricidad renovable y una oportunidad de crecimiento mucho más rápida.

Inversores como Andrew Forrest, Mike Cannon-Brookes e Intercontinental Energy ya exploran proyectos capaces de aprovechar decenas de gigavatios de energía eólica y solar para abastecer instalaciones de computación avanzada. Según especialistas del sector, el verdadero desafío nunca fue producir electricidad limpia, sino encontrar mercados capaces de consumirla a gran escala. La inteligencia artificial podría resolver ese problema al transformar energía renovable en servicios digitales exportables.

Las mejores condiciones

La experta Janet Egan, del Australian Strategic Policy Institute, sostiene que Australia reúne condiciones excepcionales para desarrollar esta industria gracias a la disponibilidad de suelo, recursos renovables y mano de obra especializada. Además, afirma que los grandes desarrolladores de IA están dispuestos a asumir los mayores costes energéticos derivados de sus operaciones, evitando trasladarlos a los consumidores.

Egan también destaca beneficios adicionales. La instalación de grandes laboratorios de IA favorecería la llegada de ingenieros e investigadores, impulsaría la creación de empresas tecnológicas y fortalecería la colaboración entre universidades, industria y organismos públicos. Asimismo, incrementaría la capacidad del país para participar en el diseño de normas internacionales sobre inteligencia artificial y reforzaría la cooperación en ámbitos estratégicos como la seguridad y la defensa.

En definitiva, Australia busca que los centros de datos sean mucho más que grandes consumidores de electricidad. Su objetivo es convertirlos en el punto de partida de una nueva economía basada en energías renovables, innovación tecnológica y liderazgo en el desarrollo responsable de la inteligencia artificial.

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