La estrategia de Europa para reforzar su seguridad energética —basada en reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y acelerar las renovables— se enfrenta a un obstáculo crítico: la falta de capacidad en las redes eléctricas.
Las redes eléctricas amenazan la seguridad energética de Europa
Al menos 120 GW de proyectos renovables podrían quedar bloqueados por limitaciones en la red, según un análisis de Ember

120 GW en peligro por las limitaciones de la red
Un análisis de Ember, firmado por la analista Elisabeth Cremona, advierte que al menos 120 GW de proyectos renovables podrían quedar bloqueados por limitaciones en la red. En más de la mitad de los países analizados, la infraestructura actual no puede absorber la expansión prevista, con cuellos de botella especialmente graves en Países Bajos, Polonia, Portugal o Rumanía.

El problema no es menor: 1,5 millones de hogares podrían sufrir retrasos para conectar instalaciones solares en tejados, mientras que grandes proyectos e inversiones industriales afrontan demoras de años o incluso se trasladan a regiones con mejor acceso eléctrico.

Aunque las redes de distribución muestran cierta capacidad para absorber el aumento del consumo doméstico —como bombas de calor o cargadores de vehículos eléctricos—, países como España y Polonia presentan importantes limitaciones. En paralelo, la conexión de grandes consumidores industriales, como fábricas o centros de datos, sigue siendo desigual y en algunos casos inexistente.
Las redes no avanzan al ritmo de la transición
La raíz del problema es clara: el desarrollo de las redes no avanza al ritmo de la transición energética. Pese a la disponibilidad de inversión y voluntad política, la infraestructura se ha quedado atrás, generando largas colas de conexión que ya acumulan cerca de 700 GW de proyectos en espera.
Bruselas ha comenzado a reaccionar con iniciativas regulatorias, pero el éxito dependerá de los Estados miembros. Entre las soluciones más inmediatas destacan las llamadas medidas “sin cables”, que podrían liberar hasta 185 GW de capacidad, optimizando las redes existentes sin necesidad de nuevas infraestructuras.
Para los expertos, el mensaje es contundente: sin redes preparadas, la transición energética europea corre el riesgo de quedarse en papel.
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