Renovables  ·  Política energética

Las tensiones con Irán ponen de relieve la urgencia del giro de Asia hacia las energías renovables para lograr la estabilidad macroeconómica

IEEFA estima que cada gigavatio (GW) de energía solar podría evitar un ahorro de 3.000 millones de dólares en costos de importación de GNL durante 25 años

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Los mercados energéticos asiáticos, altamente dependientes de combustibles fósiles importados, vuelven a quedar a merced de la volatilidad global por segunda vez en cuatro años. El conflicto con Irán amenaza con encarecer el petróleo y el gas, especialmente si se prolongan las interrupciones en el estrecho de Ormuz, por donde transita más del 80% del crudo y el gas natural licuado (GNL) destinado a Asia.

Aunque el impacto directo varía según el país, todos afrontan el riesgo de mayores costes energéticos, inflación y presiones sobre sus economías. Las subidas de precios pueden afectar indicadores clave como el crecimiento del PIB, los tipos de interés o las balanzas comerciales, complicando los objetivos fiscales y monetarios de los gobiernos, según un informe de IEEFA.

Exposición desigual

La exposición es desigual. Países como Pakistán, Japón o Filipinas dependen en más de un 90% del crudo del Golfo Pérsico, mientras que India, Pakistán y Bangladesh importan gran parte de su GNL desde Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Además, la limitada capacidad de almacenamiento de gas en muchos países asiáticos aumenta su vulnerabilidad ante picos de precios. De hecho, el indicador de referencia del GNL en Asia subió un 50% entre finales de febrero y comienzos de marzo de 2026.

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Asia importa el 65% de su petróleo crudo de Oriente Medio, la mayor dependencia a nivel mundial, con Arabia Saudí, Irak y Emiratos Árabes Unidos como principales proveedores

El encarecimiento de la energía, unido a la depreciación de las monedas locales frente al dólar, agrava la factura de las importaciones. Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, por ejemplo, el gasto anual en GNL de Pakistán y Bangladesh se duplicó pese a que sus importaciones cayeron. Estas presiones también afectan a empresas y mercados financieros, al aumentar los costes operativos, reducir márgenes y encarecer la deuda denominada en dólares.

Los gobiernos asiáticos están respondiendo con subsidios al combustible, controles de precios o políticas monetarias más restrictivas. Sin embargo, estas medidas alivian el impacto a corto plazo pero generan costes fiscales elevados y pueden aumentar la deuda pública o frenar otras prioridades de inversión.

Acelerar la transición hacia las renovables

Para los analistas energéticos, la verdadera solución es acelerar la transición hacia energías renovables. Mientras los precios de los combustibles fósiles importados siguen siendo volátiles, el coste de tecnologías como la solar o la eólica ha caído de forma constante en las últimas dos décadas. Según estimaciones recientes, producir electricidad con gas puede resultar ya más caro que combinar energía solar con almacenamiento en varios mercados asiáticos.

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En este contexto, el conflicto con Irán vuelve a evidenciar la fragilidad energética de Asia. Reducir la dependencia de combustibles fósiles importados no solo es una cuestión climática, sino también un requisito clave para la estabilidad económica y la seguridad energética a largo plazo.

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