Hasta hace nada Trump profesaba un tremendo amor por las petroleras americanas (recordamos la reunión que tuvieron en la Casa Blanca para repartirse el pastel de Venezuela). Ahora parece que las odia y habla mal de ellas en los medios. ¿Cómo debemos interpretar esto? La reciente cruzada de Donald Trump contra las oil majors americanas no solo denota una profunda contradicción política, sino que además se puede interpretar como una total incomprensión de cómo funciona realmente el mercado del petróleo. ¿No se cansa este hombre de dar bandazos de un lado a otro sin fundamento alguno?
¿Se imaginan a Trump pidiendo la destitución de los directivos en las grandes petroleras? Parece un sinsentido, pero es exactamente lo que acaba de suceder. Hace apenas unos días, a través de su red social Truth Social, el presidente cargó contra la industria, exigiendo al Departamento de Justicia americano que investigue a empresas tales como ExxonMobil, Chevron, Shell y BP por extorsión en las estaciones de gas. Esta exigencia va en contra de la postura tradicional que aboga por el apoyo incondicional a la industria de los hidrocarburos. Exigir a base de tuit (como ya nos tiene acostumbrados este hombre) que los precios de la gasolina bajen por arte de magia al objetivo de 2,50 dólares por galón denota que no tiene la menor idea de cómo funciona la dinámica de precios para configurar el coste del galón que los consumidores acarrean en última instancia.
Foto general del mapa geopolítico
Para entender este cambio de guion vamos a tratar de mirar la foto general del mapa geopolítico actual. Tras el inicio del conflicto armado en Irán a finales de febrero y el consiguiente bloqueo del Estrecho de Ormuz, el mundo asistió a un colapso que llegó a empujar el crudo por encima de los 100 dólares el barril, niveles que estamos volviendo a ver tras un periodo de “esperanza” fallido. Con ese periodo de esperanza que no nos ha llevado a ningún lado, se produjo la firma de un principio de acuerdo y la consiguiente tregua (muy frágil como ya anticipamos) ocasionando que el tráfico por Ormuz se reabriera parcialmente y supusiera la caída del precio al entorno de los 70-75 dólares el barril de Brent. Ante la proximidad de unas elecciones de medio mandato en noviembre, donde la inflación es el talón de Aquiles de los republicanos, Trump esperaba que el fin de las hostilidades se tradujera en gasolina barata para todos. Al no lograrlo a la velocidad que él quería, es decir, de inmediato, ha optado por su modus operandi habitual que es el de confrontar.
Un vistazo a los datos nos va a venir muy bien para entender por qué el presidente dista mucho de ser un especialista en mercados energéticos. Si bien el crudo ha caído drásticamente (hasta un 44% en el caso del Brent desde sus máximos de abril), la gasolina es mucho más lenta en su descenso, cayendo solo alrededor de un 13% intermensual para situar el promedio de los surtidores americanos en el entorno de los 3,85-3,90 dólares por galón. En economía, este fenómeno es ampliamente conocido y se conoce como el efecto "cohetes y plumas". Esto es, cuando el barril sube, la gasolina se dispara como un cohete, pero cuando cae, desciende suavemente como una pluma. Los precios que paga el conductor incluyen costes asociados que no fluctúan de un día para otro, como la logística, los impuestos estatales y federales, y los cuellos de botella en refinerías. Las petroleras no mueven sus precios exactamente igual a como lo hace la materia prima en cuestión (en este caso el crudo), por eso estamos cansados de escuchar cómo los expertos señalan que el mercado tardará semanas o meses en absorber la caída del barril. De hecho, ni siquiera le ha dado tiempo a absorberlo teniendo en cuenta el resurgimiento del conflicto. Por lo tanto, Trump ignora una vez más la realidad, tal y como ya lo hizo con los avisos del director ejecutivo de Exxon, Darren Woods, quien enfureció al presidente tras darle un baño de realidad calificando a Venezuela como un país "no invertible" a corto plazo.
Inflación
Siempre existe un contrapunto en todo esto. Con una inflación que ha llegado a situarse en el 4,2%, y con la gasolina en estos momentos en los 4 dólares el galón (media nacional), el bolsillo del ciudadano sufre considerablemente. Resulta innegable que las refinerías y los distribuidores han aprovechado el pánico para consolidar márgenes de beneficio altos durante estos meses. El propio Departamento de Justicia ha remarcado que el precio del combustible es una cuestión de seguridad nacional. Sin embargo, utilizar al DOJ como arma arrojadiza por no ver caídas inmediatas en el surtidor no resuelve el problema en ningún caso. El problema lo resuelve dejar de bombardear Irán y llegar a un acuerdo que permita una tregua duradera, estable y confiable.
Al final del día, todo este tipo de polémicas no van a hacer que los precios del refino o los costes logísticos bajen a los niveles esperados por Trump. La cruzada de Donald Trump contra las grandes petroleras es una señal peligrosa de cómo la desesperación puede dinamitar relaciones estables debido a la ignorancia de algunos. Si la administración persiste en tratar el problema del precio como un interruptor que se enciende o se apaga a voluntad, ahuyentará las inversiones a largo plazo. El mercado requiere seguridad regulatoria e infraestructuras, no idas y venidas con tal de asegurar el mejor resultado político en noviembre.
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