Petróleo & Gas

Los costes energéticos en todos los sectores industriales europeos podrían caer en 39.000 millones de euros para 2032

Wood Mackenzie estima que la nueva oleada de suministro de GNL podría casi reducir a la mitad los precios del gas en Europa para 2030, generando un beneficio energético de 180.000 millones de euros hasta 2032

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Una oleada de nuevo suministro de gas natural licuado (GNL) podría revertir una década de declive industrial en Europa, reduciendo los costes energéticos anuales en 39.000 millones de euros para 2032 y generando ahorros acumulados de 180.000 millones de euros, equivalentes al 1% del PIB actual de la UE, según el último informe Horizons de Wood Mackenzie.

Los contratos de GNL a largo plazo no son una garantía de seguridad energética para Europa Central y Oriental
IEEFA pronostica que el consumo de gas de Europa Central y Oriental podría caer alrededor de un 24% para 2050.

La demanda industrial europea de gas natural y electricidad ha caído un 21% y un 4%, respectivamente, desde 2021. Sin embargo, la débil economía europea podría recibir un impulso significativo gracias a unos menores costes energéticos. Según las previsiones de precios industriales de Wood Mackenzie y asumiendo que los impuestos gubernamentales se mantengan en términos generales similares, los ahorros acumulados proyectados equivalen al 19% del gasto total actual en gas y electricidad. Estos ahorros aliviarían a las industrias intensivas en energía, golpeadas por precios energéticos récord, disrupciones en la cadena de suministro y ambiciosos objetivos de descarbonización.

La demanda de gas aumenta un 4%, pero los depósitos subterráneos superan la media europea
La demanda del mercado nacional creció un 15,5% respecto al diciembre de 2023, ya que el consumo convencional (hogares y empresas) subió un 3,9%.

Más que la intervención política —que ha tenido resultados dispares—, el fin de los altos precios de la energía podría ser el factor que finalmente proporcione el mayor alivio a los sectores industriales europeos. Los precios elevados impulsaron enormes inversiones en capacidad de GNL en Estados Unidos y Catar. Esta oleada de suministro ofrece la oportunidad de revertir lo que muchos consideran el inevitable declive de la competitividad industrial europea.

“Las dinámicas de mercado del suministro global de GNL están creando una ventana para la recuperación industrial europea que la intervención política no ha logrado ofrecer”, afirmó Massimo Di Odoardo, vicepresidente de Investigación de Gas y GNL en Wood mackenzie. “Para sectores como la petroquímica y los metales, que han operado bajo una presión de costes severa, esta ventana de reversión de precios podría determinar si gestionan el declive o logran la recuperación. Pero el resultado dependerá de si la UE puede encontrar un mejor equilibrio entre sus objetivos de reducción de emisiones de carbono y la necesidad de reforzar la competitividad industrial europea”.

Un cambio de suerte

Wood Mackenzie prevé que los precios del gas negociado en Europa se reduzcan casi a la mitad para 2030 en comparación con los niveles de 2025, ya que el suministro mundial de GNL crecerá más rápido que la demanda. Aunque los precios se recuperarán posteriormente, seguirán cotizando a una media de 24 €/MWh (8 US$/mmbtu) en el periodo 2030-2035. Los precios podrían caer aún más si se materializa un retorno significativo del gas ruso a Europa.

España, líder en regasificación, es clave para el futuro de los precios del gas en Europa
El país, gracias a su mix renovable-gas y a su red de terminales, ha logrado amortiguar mejor la volatilidad que otras economías: mientras Alemania sufrió picos de hasta 550 €/MWh en la pasada primavera.

El crecimiento del suministro de GNL y de los centros de datos en Estados Unidos impulsará la demanda local de gas en casi un 40% durante los próximos diez años, elevando los precios domésticos del Henry Hub a una media de 4,9 US$/mmbtu (15 €/MWh) en el periodo 2030-2035, casi un 50 % más que los niveles de 2025. En la práctica, el crecimiento del suministro de GNL estadounidense tendrá un coste para los consumidores de EEUU y beneficiará a los europeos.

Los impuestos, los costes de infraestructura y las subvenciones a las energías renovables compensarán parte de las reducciones de precios mayoristas. Aun así, la magnitud de la caída de los precios mayoristas del gas y la electricidad será considerable. Los usuarios industriales europeos verán una fuerte reducción de los costes del gas, estrechando la brecha competitiva con Estados Unidos y acercándose a China, donde se espera que los precios se mantengan relativamente estables.

¿Pueden los menores costes energéticos rescatar a Europa?

El informe, titulado «El salvavidas del GNL: ¿reanimará el gas global más barato a la industria europea?», revela que el beneficio potencial para la economía europea podría ser sustancial. Un ahorro en costes energéticos equivalente al 1 % del PIB de la UE en 2025 podría proporcionar un apoyo significativo a la lenta economía del bloque.

La producción europea de hierro y acero —a la defensiva desde hace años, al igual que la industria química— podría recibir un salvavidas, ya que una energía más barata les permitiría mantener su posición en los mercados europeos. Los sectores farmacéutico y alimentario, por su parte, estarían en condiciones de recuperar terreno o incluso acelerar la producción y captar una mayor cuota de los mercados internacionales.

La caída de los costes también podría acelerar la inversión en centros de datos, una prioridad estratégica en la que Europa va por detrás de Estados Unidos y China. La UE aspira a triplicar la capacidad de centros de datos para 2035, aunque los proyectos actuales solo cubren una fracción de lo necesario.

Los menores precios de la energía por sí solos pueden no ser suficientes

No obstante, el impulso a la competitividad industrial europea se produce en el contexto del firme compromiso de la UE con la reducción de emisiones. El principal obstáculo para aumentar la competitividad industrial europea en el futuro es su ambiciosa agenda de descarbonización. Bruselas debe navegar un delicado equilibrio: si la reducción de emisiones sigue siendo el principio rector de la UE, reactivar el crecimiento industrial será más difícil.

Los precios del carbono en el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE superan los 80 €/tonelada y continúan aumentando. Los sectores intensivos en energía afrontan una presión creciente para invertir en alternativas de bajas emisiones de carbono, como el hidrógeno, el biometano o las tecnologías de captura de carbono, a medida que se eliminan las asignaciones gratuitas de derechos de emisión. Incluso con la caída de los precios del gas natural, estas industrias podrían enfrentarse a facturas energéticas totales más elevadas.

La debilidad de los precios frena el liderazgo de la UE en el mercado del carbono
El liderazgo de la UE en la tarificación del carbono se ve restringido por unos precios bajos que limitan el incentivo para descarbonizarse.

El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono entrará en vigor en 2026, imponiendo costes de carbono equivalentes a las importaciones. Aunque su objetivo es proteger a los productores europeos, es poco probable que proteja plenamente a las industrias nacionales frente a costes más altos y hará poco por apoyar la competitividad internacional en ausencia de un precio global del carbono.

Implicaciones de gran alcance

Los precios más bajos del GNL ralentizarán el descenso de la demanda en Europa y acelerarán el crecimiento en Asia, lo que podría fomentar compromisos de gas a largo plazo. La competitividad industrial de Estados Unidos, respaldada por bajos costes energéticos durante más de una década, podría verse presionada a medida que se reduzca la brecha de precios.

El análisis de Wood Mackenzie indica que unos precios energéticos más bajos por sí solos no reactivarán la competitividad industrial europea. La fuerte regulación, los elevados costes laborales y el ritmo de los esfuerzos de descarbonización siguen siendo obstáculos. Serán necesarias políticas favorables a la industria, una mayor desregulación y una fiscalidad más comprensiva mientras las industrias intensivas en energía afrontan la transición hacia una producción con menores emisiones de carbono.

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