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La electrificación de la economía está acelerándose en toda Europa. Centros de datos, electrificación industrial, movilidad eléctrica o sistemas de almacenamiento energético están incrementando rápidamente la demanda de conexión a las redes eléctricas. Sin embargo, en muchos casos el verdadero cuello de botella ya no es la generación, sino la capacidad de las redes para absorber nuevas cargas.

En este contexto, la disponibilidad de acceso a la red eléctrica se está convirtiendo también en un factor cada vez más relevante para la localización de nuevas inversiones industriales y tecnológicas.

Este fenómeno no es exclusivo de España. En varios países europeos la congestión de red se ha convertido en un problema cada vez más frecuente, especialmente en zonas donde la electrificación avanza con rapidez o donde se concentra nueva actividad industrial. También en España empieza a observarse una creciente presión sobre determinados nudos de la red, impulsada por nuevos proyectos intensivos en consumo eléctrico como centros de datos o almacenamiento energético.

Ante este escenario, algunos reguladores han empezado a explorar soluciones que permitan conectar nueva demanda sin esperar necesariamente a la construcción de nuevas infraestructuras. En España, la Circular 1/2024 de la CNMC introduce una de estas herramientas: los permisos de acceso flexibles para la demanda.

La forma en que este instrumento funcionará en la práctica se está concretando ahora mediante una propuesta de resolución de la CNMC de fecha 24 de febrero de 2026 sometida a trámite de audiencia pública, y cuyo periodo de consulta finalizó en marzo de este año. Este desarrollo regulatorio pretende definir los criterios técnicos y operativos para la concesión y gestión de estos accesos flexibles, un paso necesario para trasladar este concepto desde el plano normativo al funcionamiento real del sistema eléctrico.

Entre otras cuestiones, la propuesta de resolución introduce distintas modalidades de permisos de acceso flexible y establece los criterios para determinar la capacidad flexible disponible en las redes y las condiciones en las que podrían aplicarse limitaciones temporales de consumo.

Este instrumento permite conceder acceso a la red incluso cuando no existe capacidad firme disponible, siempre que el consumidor acepte que su consumo pueda verse limitado en determinadas situaciones de congestión. La lógica es sencilla: si una red solo se satura durante determinados momentos del año, ¿tiene sentido impedir completamente el acceso a nuevos consumidores durante el resto del tiempo?

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Tratar al almacenamiento como una demanda firme convencional genera una paradoja: se espera que el almacenamiento resuelva la congestión, pero se le exige ocupar capacidad como un activo rígido.

Un cambio en la lógica del acceso a la red

Durante décadas, el acceso a la red eléctrica se ha basado en un principio claro: la capacidad concedida debía poder ser atendida en todo momento. Este modelo de acceso firme ha proporcionado seguridad jurídica a los consumidores, pero también ha contribuido a generar situaciones en las que determinados nudos quedan completamente cerrados a nueva demanda.

El acceso flexible introduce una lógica distinta. En lugar de exigir que la red pueda garantizar capacidad plena en todo momento, permite conectar nuevos consumidores siempre que acepten posibles limitaciones en momentos de congestión.

En el fondo, este cambio refleja una evolución más profunda en el funcionamiento del sistema eléctrico.  Durante décadas la red se dimensionaba para atender cualquier nivel de demanda en todo momento. Los nuevos esquemas de acceso flexible empiezan a introducir la idea de que parte de la demanda puede adaptarse a las condiciones de la red.

Lo que ya está ocurriendo en Europa

España no es el único país que está explorando este tipo de soluciones. La experiencia europea muestra que la congestión de red ya no es un fenómeno excepcional, sino una realidad cada vez más habitual en sistemas eléctricos en proceso de electrificación.

Alemania ha desarrollado mecanismos que permiten a los operadores de redes de distribución gestionar activamente determinadas cargas eléctricas cuando existe riesgo de congestión e Italia ha recurrido tradicionalmente a esquemas de interrumpibilidad para grandes consumidores industriales.

Sin embargo, el modelo que probablemente presenta mayores similitudes con el que se plantea en España es el desarrollado en Países Bajos. Allí, la elevada congestión de red ha llevado a introducir contratos de conexión que limitan el consumo en determinadas franjas horarias, normalmente durante los picos de demanda.

Estos contratos permiten conectar nuevos consumidores que aceptan no consumir electricidad en determinados momentos del día o del año, aprovechando así la capacidad disponible durante el resto del tiempo.

El contenido de la propuesta de resolución actualmente en tramitación permite empezar a anticipar cómo podría aplicarse este modelo en la práctica.

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El objetivo no es otro que aprovechar al máximo las capacidades que se utilizan realmente de la red para así dar respuesta a la demanda y otras necesidades del sistema.

Cómo podría funcionar en la práctica en España

Si la experiencia europea sirve de referencia, el acceso flexible en España probablemente se utilizará en situaciones muy concretas.

En primer lugar, en nudos donde la capacidad firme de la red ya esté comprometida, pero donde existan márgenes de utilización durante buena parte del tiempo. En estos casos, el acceso flexible permite aprovechar esos márgenes sin esperar a refuerzos de red que pueden tardar años en materializarse.

En segundo lugar, este modelo parece especialmente adecuado para consumidores capaces de adaptar su perfil de demanda. Proyectos como centros de datos, sistemas de almacenamiento con baterías (BESS) o determinados procesos industriales pueden modular su consumo en función de las condiciones de la red.

Un ejemplo sencillo ayuda a entender esta lógica. En los sistemas eléctricos actuales ya es habitual que determinadas instalaciones de generación renovable reduzcan temporalmente su producción cuando se producen situaciones de congestión en la red. El acceso flexible traslada en cierto modo esta lógica al lado de la demanda: determinados consumidores podrían conectarse a la red aceptando que, en momentos puntuales, su consumo tenga que reducirse o desplazarse para preservar la seguridad del sistema.

Una herramienta para evitar nuevos cuellos de botella… y retos

La introducción de los permisos de acceso flexibles apunta a un cambio de paradigma en la gestión de las redes eléctricas. Durante años, la solución a los problemas de capacidad ha sido esencialmente invertir en nuevas infraestructuras. Sin embargo, la experiencia reciente muestra que esa respuesta no siempre es suficiente ni lo suficientemente rápida.

En este contexto, la flexibilidad de la demanda deja de ser una opción para convertirse en una necesidad. El acceso flexible no sustituirá al acceso firme, pero sí puede ser una herramienta clave para evitar que la congestión de red limite el desarrollo de nuevos proyectos y se convierta en un freno a nuevas inversiones.

Desde la perspectiva de los inversores, la forma en que se diseñe y aplique este nuevo modelo será determinante para la viabilidad y bancabilidad de los proyectos. Queda, no obstante, una cuestión relevante por resolver: la previsibilidad de las posibles limitaciones de consumo. Para que este modelo funcione, los consumidores deberán poder anticipar con cierto grado de certeza cuándo y en qué medida podrían aplicarse restricciones. De ello dependerá, en buena medida, la viabilidad económica de muchos proyectos.

La cuestión ya no es solo ampliar la red, sino aprender a gestionarla de forma más inteligente.

Carlota Clemente es Asociada Senior en el Dpto. Mercantil/Energía en el despacho Araoz & Rueda.

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