Después de un cuarto de siglo apoyado casi por completo en los combustibles fósiles, que cubrieron cerca del 80% de la generación eléctrica del país entre 2000 y 2024, México podría estar a las puertas de una transformación energética acelerada.
El detonante es un cambio regulatorio impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum: en junio se adjudicaron 7.410 megavatios de proyectos solares y eólicos entre casi 38.000 MW propuestos por inversores, señal del apetito que despierta el sector. La mayor parte, unos 6.700 MW, corresponde a fotovoltaica, y el resto a energía eólica. La novedad clave es que todos los proyectos deberán incorporar baterías equivalentes a, al menos, el 30% de su capacidad, con una autonomía mínima de tres horas.
Ese requisito se apoya en una regulación previa: en abril, la Comisión Nacional de Energía había publicado las reglas para integrar el almacenamiento eléctrico al sistema nacional, estableciendo que las baterías asociadas a centrales de generación solo pueden instalarse junto a plantas renovables, no junto a centrales fósiles. La norma marcó además un giro respecto al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que cuestionaba el coste y la intermitencia de la eólica y la solar. El subsecretario de planeación y transición energética, Jorge Islas, explicó entonces que el objetivo de fondo es ir reduciendo la dependencia de las centrales de ciclo combinado de gas hacia 2039.
El cambio de rumbo llega tras un giro histórico en la matriz de combustibles fósiles del país: si en 2000 el petróleo generaba el 45% de la electricidad mexicana y el gas un 22%, para 2024 esas cifras se habían invertido casi por completo, con el gas aportando el 62% y el petróleo apenas superando el 7%. La energía eólica y solar, que habían crecido con fuerza entre 2017 y 2021 (del 3,2% al 12% del mix), se estancaron después durante varios años. El Gobierno espera ahora sumar unos 20.000 MW renovables y 5.000 MW de almacenamiento antes de 2030, dentro de un plan más amplio que busca llevar la participación de energías limpias del 22% actual al 40%, con cerca de 40.000 MW de nueva capacidad total.










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