Petróleo & Gas

Winter is coming: las reservas de gas en Europa al límite, y este año más que nunca

La guerra en Oriente Medio, con ataques a la infraestructura de Qatar y el bloqueo del Estrecho de Ormuz, ha colapsado los flujos de Gas Natural Licuado (GNL) hacia Europa

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A las puertas del otoño, Europa se aproxima de nuevo a una situación insostenible en cuanto al abastecimiento de gas natural. El mix entre la reducción en las importaciones de GNL, un nivel de almacenamiento muy por debajo de los estándares y una fuerte crisis geopolítica en Oriente Medio, amenaza con desestabilizar el suministro europeo para el próximo invierno.

Este tema cobra una mayor importancia este año, ya que expone las vulnerabilidades de una región que, en su intento por separarse del gas ruso, ha condicionado su abastecimiento a rutas marítimas que ahora se encuentran bajo el fuego cruzado de Irán, Estados Unidos e Israel. El mercado europeo se enfrenta no solo a un problema de precios, que ya experimentan subidas superiores al 30% vistas el pasado mes de julio, sino a un desafío físico por el riesgo a que no podamos recibir el GNL esperado.

Los precedentes de una situación cada vez más insostenible

Para comprender el porqué de la crisis actual es clave retroceder hasta el año 2022. Tras el inicio de la guerra en Ucrania, Europa puso como prioridad en su agenda la independencia total del gas que recibíamos de Rusia (por gasoducto), sustituyendo este por importaciones de GNL por rutas marítimas provenientes de Estados Unidos y Qatar, principalmente. Este cambio en la cadena de importación salvó a la región del colapso energético, pero no hizo más que trasladar la dependencia de Rusia a países y rutas marítimas que, como estamos viendo estos días, pueden estar sujetas a conflictos geopolíticos graves.

El supuesto cambio “a mejor” en la política europea desapareció por completo tras la escalada militar en Oriente Medio el pasado febrero. La guerra que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán ha tenido un impacto sin precedentes en la infraestructura energética. En respuesta a los bombardeos israelíes sobre el yacimiento de South Pars, misiles iraníes impactaron en Ras Laffan (Qatar), paralizando unas instalaciones que procesan alrededor de una quinta parte del GNL mundial. A esto se suma el cierre del Estrecho de Ormuz para todo tipo de tráfico comercial, haciendo que el suministro energético global quede en pésimas condiciones.

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El mensaje del nuevo informe de Global Gas Report 2026 es positivo en un momento de gran incertidumbre para el mercado global del gas.

El problema de todos los inviernos: no hay gas suficiente para calentar a Europa

Los datos actuales dejan un panorama bastante preocupante en comparación con años anteriores. A finales de julio, las reservas de gas en la Unión Europea se sitúan apenas en un 55,7% de su capacidad, una cifra que ya se califica como “históricamente baja” en la temporada estival. La situación no es igual para todos los países miembros. Mientras Portugal e Italia se encuentran en niveles del 84% y 74%, respectivamente, gracias a las infraestructuras que tienen de regasificación, potencias industriales como Alemania apenas rozan el 46,2%, y Suecia presenta un 11,5% sobre su capacidad total.

Para entender la enorme escasez a la que nos enfrentamos, hay que indicar que el objetivo de la Unión Europea pasa por alcanzar un 90% de llenado para el 1 de noviembre. Sin embargo, la agencia ACER calcula que para llegar siquiera al 80%, las importaciones de GNL tendrían que aumentar un 13%. Lejos de aumentar, las importaciones europeas de GNL van camino de caer más de un 25% este año. Según la consultora Wood Mackenzie, en el mejor de los escenarios, que implicaría una vuelta a la normalidad de Qatar en septiembre, Europa iniciará el invierno con sus reservas al 75% (frente al 90% de media de los últimos cinco años).

Este déficit físico, como era de esperar, se traduce en un impacto en nuestros bolsillos. El contrato a un mes del TTF holandés, referencia europea, ha sobrepasado ya los 60 €/MWh. Además, algunos modelos predicen que, en caso de un invierno más frío de lo esperado, los precios podrían mantenerse en esa franja durante meses para atraer vendedores, con el riesgo de que los inventarios europeos caigan al 27% de su capacidad al final de la temporada invernal.

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La firma de análisis Montel cree que el objetivo de almacenamiento del 90% de la UE para el 1 de noviembre será inalcanzable.

¿A quién le echamos la culpa?

El principal problema ahora, y la razón por la que esta crisis cobra más relevancia que otros años, es Qatar. La empresa estatal QatarEnergy, ante la destrucción de infraestructura y la imposibilidad de pasar por Ormuz, ha declarado y extendido el estado de fuerza mayor, suspendiendo entregas a Europa y Asia hasta, al menos, finales de septiembre u octubre. Algunas voces relevantes del sector, como Patrick Pouyanne (CEO de TotalEnergies) califican de "urgente" la recepción de los volúmenes qataríes para salvar el frío invierno europeo.

Otro de los problemas podría ser Asia, que emerge como un magnífico comprador de GNL en el mercado global. A pesar de los altos costes, la demanda asiática ha rebotado a niveles de 2025, acaparando cargamentos spot de Estados Unidos que, de otro modo, podrían haber entrado en puertos europeos. Anders Opedal, CEO de la noruega Equinor, ya advirtió que la competencia asiática es la principal responsable de que el GNL destinado a Europa se esté desviando, impidiendo cumplir con los objetivos de almacenamiento.

Cabe destacar también a Irán y Estados Unidos, quienes operan como receptores de volatilidad. Las constantes amenazas de nuevas rondas de ataques, mezcladas con los rumores de acuerdos diplomáticos temporales y frágiles, generan oscilaciones diarias en los precios del gas y el petróleo, impidiendo a compradores europeos trazar líneas estratégicas claras con compras estables a corto-medio plazo.

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Sin intervención estatal que fuerce las compras, ni siquiera en SEFE y Uniper, controladas por el Estado, Alemania llena sus depósitos más despacio que España, Polonia o Dinamarca. La falta de un colchón holgado en el mayor consumidor de la UE traslada riesgo de volatilidad y subidas en las facturas al resto del continente.

Llueve sobre mojado

Estamos de acuerdo en que el riesgo principal a corto plazo es la logística de rutas marítimas de las cuales dependemos sobremanera. Desde el inicio del conflicto a finales de febrero, apenas unos 26 cargamentos de GNL han logrado cruzar el Estrecho de Ormuz hacia Occidente, una cifra insignificante si la comparamos con los más de 450 buques que transitan en periodo de paz. A esto se suma el riesgo de escasez de otros combustibles. Los inventarios de diésel en Europa se encuentran en su nivel más bajo desde 2022, un factor que elimina la posibilidad de que la industria sustituya el gas por fueloil en caso de emergencia (bajada severa de la temperatura).

Desde el plano regulatorio, Europa se enfrenta a otro dilema. La Comisión Europea planea prohibir totalmente las importaciones de GNL ruso a partir de enero de 2027 y endurecer las normativas sobre emisiones de metano, políticas que, según los expertos, restringirán aún más la flexibilidad de importación en el momento de mayor escasez energética.

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"Los extensos daños a nuestras instalaciones de producción tardarán hasta cinco años en repararse y nos obligarán a declarar fuerza mayor a largo plazo", dijo el ministro catarí.

No nos engañemos. Esto irá a peor año tras año

Si bien los analistas coinciden en que la madurez de las energías renovables instaladas evitará un colapso eléctrico, Europa está adentrándose indudablemente en una situación de crisis energética constante. La realidad es que el mercado global no tiene capacidad de rescate a corto plazo.

Los proyectos de expansión de exportación en Qatar, fundamentales para relajar la tensión del mercado, están sufriendo retrasos y no estarán plenamente operativos hasta la segunda mitad de 2027. En consecuencia, las proyecciones más optimistas indican que el mercado de GNL no recuperará un equilibrio de sobreoferta hasta el año 2028. Hasta entonces, la Unión Europea estará condenada a sufrir precios desorbitados, afectando a su competitividad industrial. ¿Y en cuanto a nosotros como ciudadanos de a pie? Pues nos tocará seguir pagando más en nuestra factura del gas si queremos calentarnos en invierno.

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