Siempre se ha dicho que los tiempos difíciles crean hombres y mujeres fuertes. Quienes a su vez crean tiempos fáciles, los tiempos fáciles crean hombres débiles, y los hombres débiles crean tiempos difíciles. Por lo tanto, la historia es sinusoidal, repitiendo el patrón sociológico que postula que la adversidad moldea individuos más resilientes.
Pasado el 50 aniversario de la muerte del dictador Francisco Franco, podemos afirmar que el primero de dichos ciclos comenzó con la fractura democrática tras el golpe militar perpetrado en 1936 contra la Republica. Tras la cruenta victoria del caudillo el modelo económico autárquico que hundió al país en la pobreza. Esa coyuntura marcó un umbral mínimo para gran parte de los habitantes del país.
A partir de 1960 nuestros abuelos fueron reconstruyendo un territorio baldío con pocos recursos. La fuerza motriz interna les empujaba hacia un futuro que desconocían, alejándose de un pasado que si conocían, y desgraciadamente les había marcado en exceso. Nuestros abuelos pasaron de la alpargata al Seat 600, el gran símbolo de ese "milagro económico" (1960-1973) que solo Japón superaba en ritmo de crecimiento.
Prosperidad
Si avanzamos en el árbol genealógico, nuestros progenitores fueron consolidando, no sin sufrimiento de reconversiones y múltiples crisis, una calidad de vida excepcional. La prosperidad de nuestros progenitores no fue gratuita, sino fruto de una "cirugía sin anestesia" para entrar en la Unión Europea. La modernización se aceleró con la entrada en el club europeo.
Todo ello expandió los límites de la cobertura social hasta unos límites fuera del centro de gravedad. La prosperidad a veces proyectada de manera constante hacia el futuro puede no ser válida. Tanto en las finanzas como en la vida, las rentabilidades pasadas no garantizan las futuras. La complacencia actual, fruto de esos "tiempos fáciles", corre el riesgo de entregar el testigo a una generación menos preparada para las dificultades, completando así el ciclo sinusoidal. El bienestar nos ha vuelto "inmuno-deficientes" ante la adversidad.
Así pues y tras un largo periodo, todo el mundo se ha visto obligado a convertirse en testigo de la globalización. Dicho proceso de interconexión entre países ha transmutado la economía en un equilibrio entre múltiples nodos espaciales. Donde por primera vez en la historia se sincronizan diversas sociedades con momentos vitales dispares dentro de los ciclos planteados al inicio.
El ejemplo chino
Como primates territoriales observamos en el otro extremo de la soga, al puro estilo soka-tira, países que están inmersos en la trayectoria ascendente, como el sudeste asiático, siendo China el máximo exponente. Donde sus habitantes están subiendo en el ascensor social, despreocupándose por ahora por las libertadas sacrificadas en el altar. Mientras en Occidente nos preocupa la decoración del ascensor, en el Lejano Oriente están centrados únicamente en que el motor no deje de subir, cueste lo que cueste. Es la mentalidad de quien sabe que el hambre está a solo una generación de distancia.
En el medio de esa cuerda, debido a la disparidad de presiones, se suelen producir puntos de suma 0. Cuando una sociedad deja de ofrecer progreso, la ciudad deja de ser una solución, se convierte automáticamente en un punto de partida. Esto explica las oleadas migratorias actuales: son el flujo y reflujo de una gigantesca marea humana que busca la energía que la sinusoide ha dejado de emitir en sus lugares de origen.
El cementerio está lleno de imperios majestuosos que murieron de obsolescencia. Necesitamos empezar a hacernos las preguntas adecuadas, aquellas que nacen de la humildad del constructor, antes de que las respuestas del futuro nos pasen por encima, convirtiéndonos, definitivamente, en un parque de atracciones de origen grecorromano. Porque a veces nos creemos amos de una verdad de progreso infinito, pero corremos el riesgo de ser prisioneros de esa mentira si no recuperamos la resiliencia de quienes nos precedieron. En Euskadi hemos pasado de forjar acero a gestionar titanio, pero el espíritu que nos trajo hasta aquí no estaba en el material, sino en el martillo. Debemos recordar que quien llega a la cima suele ser el arquitecto de un ascenso, pero si se acomoda en exceso, terminará siendo el albañil de su propia ruina.
Ager Elorduy Prieto es analista del sector energético y ejerce de ingeniero de procesos en la Ingeniería española Sener.






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