Faltan poco más de dos meses para la temporada de calefacción y Alemania, el mayor consumidor de gas de la UE, afronta el otoño con sus almacenes al 50%. El Ministerio de Economía confirmó el jueves que un nivel de entre el 60% y el 70% "debería bastar para cubrir la demanda media", siempre que sigan llegando importaciones adicionales. Berlín añadió que "puede y responderá" si la seguridad de suministro se ve amenazada.
Los operadores gasistas llevaban días advirtiendo que el objetivo del 70% (target marcado por el Ejecutivo alemán) era, según la asociación FNB Gas, "prácticamente inalcanzable". A mediados de agosto, los depósitos alemanes, los mayores de la región, con más de una quinta parte de la capacidad comunitaria, apenas superaban el 50%, el nivel más bajo para estas fechas desde que hay estadísticas.
Tras la sacudida energética de 2022, la UE aprobó un reglamento de emergencia que exige a los Estados miembros tener sus depósitos al 90% de capacidad antes del 1 de noviembre (Reglamento de Almacenamiento de Gas de la UE). Este exigente suelo legal se diseñó como un escudo obligatorio para garantizar la seguridad de suministro frente a los cortes de gas ruso.
Por qué los tanques están tan bajos
La explicación no es logística, sino financiera. El almacenamiento depende del llamado spread verano-invierno: las comercializadoras compran gas barato en verano y lo revenden caro en invierno. Ese margen se ha evaporado.
Los combates en Oriente Próximo y el cierre intermitente del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del GNL mundial, han disparado también los precios de verano: el TTF holandés (referencia mayorista para toda Europa) ronda hoy los 65 euros/MWh, el doble que hace un año, con una subida del 25% solo en dos semanas. A diferencia de Países Bajos, España o Francia, donde el Estado interviene o compran empresas públicas, Alemania delega el llenado casi por completo en operadores privados como SEFE y Uniper.
Estos, en lugar de comprar caro ahora, apuestan a que los precios bajen si la guerra de Irán se enfría, lo que retrasa el ritmo de llenado. El resultado, según Sebastian Heinermann, director de la asociación de almacenamiento INES, es que el país sigue confiando en un modelo de mercado "cuando apenas quedan ya incentivos económicos" para que funcione.
El giro que rompe con la ortodoxia alemana
Lo llamativo es que Berlín se niegue a intervenir pese a la presión política creciente. Voces como las del diputado de Die Linke Jörg Cezanne han pedido que el Gobierno ordene a sus gigantes energéticos comprar gas "al precio que sea", pero el ministerio responde que una compra dirigida por el Estado "restringiría aún más el mercado y encarecería los precios". Es un giro doblemente inusual, porque Alemania ha construido buena parte de su identidad económica sobre la Ordnungspolitik, la fe en reglas estrictas y la previsión metódica; aceptar en público un colchón deliberadamente más fino que el objetivo europeo es un pragmatismo poco habitual en Berlín, y contrasta con vecinos como Países Bajos, otro país de tradición liberal que ya destinó 1.200 millones de euros a su energética estatal EBN para evitar este mismo escenario.
Por qué le importa al resto de Europa
Lo que ocurra en los tanques alemanes no se queda en Alemania. Por su volumen de consumo y por acuerdos de solidaridad energética vinculantes Berlín debe socorrer con gas de emergencia a Austria, Suiza, Italia y Dinamarca si el suministro se tensa.
Si un invierno frío obliga a Alemania a comprar en el mercado spot a cualquier precio, esa demanda presionará al alza los precios mayoristas de todo el bloque. Las reservas europeas ya están en el 61%, el nivel más bajo para esta época desde 2009.
Luces y sombras de la apuesta
El argumento del gobierno alemán es que forzar compras públicas ahora dispararía los precios de inmediato y podría ser innecesario si el invierno es suave, apunta el analista de S&P Global Laurent Ruseckas.
El riesgo es el contrario. Si el frío llega pronto o Ormuz sigue cerrado, Alemania y con ella media Europa competirá con Asia por cargamentos limitados de GNL en el peor momento posible. Los hogares ya lo notan pues los nuevos contratos de gas cuestan hasta 400 euros más al año que hace doce meses.
Klingbeil, el vicecanciller, lo resumió así: "Vemos a nuestra sociedad como completamente vulnerable cuando dependemos de los combustibles fósiles." La duda no es tanto si Berlín tiene razón, sino si la tendrá a tiempo.
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