Dicen que rectificar es de sabios y quizá por eso Porsche ha decidido abrirse en canal y hacer algo que es poco habitual en una gran marca alemana: admitir en público que se equivocó de estrategia. El ex CEO Oliver Blume ha reconocido que convertir al Macan en un modelo exclusivamente eléctrico fue un error de cálculo y que la compañía se ha visto obligada a rectificar sobre la marcha. La decisión llega en un momento en el que el mercado de vehículos eléctricos de alta gama se está enfriando y varios fabricantes revisan sus planes de electrificación total, más aún tras el recule también de Bruselas en torno al 2035.
Porsche rectifica con el Macan eléctrico
La firma alemana ha reconocido que su apuesta por un Macan 100% eléctrico fue un error estratégico y prepara un regreso al motor de combustión con un nuevo SUV compacto antes de 2028 al que se unirán también los 718 de combustión


Hablar de la historia del Macan eléctrico es casi hacerlo como de una relación. Cuando se presentó a principios de 2024, el movimiento parecía lógico sobre el papel. El SUV compacto era uno de los pilares comerciales de Porsche y la transición a una plataforma específica de cero emisiones encajaba con los objetivos de CO₂ y con el relato de innovación tecnológica de la marca.
Si bien ambos modelos convivieron unos meses, la firma fue retirando de manera progresiva el Macan de combustión en Europa, empujando a los clientes hacia el nuevo eléctrico, mientras mantenía ambas variantes conviviendo en otros mercados como Estados Unidos. Pero las cifras, sin embargo, empezaron a contar una historia más matizada.
En 2024 Porsche entregó 82.795 unidades del Macan (sumando las versiones de combustión y las eléctricas), un 5% menos que el año anterior, cuando todavía solo se vendía el modelo de gasolina. El Macan EV logró incluso superar a su homólogo térmico en el cuarto trimestre, pero con un matiz importante: en buena parte de Europa ya no había alternativa de combustión por la retirada forzada del modelo antiguo. Más que un éxito incontestable del producto eléctrico, la demanda reflejaba una mezcla de inercia de marca, falta de opción y una introducción escalonada que limitó el verdadero potencial comercial del SUV cero emisiones.

Junto a ese contexto, el segmento premium eléctrico sufrió una ralentización en Europa, donde el crecimiento pasó del 22% en 2022 al 19% en 2023, y continuó perdiendo fuelle en 2024. Estudios recientes apuntan a una combinación de factores: desde la experiencia irregular de carga y la percepción de valor residual hasta la sensación de que algunos modelos no están a la altura del legado de sus propias marcas.
La confesión de Blume y el cambio de rumbo

Para un fabricante como Porsche, cuya reputación se apoya precisamente en la herencia deportiva y en el tacto de conducción, el riesgo de desconexión con su base de clientes era evidente. De ahí que tras la confesión de Blume, la respuesta sea volver a pasar por ofrecer motores de combustión e híbridos dentro de su gama de SUV pero no bajo el nombre de Macan, sino como un coche inédito situado entre medias de este y del Cayenne, en lo que podría ser lo más parecido a un Audi Q5 (prueba), pero con una identidad propia aunque claramente reconocible como un Porsche y, claro está con motores de combustión.
De ahí que la arquitectura de este futuro SUV, que la marca quiere tener en el mercado antes de que acabe 2028, sea la Premium Platform Combustion (PPC) del Grupo Volkswagen, la misma base que sustenta al nuevo Audi Q5. Esa elección técnica permitirá a Porsche reducir costes y acelerar el desarrollo, renunciando a una plataforma exclusivamente eléctrica en favor de una base flexible adaptada a motores de gasolina e híbridos. Blume lo describe como un producto “muy, muy típico Porsche”, lo que deja entrever que el diseño, la puesta a punto del chasis y el carácter dinámico serán los elementos diferenciadores frente a otros SUV del grupo.
Los 718 también cambian de planes

La rectificación no se limita al Macan y los todocaminos. La dupla 718, es decir, los Cayman y Boxster, que en los planes iniciales de Stuttgart iban a renacer como modelos solo eléctricos, también han cambiado de destino. Diversas informaciones apuntan a que la plataforma desarrollada para los futuros Boxster y Cayman se está reconfigurando para aceptar motores de combustión, híbridos y variantes completamente eléctricas, lo que dará lugar a una gama de tres vías que convivirá en paralelo. Fuentes internas citadas por medios especializados aseguran que incluso se estudia aprovechar mecánicas derivadas del 911, como el flat-six híbrido que prepara la variante GTS, para las versiones más prestacionales de los 718.
Sea como fuere, este giro de los acontecimientos supone una de las correcciones de rumbo más llamativas en la historia reciente de Porsche, que en apenas unos años ha pasado de prometer una rápida electrificación total de sus modelos clave, a reivindicar la coexistencia de tecnologías. La marca no reniega del vehículo eléctrico, pero asume que el ritmo de adopción, la infraestructura de recarga y las expectativas de los clientes (especialmente en el escalón alto del mercado) no evolucionan al mismo tiempo.
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