Renovables

RWE y SSE 'cabalgan' sobre las olas del Mar del Norte

El gobierno británico anuncio ayer los resultados de la 7ª ronda de Asignación de Contratos por Diferencia (CfD) para la energía eólica marina. RWE y SSE barrieron en la subasta

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Según confirmó el Departamento de Seguridad Energética y Cero Neto (DESNZ) del Reino Unido, RWE ha obtenido contratos por diferencia por 6,9 gigavatios de capacidad y SSE ha conseguido también un contrato de 20 años para 1,4 gigavatios de energía eólica marina de la Fase B de su proyecto de parque eólico Berwick.

Los inversores dieron la bienvenida a los esperados resultados de la séptima subasta con una subida del 3% en el precio de las acciones de la alemana RWE. También ayudó a la acción la decisión de vender una participación del 50% en sus proyectos eólicos marinos Norfolk Vanguard West y East a la firma americana de capital riesgo KKR, inmediatamente después de que RWE saliese vencedora en esta subasta.

Las acciones de la eléctrica SSE también lideraron las subidas del sector con un 2% a primeras horas de la sesión de ayer. Otras compañías beneficiadas por la subasta indirectamente fueron el fabricante de turbinas eólicas Vestas, cuyas acciones se dispararon un 4% a primeras horas, y el líder europeo en transporte marítimo de cimientos de parques eólicos marinos, la empresa noruega Cadeler, cuyas acciones subían un 2%.

Precios muy atractivos

En esta subasta competitiva, los proyectos Norfolk Vanguard West y East de RWE, así como sus dos proyectos Dogger Bank South, todos ubicados en el Mar del Norte británico, y su proyecto Awel y Môr, ubicado en el Mar de Irlanda, obtuvieron contratos por diferencia con un precio de ejercicio de £91,20 por megavatio hora, a precios de 2024, indexados a la inflación. Berwick Bank B recibirá el precio de ejercicio garantizado de £89,49 por megavatio hora por 1.380 megavatios de capacidad de energía renovable marina, con las mismas condiciones económicas que RWE.

Hay que tener en cuenta que RWE tenía dos de los proyectos más competitivos en cuanto a costes de construcción y mantenimiento, dados tanto su proximidad a la costa, como la profundidad del lecho marino y su contigüidad a otras concesiones. Esto le brindaba al proyecto atractivas economías de escala en cuanto a los costos de operación y mantenimiento futuros.

Los precios subastados son significativamente más altos que en la subasta anterior, dando señales a los inversores de que el Reino Unido sigue apostando por la energía eólica marina. En la anterior subasta AR6, organizada en septiembre de 2024, la energía eólica marina consiguió contratos a precios de £58,87 por megavatio hora para nuevos proyectos de Orsted e Iberdrola, y £54,23 por megavatio hora para proyectos que volvieron a pujar tras quedar fuera de la cuarta subasta (AR4).

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Buenas condiciones de los contratos

Las condiciones económicas de la séptima subasta se mejoraron el pasado 23 de julio, cuando el gobierno británico aumentó el precio máximo garantizado de la energía eólica marina un 10,8%, hasta £113 por megavatio hora, frente a las £102 megavatios del año anterior. A la energía eólica flotante el precio máximo se subió un 11% hasta los £271 desde los £245 por megavatio hora anterior.

De la misma manera, el gobierno británico amplió la duración de los contratos en subasta, de 15 a 20 años, en un esfuerzo por reducir los precios que debe garantizar a los promotores de parques.

Además, los ganadores de la subasta obtendrían entre 12 y 15 meses de operación comercial sin contrato en la fase de puesta en marcha antes de que se les exigiera adoptar el contrato por diferencias acordado.

Compromisos de energía limpia para el 2030

Los resultados de la subasta confirman que el gobierno británico ha adjudicado el mínimo de nueva capacidad eólica marina planeada, los 8,4 gigavatios. Esta cantidad sigue manteniendo las dudas entre los inversores sobre la viabilidad por parte del gobierno británico de cumplir con el objetivo de energía limpia para el 2030.

Durante la segunda mitad del 2025, el gobierno había dado señales de que requeriría flexibilidad para incumplir su objetivo formal de energía renovable para el 2030, sin abandonar este objetivo formalmente, sino que estaba dispuesto a renunciar a inversiones que contribuirían a alcanzarlo, para evitar así subir la factura de la electricidad.

Para poner más presión, el gobierno contaba con un presupuesto inicial inferior al previsto, lanzando así una señal de que no se podía pujar a precios muy altos por los proyectos. Este presupuesto tenía opciones de incrementase posteriormente, en función de las ofertas presentadas y los gigavatios finalmente adjudicados, siempre actuando en beneficio de los consumidores. El gobierno se puede dar por satisfecho en este aspecto: se han contabilizado ahorros sobre el precio máximo del entorno del 20%.

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