Eléctricas

Turquía podría electrificar el 85% de su consumo energético, pero necesita acelerar la transición

El país aspira a que la electricidad represente el 35% del consumo final de energía en 2035. Alcanzar ese objetivo exigirá transformar el transporte, los edificios y la industria, además de ampliar las energías renovables y las redes eléctricas, según Ember

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Turquía tiene potencial para cubrir con electricidad el 85% de su consumo energético final, pero alcanzar esa meta requiere una transformación profunda de su modelo energético. Así lo señala un informe de Ember, elaborado por el analista sénior de energía Bahadır Sercan Gümüş, que advierte de la necesidad de acelerar la electrificación para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y reforzar la seguridad energética del país.

En 2026, cuando Turquía ejerce la presidencia de la COP31, el Gobierno ha anunciado su adhesión al Compromiso Global de Electrificación, cuyo objetivo es elevar la cuota de la electricidad en el consumo final de energía hasta el 35% en 2035.

El reto es considerable. En 2024, la electricidad cubría apenas el 22% de ese consumo, mientras que los combustibles fósiles seguían representando alrededor del 70%. Aunque el país ha avanzado en generación renovable —la participación conjunta de la energía solar y eólica en la producción eléctrica pasó del 4,5% al 22% en una década—, ese crecimiento todavía no se ha traducido en una sustitución significativa del petróleo, el gas y el carbón utilizados directamente en otros sectores.

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Un potencial tecnológico todavía desaprovechado

Las tecnologías disponibles permitirían electrificar prácticamente todo el consumo energético de los edificios, el 96% del transporte y el 58% de la industria. Las principales soluciones son los vehículos eléctricos, las bombas de calor, la cocina eléctrica y los sistemas industriales de producción basados en electricidad.

Sin embargo, el grado de electrificación continúa siendo desigual. En 2024, la electricidad cubría aproximadamente el 32% del consumo energético de los edificios y el 30% de la industria, mientras que en el transporte la proporción era inferior al 1%. Pese a que Turquía se convirtió en 2025 en el cuarto mayor mercado europeo de coches eléctricos, con unas 190.000 unidades vendidas, la renovación del parque automovilístico sigue siendo insuficiente para modificar sustancialmente el balance energético nacional.

La evolución histórica también evidencia el problema. Entre 1990 y 2024, la demanda total de energía final se triplicó y el consumo eléctrico se multiplicó aproximadamente por siete. No obstante, gran parte de ese aumento respondió a nuevas necesidades, como la expansión de los electrodomésticos, la climatización y la actividad económica, en lugar de sustituir el consumo de combustibles fósiles.

Por ello, la proporción de estos combustibles apenas descendió del 70,9% al 70,4% durante ese periodo. Desde 2018, además, la electrificación permanece prácticamente estancada.

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Un objetivo que exige cambiar de ritmo

Si se mantienen las tendencias actuales, la electricidad representará solo el 24,4% del consumo final de energía en 2035, muy lejos del objetivo del 35%. Para cumplirlo, Turquía debe acelerar la sustitución de combustibles fósiles y coordinar las inversiones en electrificación con la expansión de la generación renovable y las redes.

El informe plantea escenarios exigentes. Si el consumo de combustibles fósiles continúa creciendo al ritmo actual, la demanda eléctrica tendría que aumentar un 9% anual hasta 2035, hasta alcanzar los 790 teravatios hora (TWh). Esto requeriría 480 TWh adicionales respecto a 2024 y alrededor de 200 gigavatios de nueva capacidad de generación, un incremento cuya viabilidad resulta cuestionable con las tendencias inversoras actuales.

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Ese escenario también implicaría disponer de 19 millones de coches eléctricos, 6,5 millones de vehículos comerciales eléctricos y bombas de calor en 20 millones de hogares en 2035. Para ello habría que incorporar 1,7 millones de coches eléctricos al año e instalar bombas de calor en 1,8 millones de viviendas anualmente.

La eficiencia de estas tecnologías, sin embargo, constituye una ventaja fundamental. Un coche eléctrico necesita aproximadamente 3,6 veces menos energía que uno de combustión para recorrer la misma distancia, mientras que las bombas de calor son unas 2,5 veces más eficientes en los edificios.

Por esa razón, el porcentaje de vehículos electrificados no equivale directamente a la proporción de energía consumida mediante electricidad. Incluso si todas las nuevas matriculaciones fueran eléctricas desde 2027, estos vehículos representarían el 35% del parque automovilístico en 2035, pero solo el 17% de la energía utilizada por los coches procedería de la electricidad.

Políticas públicas e inversión para acelerar el cambio

Ember propone desglosar el objetivo nacional en hojas de ruta sectoriales, con metas concretas para el transporte, los edificios y la industria. La coordinación institucional y el seguimiento periódico permitirían evaluar los avances y anticipar las necesidades de generación y redes.

En los hogares, el informe recomienda revisar los umbrales de las tarifas eléctricas para evitar que las bombas de calor resulten económicamente menos competitivas que el gas. En el transporte, plantea incentivar los vehículos eléctricos, mantener la prohibición de nuevas compras públicas de vehículos de combustión y favorecer la electrificación de camiones, autobuses y flotas comerciales.

Para la industria, propone financiar estudios de viabilidad que identifiquen los procesos susceptibles de electrificación y orientar los ingresos del sistema nacional de comercio de emisiones hacia inversiones de descarbonización.

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La expansión eléctrica debe ir acompañada de un crecimiento equivalente de las renovables. Turquía pretende triplicar su capacidad instalada solar y eólica, actualmente superior a 40 GW, para 2035. El aprovechamiento de su potencial de 120 GW de energía solar en tejados, junto con la modernización de las redes, las interconexiones y el almacenamiento, será decisivo.

La conclusión del informe es clara: generar más electricidad limpia no basta. Turquía deberá conseguir que esa electricidad sustituya efectivamente a los combustibles fósiles en toda la economía. Su presidencia de la COP31 ofrece una oportunidad para impulsar esa transformación y reforzar su independencia energética.

 

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