Han bastado minutos para la desaparición este jueves a partir de las cuatro de las 4 torres de refrigeración de la térmica de Endesa en As Pontes (A Coruña) y así España continúa despidiéndose de la quema de carbón, que registra aportes cercanos o exactos al 0 en el mix diario de Red Eléctrica.
La caída de estas estructuras, primero dos y luego las restantes, es el primer gran hito en el proceso de desmantelamiento de un complejo que ha sido uno de los grandes graneros energéticos del país en las últimas décadas y el nivel de ruido ha sido similar al que produce cualquier espectáculo de fuegos de artificio.
En 2018 en el país había 15 centrales de carbón operativas pero el panorama ha cambiado de manera drástica y, como se desprende de la información del operador del sistema eléctrico español la dependencia de ese combustible fósil es cada vez más residual puesto que las plantas supervivientes están en proceso de cierre.
Así, en Asturias la de Aboño finalizó su conversión a gas hace un año mientras que la de Soto de Ribera está en proceso de conversión, y la de Los Barrios, en Cádiz, gestionada como las dos anteriores por EDP, está inmersa en su desmantelamiento y condenada a desaparecer, al igual que la de Es Murterar, en Alcúdia, Mallorca, propiedad de Endesa y cuya desarticulación se está llevando a cabo de manera progresiva para no comprometer el suministro eléctrico de la isla.
As Pontes
En As Pontes, villa conocida como la de los cien ríos y con un padrón de nueve mil habitantes, la eliminación de las patas de un gigante de hormigón armado de 99 metros de altitud ha impactado en esta jornada de despedida de un símbolo industrial ante un potente despliegue de seguridad con cortes de carreteras durante una hora.
Se han venido abajo los cuatro componentes, acontecimiento que algunos han seguido desde la zona de Os Mouros o el lago artificial, el mayor de España, creado en la zona tras el cierre de su mina hace casi tres lustros.
Ahora, la enorme chimenea de Endesa, de 356 metros de elevación y la más alta de Europa cuando se levantó hace más de medio siglo, resiste incólume y la Xunta podría salvarla con el reconocimiento de Bien de Interés Cultural (BIC), una categoría de protección jurídica otorgada a bienes que son valiosos y singulares.
Defensores y detractores
El BNG ha intentado también evitar la demolición con explosivos de unas torres que ya son historia, las cuales pedía conservar para su incorporación a un centro gallego de referencia energética, en el que hubiese investigación y memoria histórica. Y esto no ha podido ser.
La Asociación del Patrimonio Industrial de As Pontes, que recién acaba de desembarcar en la comarca del Eume y que ha contado con el respaldo de la Fundación RIA, liderada por el prestigioso arquitecto David Chipperfield, había pedido por su parte una evaluación técnica y rigurosa para identificar qué es patrimonio, ante el "irreversible" riesgo de un legado que no va a poder recuperarse.
Este colectivo llegó a encerrarse en el consistorio local y entre sus integrantes presenta un listado que se acerca a la veintena de instituciones, algunas de alcance internacional, y que se completa con científicos y distintas personalidades del ámbito universitario.
Con todo, el desmontaje, desde su comienzo hasta ahora, ya ronda el 40 por ciento de ejecución y las tareas las desarrolla la firma vasca Lezama Demoliciones. Hay otros emblemas que ya no están, como el parque de carbones del recinto.
El gobierno local sí consiguió retrasar la voladura de las torres de refrigeración hasta este 30 de julio, ya que los responsables del plan pretendían llevarla a cabo en el ecuador de este mes, de manera que coincidiría con las concurridas fiestas patronales de este lugar.
La plataforma Galiza Sen Gas ha emitido un comunicado en el que sí celebra en cambio el derribo de esta parte de un conglomerado que ha sido "una de las industrias más contaminantes" cuyo impacto climático "negativo" no ha terminado, puesto que "se va a prolongar durante las próximas décadas e incluso siglos".
El "y ahora qué"
Despejar los terrenos del gran pulmón económico del Eume en el último medio siglo no significa que el anunciado desembarco de proyectos empresariales como el del grupo Ence sea inmediato, sino que podría demorarse hasta cuatro años, según expone la Asociación del Patrimonio Industrial.






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