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Cada vez que sube el precio del combustible, el coste de la movilidad vuelve a ponerse encima de la mesa. Pero la pobreza de transporte - un concepto cada vez más presente en el debate público y que hace referencia a la falta de opciones de movilidad eficientes para acceder a servicios y actividades esenciales - no se explica sólo por los costes económicos directos como la gasolina, también tiene que ver con la falta de alternativas reales, su baja frecuencia o la dependencia del coche privado.

Así lo reflejan los ‘Indicadores territoriales representativos de la situación de pobreza de transporte en España’ publicados recientemente por el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. En muchos territorios, no falta necesariamente una parada o una ruta más de transporte regular; el reto es reforzar estos servicios con alternativas complementarias que permitan cubrir de forma eficiente una demanda de movilidad diversa y flexible y que, en alguno de los casos, es inviable atender con servicios regulares. Por eso, hablar de movilidad implica preguntarse no sólo cuánto cuesta moverse, sino qué opciones reales tiene una persona para llegar a su destino.

La Comisión Europea ha vinculado recientemente la pobreza de transporte y la pobreza energética, situándolas como dos prioridades sociales en el contexto actual de presión sobre el coste de vida. La electrificación, la neutralidad climática y la movilidad colectiva pueden ser parte de la respuesta, pero también lo son las soluciones ya existentes e inmediatas que permiten usar mejor lo que ya existe.

El carpooling

Y ahí encontramos que el modelo del carpooling encaja a la perfección: reduce el coste del viaje para el conductor mediante la compartición de gastos, conecta 9 de cada 10 municipios españoles, aumenta la ocupación de vehículos que ya iban a circular y permite fomentar un uso más eficiente del vehículo privado, convirtiéndolo en una alternativa más de movilidad colectiva y reduciendo así el número de vehículos en la carretera y su consumo energético.

De hecho, la Agencia Internacional de la Energía incluyó el carpooling entre sus diez recomendaciones para reducir la dependencia energética y aliviar el impacto del precio del combustible en los hogares hace escasas semanas, y explicó que combinado con medidas de conducción eficiente, la demanda de combustible de los automóviles puede reducirse entre un 5% y un 8%. Ahí es nada.

¿Y si resultara que en España esta lógica tiene una traducción práctica? El sistema de Certificados de Ahorro Energético convierte determinadas actuaciones de eficiencia energética en ahorro de energía final medible, verificable y certificable. Y el cochecompartido ya forma parte de ese marco desde hace dos años.

De esta manera, compartir coche deja de ser solo una decisión de ahorro para compartir gastos y pasa a ser una decisión, además, de eficiencia energética. Pero para que esa dimensión sea reconocida por este sistema, el ahorro energético debe ser real, esto es, debe nacer de una conexión conductor/pasajero creada gracias y exclusivamente mediante una plataforma de carpooling.

Sin este match, conductor y pasajero no se hubieran encontrado y este último hubiera tenido que coger su propio coche, alquilar uno o pedir a un familiar o amigo que le lleve a su destino. Es decir, su alternativa modal hubiera supuesto añadir un vehículo y un trayecto a la carretera.

La oportunidad de los CAE

En este contexto, BlaBlaCar ofrece el BlaBlaBono Energético para convertir los ahorros energéticos generados por sus usuarios gracias a su plataforma en incentivos económicos directos para fomentar el uso del coche compartido. Así, los conductores pueden ganar un 15% más por pasajero, además de la aportación de cada pasajero en concepto de compartición de gastos, y los pasajeros pueden conseguir un 15% de descuento para su próximo viaje compartido.

Esa es la oportunidad de los CAE aplicada a la movilidad: convertir la eficiencia energética en un incentivo real para viajar de forma más asequible. Este verano volveremos a viajar mucho, pero lo haremos en un contexto especialmente complejo: carburantes tensionados, dudas sobre la evolución de la crisis energética y un posible mayor protagonismo de la carretera si la presión sobre el queroseno acaba encareciendo volar.

El verano español sigue pasando, en buena medida, por la carretera: la DGT registró más de 100 millones de desplazamientos durante julio y agosto de 2025. Por todo ello, en un verano en el que el precio vuelve a pesar más en cada desplazamiento, el BlaBlaBono Energético puede ayudar a que más personas compartan trayectos, reduzcan costes y optimicen mejor la ocupación de coches que ya van a circular.

Aprovechar mejor los desplazamientos que ya se producen es una forma sencilla y económica de avanzar hacia una movilidad más eficiente, que también puede contribuir a conectar mejor el territorio y a aportar soluciones concretas en zonas en situación de pobreza de transporte.

María González Jover es directora de Asuntos Públicos España y Portugal de Blablacar.

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