Petróleo & Gas

Arabia Saudí, en fuera de juego

Con Ormuz bloqueado y sin Petroline, Aramco pasa el crudo de barco a barco (STS) frente a Sohar y Fujairah para seguir abasteciendo a las refinerías asiáticas

3 comentarios publicados

El mercado del petróleo lleva semanas en tensión desde que el choque entre Estados Unidos e Irán dejó el estrecho de Ormuz prácticamente inutilizado. Por ahí pasaba una quinta parte del crudo mundial, así que cuando ese paso se cierra no hay plan B a primera vista. Saudi Aramco ha tenido que improvisar para que sus barriles sigan llegando a Asia.

La salida de urgencia ha sido el trasvase de barco a barco (Ship-to-Ship, STS) en el golfo de Omán, hoy la vía que mantiene relativamente viva su relación con los grandes compradores asiáticos. El problema es que esa arteria es frágil. Al bloqueo de Ormuz se le han sumado el cierre del oleoducto Este-Oeste (Petroline) tras los ataques con drones lanzados desde Irak y la parálisis del Mar Rojo por el avance hutí en Bab al-Mandeb. La cuestión es ver cómo de efectivos son esos trasvases para mantener vivo, al menos, un pequeño porcentaje de las exportaciones.

Riad tenía un plan B desde los ochenta, pero no contaba con los hutíes

Para entender por qué Arabia Saudí se ha visto sorprendida por los últimos acontecimientos, conviene echar la vista atrás. Las exportaciones saudíes han salido siempre de las terminales del golfo Pérsico, Ras Tanura y Juaymah en gran medida, con más de 5 millones de barriles diarios. Riad sabía desde hace décadas que depender de un único estrecho no es una buena estrategia, así que en los años ochenta construyó el oleoducto Este-Oeste, el famoso Petroline: 1.200 kilómetros de tubería hasta Yanbu, ya en la costa occidental del país, a orillas del Mar Rojo.

Con una capacidad de hasta 7 millones de barriles al día, ha sido durante años la válvula de escape de la industria petrolera, con la terminal egipcia de Sidi Kerir como otro de los puntos clave de exportación hacia Europa. Sobre el papel, el esquema estaba bien pensado. Lo que nadie había calculado es que en 2026 se iban a juntar el bloqueo del Mar Rojo y la sucesión de ataques contra el oleoducto Este-Oeste.

Primer día sin petróleo árabe: Arabia Saudí cierra el único oleoducto por donde exporta crudo con el Estrecho de Ormuz cerrado
El oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí, también llamado Petroline, es una infraestructura estratégica que cruza el país desde los campos petroleros del este, en el golfo Pérsico, hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo.

En busca de una solución parcial, Aramco echa mano del Ship-to-Ship

La jugada de Aramco para no perder clientes consiste en sacar el crudo fuera de Ormuz y entregarlo donde los compradores se sientan seguros. Como ninguna naviera quiere meter sus buques en el golfo Pérsico, la petrolera estatal ha puesto los suyos a hacer de lanzadera. Es el caso del Singapore Prosperity o el Algeria Prosperity, que cargan partidas de 2 millones de barriles en Ras Tanura y Juaymah y cruzan el estrecho con los sistemas AIS desactivados para no ser identificados.

Ya fuera de peligro, fondean frente a Sohar (Omán) y Fujairah (Emiratos) y ahí, en mar abierto, pasan el crudo (generalmente Arab Medium y Arab Heavy) a los superpetroleros (VLCC) asiáticos. Y de alguna forma, funciona. A finales de agosto de 2026 Aramco había entregado así 4 millones de barriles a refinerías chinas como Sinopec, además de cerrar compras spot con PetroChina y Sinochem. En los picos de mayor actividad ha llegado a coordinar 15 trasvases a la vez, con 25 millones de barriles.

El problema es que este esquema se venía aplicando con la idea de que, si algo iba mal, siempre quedaba la salida por tierra. Y esa salida ya no está. Petroline, que justo antes del ataque movía en torno a 3,8 millones de barriles diarios hacia Yanbu (cerca del 4% de la oferta mundial y lejos de la capacidad total de 7 millones), dejó de bombear cuando los drones lanzados desde Irak alcanzaron las estaciones de Al-Duwadimi y Afif, y el Ministerio de Energía saudí ordenó cerrar el oleoducto de forma preventiva para evaluar los daños.

Los oleoductos en tierra se reparan rápido, cierto, pero mientras tanto el Reino se ha quedado sin su única vía de escape. A eso se le suma el avance hutí que ha puesto Mokha y la isla de Perim, en pleno Bab al-Mandeb, bajo su control. Con la navegación por el Mar Rojo como un blanco fácil, exportar desde Yanbu es hoy inviable y las opciones en las terminales occidentales del país se han reducido al mínimo.

El Brent sube 3,34% y se fija en 108 dólares el barril al crecer la tensión en Oriente Medio
El West Texas Intermediate (WTI), referente estadounidense, avanza también un 3,17% hasta los 103,22 dólares el barril.

¿Sale alguien bien parado de lo que está pasando?

Difícil respuesta, no cabe duda. A Aramco y a Riad lo que les preocupa es no perder cuota en Asia y que los ingresos sigan entrando, y por eso han medido mucho su respuesta. Pese a los ataques contra Petroline, la diplomacia saudí ha evitado una réplica militar directa en Irak tras la mediación de Bagdad. Las refinerías chinas (Sinopec, PetroChina y Sinochem) se han sumado sin poner pegas a las compras que puedan cerrar en Omán, porque el trasbordo en alta mar les asegura el crudo que necesitan sin meter un solo barco en el Golfo Pérsico. Dicho de otro modo, el riesgo lo asumen los barcos saudíes.

Enfrente, Teherán y sus aliados aprietan de forma coordinada todas las arterias de Riad a la vez. Irán controla Ormuz, los grupos armados iraquíes se han encargado de Petroline y las milicias hutíes han tomado posiciones en la costa yemení. Con Perim ocupada y los buques saudíes amenazados, la alianza proiraní ha montado una estrategia que anula por entero y de forma simultánea la salida oriental y la occidental. En medio tenemos a Omán y Emiratos Árabes Unidos, que se han convertido, sin quererlo, en puntos logísticos clave. Sohar y Fujairah albergan unas operaciones que, por cierto, no son nuevas, porque replican el modelo que ya puso en marcha ADNOC.

Para más inri, a Riad le resulta imposible aprovechar un Brent a 100 dólares o más

El parche de los STS entraña, además, grandes riesgos y costes. Mover millones de barriles entre petroleros en mar abierto multiplica las posibilidades de vertido y de fallo mecánico, y navegar con el AIS apagado eleva el riesgo de colisión y encarece el seguro marítimo. A esto se le suma una cuestión de mercado. Que Ormuz, Petroline y Bab al-Mandeb estén bloqueados a la vez ha tenido un efecto inmediato en los precios, con un Brent de vuelta en los 100 dólares y con picos de hasta 110 dólares por barril. Al final, por mucho que se intente sacar el petróleo mediante trasvases, es sumamente complicado rebajar la prima de riesgo geopolítico de la zona.

Una huida hacia adelante y sin vistas de llegar a buen puerto

Con todo encima de la mesa, hay que reconocerle a Aramco que los trasvases en el golfo de Omán le han permitido seguir suministrando a Asia cuando todo apuntaba a lo contrario. Pero conviene ser precavidos, porque el golpe a Petroline y el cierre del Mar Rojo dejan a la vista que este tipo de estrategias son parches que aguantan mientras el conflicto no se recrudezca.

A medio y largo plazo, Riad tendrá que exprimir la capacidad ociosa de Petroline (antes del ataque movía 3,8 de los 7 millones de barriles diarios de capacidad) y plantearse ampliarla más allá de esa cifra, blindar sus infraestructuras en tierra y montar algún esquema de protección marítima en el golfo de Omán. En definitiva, mientras la tensión siga instalada en los puntos clave de la región, el mercado seguirá moviéndose con una volatilidad alta, y cualquier tropiezo en estrategias alternativas como el STS puede añadir un punto extra de dificultad al asunto.

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2 comentarios

  • Alfonso

    Alfonso

    15/09/2026

    Joder con el mapita, háganselo mirar... desacredita toda la noticia...
  • Jonathan Gleave

    Jonathan Gleave

    15/09/2026

    Wow, veo que Iran ya controla los dos lados del estrecho y los Houthis han creado la republica independiente de Siman

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