Movilidad

Con la gasolina cada vez más cara, ¿renta pasarte a un eléctrico o seguir pagando por repostar?

La situación internacional ha disparado los precios del litro de combustible, un contexto que nos plantea la duda de si es el momento de dar el paso al coche eléctrico

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A día de hoy, repostar un vehículo de gasolina te cuesta en España 1,75 euros de media, mientras que el diésel está ya, en algunas regiones, rozando la franja de los 1,90 euros. El conflicto en Irán y las diferentes situaciones geopolíticas han provocado que volvamos a casi el mismo escenario que hace tres años, cuando el repostaje de un coche superaba los 2,3 € por litro dependiendo de la comunidad autónoma y el combustible (esa tarifa correspondía con la gasolina 98).

En paralelo, el precio medio del kWh en la tarifa regulada (PVPC) se sitúa estos días en torno a 0,146 €/kWh, con horas valle en el entorno de 0,07–0,08 €/kWh y horas punta que suben por encima de 0,30 €/kWh. En otras palabras, si recargas un coche eléctrico en casa con algo de flexibilidad horaria, es relativamente sencillo moverte en el rango bajo o medio de esa horquilla lo que provoca que volvamos a lanzar la siguiente pregunta: ¿merece la pena seguir pagando cada vez más por repostar o es el momento para dar el salto al vehículo eléctrico?

Cuánto te cuesta realmente cada 100 km

Imagen de una gasolinera.ACEA

Podemos considerar tres escenarios realistas de recarga doméstica para un conductor tipo: uno conservador de 0,15 €/kWh (todo a precio medio), uno eficiente de 0,10 €/kWh (aprovechando bastante las horas valle) y uno descuidado de 0,20 €/kWh (mezcla de valle y punta). El primer paso es bajar estos precios al terreno que el conductor entiende: el coste por 100 km.

Con un coche de gasolina de tamaño estándar (entre 4,3 y 4,6 metros) que consiga un consumo real (no oficial) de unos 6,5 l/100 km y con un precio del litro de gasolina 95 a 1,75 €/l (de media), la cuenta resultante sería de unos 11,3 €/100 km. Por su parte, un diésel equivalente que gaste 5,5 l/100 km y con una tarifa de repostaje similar a la anterior, el coste por cada 100 kilómetros sería de unos 10,28 €/100 km.

En el otro lado de la balanza, tendríamos un compacto eléctrico que ofreciese un consumo real de unos 17 kWh/100 km (ni el optimismo de la ficha ni el peor caso de autopista a 130 km/h). Con ese consumo, el coste por 100 km dependería del precio de la recarga en casa. Si nos vamos a los tres escenarios antes mencionados tendríamos los siguientes resultados:

  • A 0,10 €/kWh (aprovechando la tarifa valle): 1,7 €/100 km.

  • A 0,15 €/kWh (precio medio): 2,6 €/100 km.

  • A 0,20 €/kWh (mezcla de punta y valle): 3,4 €/100 km.

En términos absolutos, estos precios no hacen sino confirmar que el coste total energético en un coche se sitúa anualmente en torno a los 380–400 € en el caso de un vehículo que recorrer unos 15.000 km, frente a los más de 1.100 € en un gasolina y casi 1.000 € en un diésel. La diferencia ronda, por tanto 700–800 € en favor del eléctrico.

El “punto de ruptura”: cuándo compensa el salto

Un hombre echa gasolina en una estación de servicio, el primer día de la primera operación salida del verano.A. Pérez Meca - Europa Press

La gran pregunta es la misma que se planteaba al inicio: ¿a partir de qué nivel de precios energéticos, y sobre todo de qué uso, compensa de verdad cambiar a un eléctrico? Hay tres variables clave que marcan el punto de ruptura: cuántos kilómetros haces al año; cuánto pagas realmente por la electricidad (casa, trabajo, pública) y cuánto más caro es el eléctrico frente a su equivalente de combustión.

Con la gasolina y el diésel en niveles similares a los actuales, un conductor que recorre unos 15.000–20.000 km al año y recarga mayoritariamente en casa suele recuperar el sobreprecio inicial del eléctrico en unos seis a ocho años, solo con el ahorro en energía y mantenimiento. Si los kilómetros suben a 25.000–30.000 al año, el punto de equilibrio puede adelantarse a los cuatro o cinco años.

¿Cargas en casa? La mayoría de usuarios se muestra insatisfecho

En cambio, si haces menos de 10.000 km al año, incluso con gasolina a 1,75 €/l la diferencia anual de gasto en energía se estrecha, y el tiempo para amortizar el sobrecoste de compra se puede ir fácilmente por encima de los diez años, especialmente si recurres con frecuencia a recarga pública de precio elevado. En ese perfil, el eléctrico sigue siendo más barato de mover, pero la ventaja económica pura es menos determinante.

¿Y si sigue subiendo la gasolina?

Es evidente que el escenario actual no es de estabilidad. Con un litro de 95 que rondaba algo menos de 1,50 € hace poco y que en marzo ya se sitúa en torno a 1,75–1,90 €, el coste de uso de un gasolina se ha encarecido en cuestión de semanas en varios céntimos por litro. Si proyectamos una subida estructural hacia los 2 €/l, el mismo coche de 6,5 l/100 km se iría a casi 13 €/100 km, mientras que el eléctrico seguiría en la franja de 2–3 €/100 km si mantienes una recarga doméstica razonable.

Aunque la electricidad también es volátil, el precio medio mensual del MWh en España se está moviendo en 2026 entre unos 117 y 146 €/MWh (es decir, 0,117–0,146 €/kWh), lo que deja cierto margen para optimizar costes con horarios y tarifas. En un contexto de gasolina más cara, el “punto de ruptura” del eléctrico llega antes, con menos kilómetros anuales.

Más allá del depósito: mantenimiento, impuestos y uso real

Los eléctricos necesitan menos mantenimiento. Tesla

La comparación no puede quedarse solo en la energía. A nivel de mantenimiento, los eléctricos tienden a necesitar menos intervenciones periódicas (sin cambios de aceite, filtros asociados, embrague, muchos menos elementos móviles), algo que se traduce en un ahorro adicional anual apreciable frente a gasolina o diésel. Sumado a posibles bonificaciones en zonas de estacionamiento regulado y la ausencia o reducción de impuestos de circulación en algunas ciudades, el diferencial de coste total de propiedad aumenta a favor del eléctrico.

Sin embargo, hay condicionantes claros: si vives en un piso sin plaza de garaje con enchufe, dependes casi por completo de la red pública de recarga, donde los precios pueden dispararse muy por encima del coste doméstico, especialmente en corriente continua rápida. En esas condiciones, parte de la ventaja económica se diluye y el análisis se complica, porque entras en un mix de tarifas de 0,30–0,60 €/kWh que puede acercar el coste de uso al de un híbrido eficiente o incluso al de un buen diésel en algunos escenarios.

Entonces, ¿merece la pena un eléctrico?

Una persona carga un vehículo eléctrico.Europa Press

La respuesta ya no depende tanto de un “precio mágico” de la gasolina como de tu perfil de uso y de recarga. Con el combustible en una banda de 1,70–1,90 €/l y una luz media de 0,15 €/kWh, un conductor que haga en torno a 15.000–20.000 km anuales, con opción de recarga doméstica en horario razonable, se sitúa en un escenario donde el coche eléctrico no solo contamina menos en uso, sino que le ahorra varios cientos de euros al año, incluso sin considerar ayudas puntuales.

Para quien apenas use el coche o no tenga acceso a un enchufe propio, el salto a un eléctrico puede seguir siendo más una apuesta de futuro y de confort que un movimiento de ahorro inmediato, sobre todo si hay que asumir un sobrecoste inicial elevado. En cambio, si tus desplazamientos anuales son altos y la gasolina sigue acercándose peligrosamente a los 2 €/l o más, el eléctrico deja de ser una cuestión de “convicción” para convertirse, sencillamente, en una calculadora: cada depósito que no llenas es un poco más de amortización ganada.

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