Mientras la crisis energética de la isla se agudiza, paneles solares suministrados por China han proliferado por todo el país, ofreciendo un respiro inesperado a una red eléctrica lastrada por la escasez de combustible, la infraestructura deteriorada y apagones casi diarios. Según la base de datos RenewAtlas, se han construido al menos 41 parques solares medianos y 18 más pequeños en los últimos dos años, dentro de un plan gubernamental que prevé 92 instalaciones medianas para 2028.
Cuba dispara su dependencia de la fotovoltaica china ante su peor crisis energética
Mientras Trump asfixia a los cubanos con el bloqueo de combustibles, Pekín suministró un récord de 117 millones de dólares en equipos solares en 2025. La red, deteriorada y sin suficiente almacenamiento, apenas puede aprovechar la nueva capacidad instalada


El impulso solar se aceleró tras los apagones nacionales de 2024, en parte por el colapso de las importaciones de crudo venezolano. Los nuevos parques podrían generar unos 1.000 megavatios en su punto máximo, casi cinco veces la capacidad previa y cerca de un tercio de la demanda pico habitual de la isla, de unos 3.200 megavatios. El gobierno afirma que la energía solar cubre ya el 10% de las necesidades eléctricas del país, frente al 3% de principios del año pasado.

China aparece como el principal proveedor de este equipamiento. Pekín, que fabrica alrededor del 80% de los paneles solares del mundo, envió a Cuba equipos por valor de 117 millones de dólares en 2025, frente a apenas 3 millones en 2023, según datos aduaneros recogidos por Ember; este año también ha aumentado el envío de sistemas de almacenamiento en baterías. El primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, ha reconocido que parte de estos proyectos se financiaron con ingresos por exportaciones de níquel, un mineral estratégico que China compra a la isla en gran escala mientras coloca su excedente de capacidad fotovoltaica.
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Para Pekín, el beneficio es doble, pues absorbe parte de su sobreproducción industrial y gana presencia estratégica en el Caribe, una región donde ya ha desplazado a Estados Unidos como principal socio comercial de buena parte de las economías. Pero el economista Ricardo Torres advierte de un riesgo de fondo: si Pekín llega a controlar paneles, inversores, repuestos, financiamiento y almacenamiento, Cuba podría cambiar su dependencia del petróleo por una dependencia tecnológica y financiera de China.
“China gana muchos puntos de simpatía en toda la región con lo que está haciendo en Cuba"

El origen de la crisis actual es la política de Washington. En enero, la administración Trump bloqueó casi la totalidad de los envíos de combustible a La Habana, como parte de una presión política que se sumó a sanciones ya endurecidas y a la amenaza de aranceles contra cualquier país que venda petróleo a la isla. Cuba declaró en mayo haber agotado sus reservas de combustible, aunque desde entonces Washington ha permitido algunos envíos para empresas privadas.
El resultado es una vida cotidiana marcada por la imprevisibilidad: si antes los cortes duraban dos o tres horas programadas, ahora pueden extenderse 12, 30 horas o más, y en 2026 la red nacional ha colapsado por completo al menos seis veces.
Una red al borde del colapso
La infraestructura eléctrica cubana arrastra un deterioro de décadas. Las plantas termoeléctricas han perdido capacidad, las líneas de transmisión están tan degradadas que provocan la pérdida de cerca del 16% de la electricidad generada, y el gobierno, insolvente, no puede acometer las inversiones necesarias. Averías recientes en plantas clave como la Antonio Guiteras, en Matanzas, o la de Felton, en Holguín, ilustran la fragilidad del sistema.
Paradójicamente, esa misma debilidad limita el impacto de la energía solar: el país solo aprovecha una fracción de la capacidad instalada porque carece de baterías suficientes para gestionar la intermitencia solar, según reconoció en abril el propio ministro de Energía cubano.
La vida a merced de los apagones
Mientras tanto, los cubanos organizan su vida en torno a los breves momentos en que regresa la luz, muchas veces de madrugada. Las familias aprovechan ráfagas de apenas 20 minutos para cocinar, lavar o bombear agua antes de que todo vuelva a apagarse.
El turismo, motor económico del país, se ha resentido gravemente con la salida de operadoras y la pérdida de miles de empleos hoteleros; los medicamentos escasean y los alimentos se echan a perder sin refrigeración.
Las protestas vecinales, con cacerolazos y quema de basura acumulada, se han multiplicado en varios municipios, especialmente en la capital, reflejo de un malestar que la energía solar, pese a su rápido crecimiento, todavía no ha logrado calmar.
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