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En la Conferencia de Santa Marta, que tuvo lugar la semana pasada como continuación de la última cumbre del clima y en la que ECODES participó activamente defendiendo una transición justa y ambiciosa, España se ha sumado al consenso europeo en favor de abandonar los combustibles fósiles, reconociendo que es, a la vez, una necesidad climática y una apuesta por nuestra propia seguridad.

Dentro de este marco, y en línea con lo que desde ECODES llevamos tiempo defendiendo, los científicos reunidos en Santa Marta subrayaron la importancia de actuar de inmediato sobre las emisiones de metano en el sector energético, pidiendo cortes drásticos y legalmente vinculantes. Y no es para menos: el metano es un gas de efecto invernadero 80 veces más potente que el CO2 y responsable del 30% del calentamiento global.

La Unión Europea está actuando para reducir estas emisiones a través del Reglamento sobre el metano, que impone reglas claras para detectar y reducir el metano que se escapa en toda la cadena energética. A pesar de ser una herramienta clave para ralentizar el cambio climático, algunas voces reclaman rebajar la ambición climática para proteger el suministro de energía, señalando el Reglamento como un posible obstáculo.

Alta dependencia energética

Sin embargo, esta percepción no refleja la realidad. España, como el resto de Europa, depende en buena parte del gas y el petróleo que importa de otros países, lo que nos hace vulnerables ante los choques geopolíticos. Según el Ministerio para la Transición Ecológica, el petróleo y el gas representaban en 2024 el 97% de nuestras importaciones energéticas. Una dependencia que nos deja expuestos cada vez que la geopolítica sacude los mercados.

En el contexto actual y con el miedo asociado al suministro de gas y petróleo, cabe recordar que el Reglamento europeo sobre el metano no prohíbe importaciones ni corta el suministro de gas. Lo que hace es exigir transparencia: saber cuánto metano se emite, controlarlo y reducirlo de forma progresiva, ofreciendo a las empresas margen para adaptarse.

De hecho, cumplir con el Reglamento y reducir las emisiones de metano es rentable y reforzaría nuestra seguridad energética, como explica la Agencia Internacional de la Energía: solo con medidas inmediatas y ya disponibles, se podrían recuperar 15.000 millones de metros cúbicos de gas, aproximadamente el equivalente al consumo anual de más de 15 millones de hogares españoles.

Si se actúa a escala global, esa cifra se dispara hasta los 200.000 millones, doblando el volumen que se ha dejado de suministrar por el cierre del estrecho de Ormuz, y representando casi el consumo anual de toda la Unión Europea. Y el coste de conseguirlo es mínimo: reducir las fugas de metano mejora la eficiencia de las operaciones y puede ser rentable para los propios proveedores. En cuanto al temor a que suban los precios del gas, conviene recordar que la volatilidad de los mercados energéticos la causan principalmente las tensiones geopolíticas, no las normas medioambientales.

Aumentar soberanía energética

Además, la Unión Europea no está sola: países como Canadá o Japón también buscan actuar sobre sus emisiones de metano e implementar legislación para conseguirlo. Con o sin el reglamento, es importante recordar que Europa seguirá siendo un mercado prioritario para los exportadores de gas.

Pero más allá de la regulación, la realidad geopolítica habla por sí sola. En un momento en que el conflicto en Oriente Medio vuelve a sacudir los mercados energéticos y dispara los precios del petróleo y el gas, la ministra española Sara Aagesen lo resumió en Santa Marta con una frase: "avanzar en la transición es avanzar en soberanía, es reducir la dependencia, es evitar que haya nuevas guerras fósiles en el futuro".

Reducir el metano es precisamente eso: un paso concreto hacia esa soberanía, que nos permite contaminar menos mientras seguimos avanzando hacia un sistema energético que no dependa de los vaivenes geopolíticos. Europa cada vez necesita menos gas gracias a la eficiencia energética y las renovables, lo que nos da más capacidad para elegir proveedores con menores emisiones sin arriesgar el suministro.

Bajo este escenario no hay opciones, solo necesidades. El Reglamento Europeo sobre el Metano no es un obstáculo para nuestra seguridad energética, sino parte de la solución: reduce emisiones de alto impacto climático, mejora la transparencia del mercado y, a largo plazo, refuerza nuestra independencia energética. Lejos de hacernos más vulnerables, es un motor de prosperidad y resiliencia para el sistema energético europeo que necesitamos.

Sarah Galeran es especialista en metano de ECODES.

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