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La aprobación del mercado de capacidad para España por parte de Bruselas no debe interpretarse únicamente como una nueva fuente de ingresos para determinados activos eléctricos. Sería una lectura demasiado limitada. Su verdadero alcance está en que introduce una idea de fondo: en un sistema con una presencia creciente de renovables, almacenamiento y demanda flexible, la seguridad de suministro ya no puede depender solo de la potencia instalada, sino de la capacidad real de los recursos para responder cuando el sistema lo requiere.

Durante la última década, España ha avanzado de forma muy notable en el despliegue de generación renovable. Ese esfuerzo ha sido imprescindible y debe continuar. Sin embargo, la madurez del sistema eléctrico nos obliga ahora a formular una pregunta distinta. Ya no basta con saber cuánta energía limpia podemos producir en condiciones favorables, sino cómo organizamos todos los recursos disponibles para cubrir los momentos de mayor tensión, gestionar desvíos, reducir vertidos, responder a incidencias y sostener la calidad del suministro.

Ese cambio de enfoque tiene implicaciones profundas. El mercado de capacidad no remunera energía producida, sino compromiso de disponibilidad. Por tanto, no se trata solo de construir activos, sino de garantizar que esos activos estarán preparados para actuar bajo unas condiciones concretas. La diferencia puede parecer técnica, pero es esencial. Un megavatio instalado no equivale necesariamente a un megavatio útil para el sistema en el momento crítico.

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Una operación profesionalizada

Desde la perspectiva de un agente representante, este nuevo escenario refuerza la importancia de la operación profesionalizada. La disponibilidad no es un atributo pasivo. Requiere previsión meteorológica, conocimiento del mercado, capacidad de programación, monitorización en tiempo real, comunicación con el operador del sistema, gestión de restricciones técnicas y coordinación entre activos con comportamientos muy distintos.

En otras palabras, el mercado de capacidad no solo va a poner a prueba a las tecnologías. También va a poner a prueba a los modelos de gestión.

Una batería, una planta renovable hibridada, una instalación de generación o un consumidor flexible pueden aportar valor al sistema, pero ese valor dependerá de cómo se integren en la operación diaria. La capacidad comprometida tendrá que convivir con la participación en mercado diario e intradiario, con los servicios de ajuste, con las limitaciones técnicas de cada activo y con las instrucciones del operador. Gestionar todo eso exige criterio, experiencia y una visión integral de cartera.

Por eso, uno de los grandes riesgos del mecanismo sería reducirlo a una subasta de potencia disponible sin prestar suficiente atención a la calidad operativa de esa disponibilidad. El sistema eléctrico no necesita únicamente recursos adjudicatarios; necesita recursos coordinados, verificables y capaces de cumplir. La seguridad de suministro se construye antes de la emergencia, no durante la emergencia.

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Podrán participar en el mecanismo desde la generación (principalmente ciclos combinados, como almacenamiento y demanda industrial).

Mayor complejidad

La experiencia reciente del sistema eléctrico español demuestra que la complejidad va en aumento. Hay más generación distribuida, más autoconsumo, más activos renovables sujetos a variabilidad, más necesidad de servicios de ajuste y una demanda llamada a desempeñar un papel más activo. En ese contexto, la fragmentación operativa puede convertirse en un problema. Cuantos más actores participen en mercados de capacidad y flexibilidad, más importante será contar con estructuras que simplifiquen la interlocución, agreguen recursos y traduzcan la complejidad técnica en respuestas eficaces.

Ahí el representante deja de ser una figura administrativa para convertirse en un actor estratégico. Su papel no es únicamente trasladar ofertas al mercado, sino ordenar la participación de los activos, optimizar su disponibilidad, anticipar escenarios y asegurar que las decisiones comerciales son compatibles con las exigencias técnicas del sistema.

El mercado de capacidad también debe enviar una señal adecuada a los titulares de activos. Participar en él no debería verse como una mera oportunidad económica, sino como la asunción de una responsabilidad. Quien compromete capacidad al sistema debe estar preparado para cumplir, y el diseño del mecanismo debe reflejarlo con obligaciones claras, verificación rigurosa y penalizaciones proporcionadas en caso de incumplimiento.

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Según un estudio reciente del Florence School of Regulation, el actual marco europeo no garantiza por sí mismo niveles óptimos de inversión en capacidad firme.

Un mecanismo que ayude

Con esta iniciativa, el Operador del sistema tendrá en el territorio peninsular una valiosa herramienta para acompañar la transición energética sin comprometer la seguridad de suministro.

La clave estará en entender que la capacidad no es solo una cuestión de activos, sino de operación. La transición energética exige más renovables, pero también más inteligencia de mercado, más control, más coordinación y más responsabilidad en tiempo real.

El mercado de capacidad llega en un momento oportuno. Ahora debemos conseguir que no sea solo una respuesta regulatoria, sino una palanca para profesionalizar aún más la gestión del sistema eléctrico español.

Belén de la Fuente es COO de Gnera Energía.

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4 comentarios

  • Rodri

    Rodri

    13/07/2026

    hay que construir un sistema que sea seguro y eficiente, no podemos permitirnos más errores
  • JaviNox

    JaviNox

    13/07/2026

    La experiencia reciente demuestra que la estabilidad del sistema tiene un valor económico. Prevenir siempre será más barato que gestionar una crisis de suministro...
  • Joaquín S

    Joaquín S

    13/07/2026

    La seguridad de suministro se construye antes de la emergencia, no durante. Ojalá REE lo hubiera tenido claro el 28 de abril de 2025.
  • Sol Mediterráneo

    Sol Mediterráneo

    13/07/2026

    Buen artículo, con ideas claras.

    Gestionar la seguridad energética es fundamental pero también controlar el precio final que pagamos a cada tecnología es vital para no perjudicar la competitividad.

    Sabemos la potencia instalada y la generación de cada tecnología en 2.025 pero la retribución real es un agente desconocido y existen poco interés en clarificarlo.

    A falta de fuentes más solventes, me atrevo a ponerle precio final a la generación total de las seis fuentes principales.

    Se incluye Mercado, Recore, Ajustes del Sistema etc. todas las ayudas económicas terminan pagándose.

    1º) Ciclos Combinados 150 Euros/Mwh
    2º) Cogeneración 113 Euros/Mwh
    3º) Hidráulica 87 Euros/Mwh
    4º) Fotovoltaica 82 Euros/Mw
    5º) Nuclear 75 Euros/Mwh
    6º) Eólica 65 Euros/Mwh

    Esperemos que el mercado de capacidad, baje los precios que estamos pagando a las tecnologías que usa gas Ciclos Combinados y Cogeneración.

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