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La Unión Europea quiere que el mercado del carbono deje de ser solamente un mecanismo preceptivo y se convierta en un instrumento de competitividad. Este cambio de enfoque obliga a las empresas afectadas a reconsiderar cómo gestionan su exposición al ETS.

La reforma parte de una realidad difícil de ignorar: las reducciones de emisiones pendientes se concentran en los sectores más difíciles de descarbonizar —acero, cemento, aviación, transporte marítimo e industria química—. En respuesta, la Comisión apuesta por un ETS que concede más tiempo, más financiación y más flexibilidad. La razón es sencilla: en estos sectores las alternativas tecnológicas existen, pero requieren plazos largos y volúmenes de inversión que no se improvisan. El objetivo es aliviar la presión a corto plazo sin abandonar la ambición climática inicial.

Más tiempo para una transición industrial compleja

La reforma introduce cambios para aliviar la presión del ETS sobre la industria a partir de 2030. Propone reducir el ritmo de disminución de los derechos de emisión disponibles mediante un Factor de Reducción Lineal (Linear Reduction Factor, LRF), parámetro que determina la velocidad a la que se reduce el volumen total de derechos de emisión disponibles en el mercado, hasta el 3,7% anual entre 2031 y 2035 y el 1,7% entre 2036 y 2040, frente al 4,3% actual.

Además, plantea recalibrar la Reserva de Estabilidad del Mercado (MSR), reduciendo su tasa de absorción del 24% al 12% a partir de 2028 e introduciendo umbrales dinámicos que disminuirán un 4% anual desde 2029, limitando la retirada de permisos del mercado.

Asimismo, propone retrasar de 2034 a 2038 la eliminación de las asignaciones gratuitas previstas para los sectores cubiertos por el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), diseñado para igualar el coste del carbono entre la producción europea y las importaciones procedentes de países con políticas climáticas menos estrictas.

También reduce la tasa máxima de recuperación de los valores de referencia del 2,5% al 2,0% anual a partir de 2030, una medida que, junto con la revisión acelerada de estos parámetros entre 2026 y 2030, permitiría conceder asignaciones gratuitas adicionales valoradas en aproximadamente 6.000 millones de euros.

A cambio, el acceso a las asignaciones gratuitas quedará vinculado a inversiones de descarbonización en la UE: el 80% se asignará inicialmente y el 20% restante dependerá de la ejecución de las inversiones comprometidas, salvo para el 10% de las instalaciones más eficientes.

Del coste a la financiación

Si existe una medida que simboliza el cambio de filosofía de la reforma, es la creación del Industrial Decarbonisation Bank (IDB). La Comisión propone movilizar hasta 100.000 millones de euros para apoyar proyectos de descarbonización industrial y reforzar la financiación de los sectores cubiertos por el sistema. Como primera fase, el ETS Investment Booster movilizará alrededor de 30.000 millones de euros, equivalente a unos 400 millones de derechos de emisión (EUA), para incentivar las inversiones tempranas en descarbonización.

La iniciativa se complementa con un refuerzo del uso de los ingresos procedentes de las subastas de derechos de emisión. La Comisión propone que los Estados miembros destinen al menos el 50% de estos ingresos a inversiones en los sectores cubiertos por el sistema, una medida que podría movilizar unos 100.000 millones de euros antes de 2030.

En otras palabras, el ETS deja de ser solo un mecanismo de precio y se convierte también en un mecanismo de redistribución.

Créditos de carbono internacionales

La propuesta permite que hasta el 2% del esfuerzo de reducción del ETS entre 2036 y 2040 proceda de créditos internacionales de alta calidad. Con ello, la Comisión reabre la puerta a los créditos de carbono dentro del sistema, aunque bajo un modelo de adquisición centralizada que busca preservar el control sobre la calidad de los créditos y la credibilidad ambiental del ETS.

Absorciones de carbono

La Comisión propone integrar hasta 250 Mt de absorciones permanentes de carbono entre 2031 y 2040 para compensar emisiones residuales difíciles de eliminar, impulsando al mismo tiempo el desarrollo de tecnologías de captura y almacenamiento permanente de CO₂.

La principal novedad radica en que las absorciones pasan a formar parte de la arquitectura del ETS, ofreciendo una vía adicional para gestionar emisiones que no podrán eliminarse completamente mediante medidas de reducción convencionales.

Ampliación sectorial

La reforma también amplía progresivamente el alcance del ETS. En aviación, extiende la cobertura a vuelos internacionales de hasta 5.000 km a partir de 2029, incorporando rutas con origen en la UE hacia Estambul, Dubái o Doha.

En el transporte marítimo, incorpora nuevas categorías de buques de entre 400 y 5.000 GT y crea el mecanismo Sustainable Maritime Alternative Propulsion (SMAP) para reinvertir ingresos del sistema en combustibles y tecnologías limpias.

Además, propone incorporar gradualmente la incineración de residuos municipales al ETS entre 2031 y 2034, ampliando el sistema a nuevas fuentes de emisiones.

Próximos pasos

La propuesta deberá ser ahora negociada por el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo. Ambas instituciones podrán introducir modificaciones antes de aprobar un texto definitivo, por lo que algunos de los elementos más relevantes de la reforma todavía podrían cambiar durante la tramitación legislativa. La presidencia irlandesa del Consejo ha situado la revisión del ETS entre sus prioridades y aspira a alcanzar una posición común de los Estados miembros durante el Consejo de Medio Ambiente previsto para diciembre de 2026.

Las negociaciones se centrarán previsiblemente en aspectos como la reducción más gradual del límite de emisiones, la ampliación de las asignaciones gratuitas hasta 2038, la integración de absorciones permanentes de carbono o el uso de créditos internacionales a partir de 2036. Mientras que Wopke Hoekstra, comisario europeo de Clima, Cero Emisiones Netas y Crecimiento Limpio, sostiene que la propuesta sigue siendo plenamente compatible con el objetivo de reducir las emisiones netas un 90% para 2040, diversas organizaciones ambientales y expertos consideran que algunas de las flexibilidades planteadas podrían debilitar la señal de precio del carbono y ralentizar el ritmo de descarbonización.

El fin de la gestión reactiva

Este cambio tiene consecuencias directas para las empresas. El mercado deja de ser únicamente un mecanismo de cumplimiento reactivo y se convierte en un espacio donde regulación, financiación, estrategia de compra y posicionamiento competitivo se entrelazan. Forman parte de una misma conversación regulatoria que exigirá seguimiento continuo, capacidad de anticipación y ejecución, y no solo respuestas puntuales frente a cada anuncio.

El anuncio del 17 de julio no elimina la tensión entre ambición climática y competitividad industrial. La traslada al corazón del ETS.

Para quien opere en el sistema, el mensaje es claro: la gestión reactiva tiene fecha de caducidad. Estos cambios exigen combinar análisis técnico del mercado, seguimiento regulatorio continuo y capacidad para convertir las nuevas señales de mercado en decisiones de inversión y competitividad.

Escribe Eric Bernard, Partner, Head of Trading, en Global Factor

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