Política energética

La Comisión Europea refuerza el ETS para acelerar la electrificación y movilizar la inversión en industria limpia

La Comisión quiere adaptar el mercado del carbono al nuevo objetivo europeo de reducir un 90% las emisiones en 2040, pero también convertirlo en una herramienta capaz de movilizar más inversión hacia la descarbonización industrial

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La Comisión Europea presenta este jueves 17 de julio una de las propuestas más esperadas de la agenda climática e industrial comunitaria: la reforma del Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (ETS), el mercado europeo del carbono, junto al nuevo Plan de Acción para la Electrificación. Aunque se trata de dos iniciativas independientes, ambas forman parte de una misma estrategia con la que Bruselas pretende acelerar la descarbonización de la economía, reforzar la competitividad de la industria europea y reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados.

La revisión del ETS marcará el inicio de una negociación política que se prevé intensa entre los Estados miembros y el Parlamento Europeo. Sobre la mesa estarán algunos de los elementos más sensibles de la política climática de la Unión: el futuro de los derechos gratuitos de emisión para la industria, el ritmo al que deberán seguir reduciéndose las emisiones y el destino de los miles de millones de euros que recauda cada año el sistema. La Comisión quiere adaptar el mercado del carbono al nuevo objetivo europeo de reducir un 90% las emisiones en 2040, pero también convertirlo en una herramienta capaz de movilizar más inversión hacia la descarbonización industrial.

El ETS, considerado la piedra angular de la política climática europea desde su creación en 2005, cubre actualmente cerca del 45% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión y afecta a más de 12.000 instalaciones de los sectores energético e industrial, además de la aviación y el transporte marítimo. Su principio es sencillo: quien contamina paga. Las empresas deben adquirir derechos para emitir CO2 y esa señal económica pretende incentivar las inversiones en tecnologías más limpias.

Posiciones encontradas

La propuesta llega, sin embargo, en un momento de posiciones encontradas. Mientras España, junto a Dinamarca, Finlandia, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal y Suecia, ha pedido mantener un ETS "sólido" que aporte estabilidad regulatoria y confianza a los inversores, otro grupo de diez países considera que el sistema actual está penalizando la competitividad de parte de la industria europea y reclama introducir ajustes.

La división también atraviesa al tejido empresarial. Más de un centenar de empresas y medio centenar de grandes inversores han solicitado en las últimas semanas que Bruselas preserve un precio del carbono estable y predecible, convencidos de que cualquier debilitamiento del sistema pondría en riesgo inversiones ya comprometidas en la transición energética. Otras grandes compañías, especialmente de los sectores químico y siderúrgico, defienden revisar algunos de los mecanismos actuales para aliviar la presión sobre la industria.

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Uno de los aspectos que concentrará mayor atención será el uso de los ingresos que genera el propio ETS. Desde su creación, el mercado europeo del carbono ha recaudado más de 265.000 millones de euros, pero diferentes organizaciones consideran que una parte demasiado reducida termina financiando proyectos de descarbonización industrial. En ese contexto, Bruselas prepara también un Banco de Descarbonización Industrial dotado con 100.000 millones de euros y cada vez gana más fuerza la idea de destinar una mayor proporción de los ingresos del ETS a financiar la electrificación de la economía.

Plan de Acción para la Electrificación

Precisamente esa será la otra gran propuesta que la Comisión llevará mañana al Colegio de Comisarios. El Plan de Acción para la Electrificación busca acelerar la sustitución de los combustibles fósiles por electricidad de origen renovable en el transporte, los edificios y la industria. Según el borrador conocido la pasada semana, Bruselas quiere que la electrificación alcance el 50% del consumo final de energía en 2040, una transformación que permitiría reducir de forma significativa las importaciones de gas y petróleo, abaratar la factura energética y reforzar la autonomía estratégica europea.

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Aunque formalmente ambos expedientes seguirán caminos legislativos distintos, numerosas organizaciones empresariales, energéticas y centros de análisis defienden que deben avanzar de la mano. Su principal reivindicación es que el mercado europeo del carbono deje de ser únicamente un instrumento para gravar las emisiones y se convierta también en una ventaja competitiva, en el gran mecanismo de financiación de la electrificación y de la nueva política industrial europea.

Como resume la directora ejecutiva de Strategic Perspectives, Linda Kalcher, el ETS ha logrado desvincular el crecimiento económico de las emisiones y se ha convertido en un referente internacional, por lo que la reforma deberá encontrar "un equilibrio pragmático entre las preocupaciones de la industria y la necesidad de mantener la confianza de los inversores", ya que debilitar el sistema "haría desplomarse el precio del carbono y minaría la confianza de los mercados durante los próximos años". En esa misma línea, la directora ejecutiva de WindEurope, Tinne Van der Straeten, defiende que "los ingresos del ETS deben destinarse a proyectos de electrificación", ya que esa es la vía para reforzar "la competitividad y la soberanía de Europa", sustituyendo los combustibles fósiles importados por electricidad producida en la propia Unión.

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