La Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER) reconoce que resulta imposible determinar qué consumidores europeos terminan utilizando gas ruso una vez este entra en la red gasista comunitaria. El organismo explica que, debido al funcionamiento integrado del mercado europeo del gas, el combustible pierde su trazabilidad física tras ser introducido en el sistema, por lo que no puede establecerse qué hogares, industrias o centrales eléctricas consumen finalmente moléculas procedentes de Rusia.
Esta conclusión figura en el primer informe elaborado por ACER sobre la eliminación progresiva del gas ruso en cumplimiento del Reglamento (UE) 2026/261, publicado el 1 de julio de 2026. El documento subraya que el gas importado bajo contratos autorizados "no necesariamente se consume en los Estados miembros donde los contratos están autorizados o donde se entrega", ya que dentro del mercado único europeo puede negociarse en los hubs, transportarse a través de las fronteras interiores y abastecer finalmente a consumidores situados en otros países sin que sea posible rastrear su destino final.
Funcionamiento del mercado interior europeo
ACER dedica incluso un apartado específico a explicar el funcionamiento del mercado interior europeo del gas. Según describe, el denominado modelo "entrada-salida" separa el punto por el que el gas entra en la red del lugar donde finalmente se consume. Una vez el combustible es regasificado o inyectado en el sistema de transporte nacional, se mezcla físicamente con gas procedente de otras fuentes —Noruega, Argelia, Azerbaiyán, producción nacional, biometano o almacenamiento subterráneo— y pasa a formar parte de un único mercado. Desde ese momento, aunque la propiedad comercial del gas puede seguir cambiando mediante compraventas en los mercados mayoristas, ya no existe una correspondencia entre esas operaciones y unas moléculas concretas.
El regulador europeo es explícito al afirmar que, por este motivo, "generalmente no es posible concluir que el gas que entra en un país A sea consumido físicamente en un país B, o que un consumidor final determinado haya consumido moléculas de gas de un origen específico". Añade que un país puede recibir físicamente gas en un punto de entrada mientras la propiedad comercial cambia varias veces antes de que ese combustible sea consumido, almacenado o exportado.
Esta circunstancia implica que la dependencia del gas ruso no puede analizarse únicamente observando qué países mantienen contratos de importación. Aunque la dependencia suele ser mayor en los Estados miembros que reciben directamente el suministro ruso, ACER advierte de que ese gas puede acabar abasteciendo consumidores de otros países gracias a la elevada integración del mercado europeo. Por ello, sostiene que eliminar completamente la dependencia del gas ruso exige un esfuerzo coordinado entre todos los Estados miembros, acompañado de nuevas fuentes de suministro y de inversiones para eliminar cuellos de botella en las infraestructuras, especialmente en los países sin salida al mar.
El informe identifica contratos autorizados de importación de gas ruso con una capacidad anual de entre 45.000 y 55.000 millones de metros cúbicos durante el periodo transitorio establecido por la normativa europea. De ese volumen, entre 20.000 y 32.000 millones corresponden a gas natural licuado (GNL), que entra en la Unión a través de terminales situadas en España, Francia, Bélgica y Países Bajos, mientras que los contratos de gasoducto siguen autorizados para Hungría, Eslovaquia y Grecia, con entre 16.000 y 26.000 millones de metros cúbicos anuales. ACER recuerda, no obstante, que esas capacidades contractuales no implican necesariamente que todo ese volumen llegue finalmente a importarse, ya que dependerá de las decisiones comerciales y de las condiciones del mercado.
Proceso de eliminación del gas ruso
El organismo también destaca que, pese al inicio del proceso de eliminación del gas ruso, las importaciones continuaron aumentando durante los primeros meses de 2026. Entre enero y mayo, las entradas de gas ruso por gasoducto crecieron un 7% respecto al mismo periodo del año anterior y las de GNL aumentaron un 11%. Tras la entrada en vigor de las primeras restricciones, el 18 de marzo, el incremento fue del 5% para el gasoducto y del 17% para el GNL. ACER atribuye esta evolución al adelanto de entregas antes de la aplicación de restricciones más severas, a ajustes contractuales y al contexto geopolítico internacional, marcado por la búsqueda de suministros alternativos tras el cierre del estrecho de Ormuz.
El regulador considera, en cualquier caso, que todavía es demasiado pronto para evaluar plenamente el impacto de la prohibición del gas ruso sobre el mercado europeo. Las consecuencias más importantes se esperan a partir del 1 de enero de 2027, cuando quedarán prohibidas todas las importaciones de GNL ruso, y del 30 de septiembre de 2027, fecha prevista para el cese definitivo de las importaciones de gas ruso por gasoducto, salvo las excepciones temporales previstas en la normativa comunitaria.
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