Los próximos doce meses serán determinantes para las grandes compañías internacionales de electricidad y renovables, tras un complejo 2025 caracterizado por incertidumbre regulatoria —especialmente en Estados Unidos—, cuellos de botella en las redes, problemas en la cadena de suministro, altos tipos de interés y elevados costes de desarrollo, según los analistas de Wood Mackenzie.
Pese a este contexto adverso, el sector también identifica importantes oportunidades. En Europa, crece con fuerza la demanda de servicios de estabilidad y flexibilidad del sistema eléctrico, mientras que en Estados Unidos el auge de los centros de datos y los grandes consumidores energéticos impulsará la demanda de electricidad, especialmente de generación firme. Como resultado, las estrategias corporativas y los modelos de negocio tenderán a divergir aún más.
Modelos de negocio cada vez más diferenciados
Según el informe de perspectivas de Woodmac Energía corporativa y energías renovables: 5 cosas a tener en cuenta en 2026, en 2026 se acentuará la polarización estratégica entre las grandes eléctricas. Algunas compañías, como Iberdrola, Enel o SSE, reforzarán un modelo centrado en redes reguladas, priorizando retornos estables y previsibles. Otras apostarán por la generación baja en carbono y gestionable —nuclear, hidráulica o gas—, mientras que un tercer grupo ampliará modelos integrados que abarcan generación, almacenamiento, comercialización y trading, asumiendo mayores riesgos a cambio de mayores retornos.
En paralelo, las petroleras estadounidenses intensificarán su apuesta por la generación eléctrica a gas, impulsadas por la fuerte demanda de los centros de datos, con un aumento previsto de alianzas con grandes tecnológicas.
La flexibilidad gana protagonismo
La creciente volatilidad de los mercados eléctricos, derivada del peso creciente de la eólica y la solar, está elevando el valor de los activos flexibles. En este contexto, el gas y los sistemas de almacenamiento en baterías (BESS) se situarán en el centro de las estrategias. Las empresas buscarán apoyarse en inteligencia artificial para optimizar ingresos y gestionar la complejidad de estos mercados, lo que podría marcar la diferencia entre líderes y rezagados.
Eólica marina: prudencia y mirada a largo plazo
Tras varios años difíciles, la eólica marina podría iniciar un punto de inflexión en 2026. Aunque el foco seguirá estando en la entrega de proyectos en curso, las compañías empezarán a posicionarse en subastas y licitaciones con conexión a red en la década de 2030. El respaldo regulatorio en países como Reino Unido y Dinamarca y una menor presión sobre la cadena de suministro podrían mejorar la viabilidad económica, aunque la disciplina financiera seguirá siendo clave.
Disciplina financiera y defensa del rating
La protección de los balances y de las calificaciones crediticias será una prioridad. Aunque el gasto en capital crecerá moderadamente, las empresas recurrirán a ventas de activos, rotación de carteras y alianzas estratégicas para contener riesgos. El mercado seguirá favoreciendo a los compradores, especialmente en renovables, lo que podría limitar el atractivo de algunas desinversiones.
Nuevas vías de crecimiento
Finalmente, las compañías buscarán nuevas fuentes de valor aprovechando activos existentes. Destacan la reutilización de antiguos emplazamientos térmicos para centros de datos, la repotenciación de parques renovables maduros y el desarrollo de proyectos híbridos que combinen generación y almacenamiento para mitigar vertidos y caída de precios.
En conjunto, según los analistas de Wood Mackenzie, 2026 se perfila como un año de ajustes estratégicos profundos, en el que la flexibilidad, la disciplina financiera y la capacidad de adaptación marcarán el rumbo de los grandes actores del sector energético.
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