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Nuestros gobiernos todavía dan consideración y coba a los ecologistas que quieren parar la instalación de una línea eléctrica entre Aragón y Cataluña porque nos estropearía el paisaje. Son los mismos que quieren cerrar las tres centrales nucleares que producen más del cincuenta por ciento de la electricidad consumida en Cataluña. También suelen estar en contra de los molinos de viento o de las grandes instalaciones solares. Hasta ahora se van saliendo con la suya. Tengo un amigo que tardó la absoluta vergüenza de nueve años en conseguir la autorización para una planta solar cerca de Girona de 4 MW. Eso se llama burocracia en estado puro. Imagínense ahora por un momento como se resolverían estos proyectos en China.

Volviendo a las nucleares, el gobierno central sabe perfectamente que no pueden cerrarse, pero en vez de reafirmar rotundamente que no solo son absolutamente necesarias, si no que deben formar parte de nuestro futuro energético, dan largas a la cuestión y, por lo tanto, postponen la instalación de nuevas, que es lo que urgentemente deberíamos ya planear y hacer. Así de claro. Saben los resultados de la estupidez alemana, perdón, pero es que no se puede definir de otra manera, que cerró sus últimas tres plantas nucleares hace tres años, justo en el peor momento energético desde de la segunda guerra mundial. Tuvieron que poner en marcha plantas de carbón anteriormente cerradas, además de alquilar con urgencia plantas de regasificación sobre barcos, pagando una fortuna para no quedarse a oscuras. Y todavía hay almas cándidas que se preguntan porque Alemania tiene la electricidad más cara de Europa.

La Eurocámara pide prorrogar la vida útil de la central de Almaraz hasta al menos 2040
El informe europeo reclama al Gobierno que suspenda "cualquier medida" encaminada al cierre de esta u otras centrales en España".

Europa necesita nuclear

Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, nos acaba de advertir que el continente es muy vulnerable a los combustibles fósiles y que hay que buscar nuevas alternativas. En realidad, el problema de los europeos es que somos endebles por los malos gobiernos que elegimos. Precisamente ella era ministra del gobierno alemán que tomó la decisión de cerrar sus nucleares. Con amigos así no necesitamos enemigos.

En los últimos cinco años, China ha puesto en marcha 10 reactores nucleares por año y tiene 40 en proceso de construcción. Hasta Finlandia, este pequeño país de lagos y gente feliz finalmente conectó su primera nuclear justo antes de la crisis energética. Estaban tan satisfechos que ahora están instalando otra. Suecia, otro de los países con gente contenta, está revirtiendo la legislación derivada de un referéndum en 1980 que obligaba cerrar sus plantas nucleares. Si, han leído bien. Eventualmente se dieron cuenta del error y ahora están planeando nuevas. Estos suecos son lentos, pero no torpes.

Las cuentas de la nuclear

En matemáticas, dos más dos son cuatro, pero en energía los políticos tienen problemas para sumar. Veamos; si en Cataluña generamos el 55 % de la energía en las nucleares e importamos de otras autonomías o de Francia el 15 %, da como resultado que nosotros generamos con renovables y gas el 30 %. Además, sabemos con certeza que no hay sol durante la noche o en días nublados. El viento es aleatorio y los pantanos producen energía excepto en años secos. Tampoco podemos ignorar que el famoso hidrógeno a partir de energía solar o eólica está en el futuro, pero nadie sabe de qué década estamos hablando. Sumando todo lo anterior, podemos asegurar que no hay método más rápido para volver a la “edad de piedra” que cerrar nuestras nucleares.

Nuestro futuro energético pasa sin duda por el gas, que viene de países tan “amigos” como los EE. UU., Argelia o Rusia, por las renovables tan previsibles como el tiempo, por el futuro hidrógeno y por las nucleares, esas plantas que funcionan con esencialmente, total fiabilidad. Las que funcionan ya deben ser renovadas y las nuevas se irán construyendo con tecnología americana, francesa y, últimamente, china. Asimismo, en EE. UU. y China se están desarrollando los Small Modular Reactors (SMRs), que son plantas que no necesitan estar cerca del mar o los ríos y que tienen un tamaño entre una décima parte y un tercio de las típicas nucleares.

Es el tren nuclear, o nos montamos en él o un día nos quedaremos a oscuras.

Juan Vila es consultor en asuntos energéticos y ex presidente de GasINDUSTRIAL

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