España ha reforzado su posición relativa en costes energéticos frente a las principales economías europeas desde la crisis energética desencadenada en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, gracias al mayor peso de las energías renovables, su elevada capacidad de regasificación de gas natural licuado (GNL) y una menor dependencia del gas ruso que otros socios comunitarios. Esta combinación ha permitido contener con mayor intensidad el precio de la electricidad y mejorar la competitividad energética del tejido industrial español frente a economías como Alemania, Francia o Italia, según el informe Europa en transición energética: respuestas y desafíos tras dos crisis consecutivas, publicado por el Banco de España.
Tras el fuerte repunte de los precios energéticos registrado entre 2021 y 2022, la corrección posterior del precio mayorista de la electricidad ha sido más intensa en España que en otras grandes economías europeas. El informe señala que esta evolución responde principalmente al creciente peso de la generación renovable de bajo coste marginal, a la recuperación de la generación hidráulica y al efecto del mecanismo ibérico de limitación del impacto del gas en el precio eléctrico durante el momento más agudo de la crisis. Como consecuencia, España ha consolidado una posición comparativamente más favorable en el coste relativo de la energía dentro del entorno europeo.
Esta mejora también se refleja en los precios energéticos que afronta la industria. A finales de 2024, España se situaba como la gran economía europea con menor nivel de precios energéticos industriales entre sus principales socios, tras registrar una corrección más rápida que Alemania, Francia o Italia después del pico inflacionario energético. Esta evolución ha reforzado la competitividad de los sectores intensivos en energía en el contexto europeo, uno de los factores más relevantes para la actividad manufacturera y exportadora.
Exposición e infraestructuras
El posicionamiento energético relativo español se ha visto favorecido además por su menor exposición estructural al gas ruso antes del estallido de la guerra en Ucrania. Esta circunstancia permitió amortiguar el impacto inicial del shock energético internacional y facilitó una adaptación más rápida del sistema energético nacional al nuevo escenario geopolítico surgido tras 2022.








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