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Groenlandia paraliza el proyecto petrolero de la firma vinculada a Trump y sus donantes

Las autoridades groenlandesas, que apuntan a la imposibilidad de completar a tiempo el proceso administrativo, enviaron la semana pasada una amonestación grave a White Flame Energy por trasladar sin permiso material para realizar las perforaciones

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Groenlandia ha obligado a aplazar un controvertido proyecto petrolero británico-estadounidense debido a la imposibilidad de completar a tiempo el proceso administrativo y las obligatorias evaluaciones de impacto ambiental y social.

En medio del interés de EEUU por anexionarse este territorio autónomo danés, el gobierno de la isla (el Naalakkersuisut) frena así el inicio de perforaciones previstas para la temporada invernal 2026/2027 en la costa oriental, según información del Financial Times y The Guardian, confirmada por el Ejecutivo.

"Estimamos que las actividades exploradoras propuestas por White Flame Energy en Nunap Qeqqa no se podrán realizar en el invierno 2026/27. No se puede concluir el proceso necesario y, por lo tanto, los permisos requeridos no estarán listos antes del inicio planeado", afirma el Gobierno.

La propia autoridad de recursos minerales de la isla no cree que la compañía logre reunir las aprobaciones necesarias antes de que termine 2026, ni para trasladar el resto de su equipo ni para iniciar los trabajos. En una carta a sus accionistas emitida el 6 de agosto, la empresa admitió que "la complejidad del proyecto exigirá un proceso de revisión más extenso e integral" y que ahora trabaja con vistas a un calendario de permisos para el invierno de 2027.

Freno regulatorio de primer orden en un momento de máxima sensibilidad geopolítica

El anuncio se enmarca en constantes presiones del presidente de EEUU, Donald Trump, para estrechar el control de Washington sobre el territorio autónomo danés alegando razones de seguridad nacional y estrategia energética.

Los ciudadanos, en incontables manifestaciones y encuestas, le han dejado claro que no quieren ser norteamericanos ni tener una relación preferente con ellos ni un papel de servidumbre o de semiocupación para explotar su posición geográfica, a la puerta del valioso Ártico, y sus recursos naturales, de los hidrocarburos a las tierras raras, pasando por la pesca.

El Servicio Geológico de Estados Unidos ha estimado en el pasado que solo el noreste de Groenlandia podría albergar unos 31.000 millones de barriles equivalentes de petróleo técnicamente recuperables entre crudo, gas y líquidos asociados. El propio Jeff Landry llegó a declarar a Fox News que la isla podría estar exportando "2 millones de barriles de petróleo al día" si se aceleraban los trabajos, una cifra con la que pretendía vincular la explotación groenlandesa al alivio de la crisis energética derivada de la guerra con Irán.

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El proyecto se concentra en la cuenca de Jameson Land, unos 8.100 kilómetros cuadrados en el este de la isla que Greenland Energy describe como una de las últimas grandes cuencas del planeta completamente vírgenes de perforación, con una geología que la propia empresa compara con la del Mar del Norte. La licencia original fue otorgada a White Flame Energy antes de la moratoria groenlandesa de 2021, y en 2024 pasó a manos de la británica 80 Mile junto con sus derechos asociados. 80 Mile sigue siendo la titular de la licencia de Jameson, pero Greenland Energy se ha hecho con la mayoría del proyecto a cambio de aportar 60 millones de dólares y encargarse de la planificación técnica, la logística y la coordinación operativa.

Una amonestación previa

Apenas una semana antes de esta notificación formal, las autoridades groenlandesas habían enviado una amonestación grave a la firma petrolera por haber trasladado y desembarcado materiales y equipos de perforación en la costa este sin disponer de los permisos correspondientes.

Según recoge Newsweek, ese envío de maquinaria salió a la luz a través de una publicación en LinkedIn de uno de los socios del proyecto, la empresa de perforación Stampede Drilling, que a finales de julio compartió imágenes del material de camino a Groenlandia antes incluso de que existiera autorización para el desembarco ni para el inicio de las prospecciones. Tras el aviso oficial, la compañía anunció además que reducía el proyecto de dos pozos a uno solo, una decisión que calificó como "la actuación más responsable" dado el contexto regulatorio.

En una reunión mantenida el mes pasado entre representantes gubernamentales y promotores del proyecto, los funcionarios del Ejecutivo ya habían trasladado sus severas dudas sobre el rígido calendario de la empresa. En dicho encuentro, las autoridades locales hicieron hincapié en que, aunque la compañía contemplase distintas alternativas operativas, los procedimientos establecidos por ley no pueden modificarse ni acelerarse a voluntad de los inversores.

El proyecto está liderado por White Flame Energy, una subsidiaria de la petrolera británica 80 Mile. El año pasado, la compañía se alió con Greenland Energy Company, una firma estadounidense de reciente creación con sede en Texas, radicada en Texas, que actúa como inversora mayoritaria y operadora de los trabajos en la zona de Jameson Land (Nunap Qeqqa).

Nexos con la Casa Blanca

El proyecto petrolero ha atraído la atención internacional no sólo por su envergadura, sino por los estrechos vínculos entre la firma estadounidense y el entorno político de Donald Trump. Entre los accionistas destacados de Greenland Energy figura el multimillonario de Wall Street Kenneth Griffin, conocido donante de la campaña de Trump.

Según documentos presentados ante la SEC en mayo, Griffin, fundador y consejero delegado del fondo Citadel, controla en concreto un 9,3% de Greenland Energy. Paradójicamente, Griffin se ha convertido públicamente en uno de los críticos más visibles de Trump entre la élite financiera de Wall Street, pese a haber donado un millón de dólares al comité de investidura del presidente en 2025.

En la junta directiva figura también un veterano de la Marina de EEUU vinculado al plan de defensa de misiles Golden Dome, mientras que el conocido presentador Phil McGraw (Dr. Phil) acordó la realización de una serie documental sobre los trabajos de perforación.

Esa consejera es Carol Craig, incorporada al consejo en junio, cuya empresa de defensa Sidus Space participa precisamente en el programa de defensa antimisiles "Golden Dome" impulsado por Trump. El presidente de Greenland Energy, Larry Swets, tampoco es ajeno al círculo del mandatario: ha estado implicado en negocios previos junto a Paolo Tiramani, empresario que asegura haber donado 10 millones de dólares al proyecto del nuevo salón de baile de la Casa Blanca, y su esposa ha compartido en redes imágenes que parecen tomadas en Mar-a-Lago, aunque Swets ha negado tener vínculos estrechos con el presidente. En cuanto a Dr. Phil, antes de embarcarse en la docuserie sobre la perforación groenlandesa formó parte de la comisión de "Libertad Religiosa" creada por Trump y ha respaldado públicamente al presidente en distintos actos.

En mayo pasado, Jeff Landry, enviado especial de Trump para Groenlandia y gobernador de Luisiana, aseguró que la isla podría estar extrayendo crudo en unos diez meses para ayudar a mitigar la crisis energética derivada del conflicto con Irán, reiterando su meta de "hacer que Groenlandia sea parte de EEUU". A las claras.

Pese al varapalo regulatorio conocido ahora, que ha provocado que las acciones de Greenland Energy se desplomaran más de un tercio en los mercados al anunciarse la noticia, los promotores reiteraron este jueves a la televisión pública groenlandesa NRK su intención de continuar con el proyecto. El consejero delegado de la firma, Robert Price, señaló que utilizarán este periodo de demora para "refinar sus planes y profundizar la relación con las comunidades locales y las autoridades".

Oposición ambiental y el precedente de las licencias

El proyecto ha generado un fuerte rechazo social entre los casi 57.000 habitantes de la isla. En diversas localidades se han registrado manifestaciones ciudadanas por temor a los devastadores efectos que un vertido de crudo tendría sobre el frágil ecosistema ártico, hogar de especies protegidas como los bueyes almizcleros y diversas aves migratorias en la región de Jameson Land.

White Flame posee tres licencias de exploración aprobadas antes de que Groenlandia decretase en 2021 la paralización de la concesión de nuevos permisos de hidrocarburos por motivos medioambientales y climáticos.

La historia petrolera de la isla está repleta de precedentes fallidos. Durante la década anterior, grandes multinacionales adquirieron licencias tras la apertura comercial de varios sectores insulares; sin embargo, tras costosas prospecciones, ninguna halló yacimientos comerciales viables y la inmensa mayoría de las concesiones acabaron siendo devueltas al Estado.

De fondo, siguen sin resolver esas reiteradas manifestaciones de Trump sugiriendo la anexión o adquisición de Groenlandia, que han situado al Reino de Dinamarca bajo una presión militar y política inédita. El propio Trump ya reclamó el "control absoluto" de la isla en diciembre de 2024 y, apenas el mes pasado, insistió ante el presentador de radio Steve Gruber en que confía en lograrlo antes de dejar la Casa Blanca. En marzo se negó incluso a descartar el uso de la fuerza militar para hacerse con el territorio, unas declaraciones que han generado inquietud tanto entre aliados europeos como entre legisladores estadounidenses de su propio partido.

El clima de confrontación se templó a finales de febrero tras alcanzarse un preacuerdo con la OTAN para reforzar la presencia defensiva en el Ártico; los contactos multilaterales continúan a puerta cerrada, pero medios anglosajones han señalado la posibilidad de que el Pentágono busque expandir sus bases militares en la isla al amparo de los acuerdos bilaterales de defensa vigentes desde hace más de cinco décadas.

Tanto el Gobierno de Nuuk como el de Copenhague han mantenido una postura tajante: las negociaciones con Washington no pueden rebasar las "líneas rojas" que garantizan la soberanía territorial, la integridad del Reino de Dinamarca y el derecho inalienable del pueblo groenlandés a la autodeterminación.

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