Ningún comentario La sostenibilidad ha cruzado el umbral. Lo que durante años fue un ejercicio de equilibrio entre el propósito y la cuenta de resultados ha sido barrido por una nueva realidad: la innovación en sostenibilidad ya no se impulsa desde la reputación, sino desde la competitividad, la gestión de riesgos y la supervivencia.
Así lo certifica el informe Panorama de innovación en cleantech: El nuevo motor de la sostenibilidad corporativa en España, elaborado por Tetuan Valley y CleantechHUB y presentado esta semana en Madrid. Ningún actor, por grande que sea, dispone ya por sí solo de la velocidad, el conocimiento o la capacidad tecnológica que exige la descarbonización.
Uno de los puntos más disruptivos del informe es el fin del llamado “green premium”. Ya no se trata de cobrar más por ser "verde", sino de integrar la sostenibilidad como una palanca para reducir riesgos operativos y garantizar el suministro.
El cambio energético no es solo ecológico: es geopolítico. La viabilidad de las empresas depende hoy de su capacidad para adaptarse a una reconfiguración del poder económico global donde la energía limpia es la moneda de cambio. Sin embargo, el informe advierte de un cuello de botella crítico: el principal obstáculo para la innovación ya no es la falta de tecnología, sino la resistencia interna y la falta de equipos que sepan cómo adoptarla.
DIRSE: cuando el reporting abre la puerta a las startups
La Asociación Española de Directivos de Sostenibilidad (DIRSE) agrupa a los responsables de esta función en las principales corporaciones del país. Su director general, Carlos Arango, ha observado desde dentro la evolución de la agenda sostenible y, sobre todo, cómo la presión regulatoria ha actuado como acelerador de la innovación abierta.
El ejemplo más claro es el reporting ESG. Hace solo unos años, muchas grandes empresas eran incapaces de ordenar sus propios datos de sostenibilidad con trazabilidad. Ahí, señala Arango, las startups vieron un gap y actuaron. Hoy, compañías como Workiva o Siris trabajan con buena parte del IBEX 35, ofreciendo soluciones tecnológicas que han convertido una obligación normativa en una ventaja competitiva.
Pero Arango advierte: la tecnología es necesaria, pero no suficiente. La verdadera barrera es interna. “El cuello de botella no es la tecnología, sino los equipos que no entienden cómo adoptarla”, sostiene. La burocracia, las jerarquías rígidas y la resistencia cultural hacen del intraemprendimiento una tarea heroica. Por eso, insiste, el factor decisivo es el liderazgo: “Si el CEO y la alta dirección creen en ello, la innovación puede abrirse camino”.
CAPSA FOOD: de la leche natural a la regeneración social
Pocas empresas españolas han realizado un viaje tan consciente hacia la sostenibilidad como CAPSA FOOD. La compañía asturiana, primera del sector lácteo certificada como B Corp, ha estructurado su estrategia de innovación en ciclos sucesivos: tras el foco en la naturalidad (2013-2019) y la mitigación ambiental (2020-2023), su mirada se dirige ahora hacia la regeneración social y el desarrollo del medio rural.
“La innovación de sostenibilidad ambiental ya es pasado”, resume Rubén Hidalgo, su director de Innovación y Sostenibilidad. “El futuro es la innovación de la sostenibilidad social”.
CAPSA entiende que no puede afrontar este desafío sola. Su estrategia combina venture client (pilotos con startups como Modos en digitalización ganadera o Vayafood en alimentación funcional) con corporate venturing a través de un fondo de 50 millones de euros junto a CETI. Y ha creado la Granja Lab, un espacio de experimentación en colaboración con el Gobierno de Asturias donde testar tecnologías antes de escalarlas a ganaderías reales.
La lección de CAPSA es nítida: la innovación abierta no se mide por lo que la startup es hoy, sino por lo que será mañana. Y su horizonte ya no es solo ambiental pues aborda la viabilidad de las familias ganaderas y la prosperidad del campo.
ECOALF: cuando el residuo se convierte en modelo de negocio
ECOALF nació para demostrar una contradicción: no se puede hablar de moda sostenible si se sigue produciendo con recursos vírgenes. Quince años después, la compañía de Javier Goyeneche es un referente internacional de economía circular, con presencia en más de 50 países y una convicción inquebrantable: la sostenibilidad no es un valor añadido, es la única manera de hacer negocios.
Su directora de Innovación y Sostenibilidad, Carolina Álvarez, lo explica con crudeza: “Muchas veces no hay materiales en el mercado que respondan a lo que buscamos. Por eso tenemos que invertir en desarrollarlos desde cero”. De ahí nacen proyectos como Upcycling the Oceans, que transforma redes de pesca abandonadas en hilo reciclado, o las alianzas con startups de biofabricación y trazabilidad digital.
ECOALF no busca proveedores, subraya Álvarez, sino aliados que compartan propósito y estén dispuestos a crecer con nosotros. Y su principal desafío, reconoce, es la escalabilidad: llevar los prototipos prometedores a la producción industrial sin renunciar a la calidad ni a la transparencia. Porque la trazabilidad, añade, “no es opcional: el cliente quiere y debe saber de dónde viene cada prenda”.
La ejecución es el nuevo discurso
Los tres casos coinciden en algo esencial: ninguno habla ya de compromisos, sino de hechos. DIRSE ha visto cómo la regulación forzaba la adopción tecnológica; CAPSA ha integrado la sostenibilidad social en su núcleo de negocio; ECOALF ha construido su modelo sobre la base de desarrollar lo que el mercado aún no ofrece.
El informe de Tetuan Valley y CleantechHUB diagnostica el cambio de fase. El greenwashing ha muerto. Lo que viene ahora es más difícil, pero también más real, pues se trata de ejecutar, escalar, transformar. Y, como demuestran estos tres casos, hacerlo en compañía.
La única vía es el espacio que existe entre corporaciones, startups y reguladores. Y en España, al menos, ese espacio empieza a llenarse de proyectos con nombre propio.
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