La nuclear de Latinoamérica entra en una nueva era
La región vive un renacimiento nuclear impulsado por la descarbonización, la innovación tecnológica y las crisis hídricas. Argentina lidera la región con 1,75 GW de potencia y un récord histórico de generación de 10,7 TWh en 2025, mientras prepara la reapertura de la mítica Atucha I. Entretanto, Brasil avanza en Angra 3 y su soberanía tecnológica, y Perú legisla para incorporar reactores modulares (SMR)
Las sequías extremas que recientemente han provocado apagones en Colombia, Ecuador y El Salvador han dejado al descubierto la vulnerabilidad de una región altamente dependiente de la hidroelectricidad. En este escenario de incertidumbre climática y ante la urgencia de alcanzar la descarbonización para 2050, el átomo ha dejado de ser un tabú para convertirse en una pieza estratégica. Tras décadas de estigmatización, el continente vive un "renacimiento nuclear", impulsado por la necesidad de fuentes de potencia firme que complementen a las renovables intermitentes.
Actualmente, solo tres países en la región (Argentina, Brasil y México) operan centrales nucleares, aportando en conjunto apenas el 1,9% de la energía eléctrica regional. Sin embargo, el dinamismo actual es inédito. Desde la COP28 en Dubái, donde se acordó triplicar la capacidad nuclear global, el interés se ha disparado, sumando a países como Brasil y Chile en nuevas alianzas internacionales.
“América Latina no puede seguir al margen de soluciones como la energía nuclear”. Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), subrayó recientemente el papel estratégico de la energía nuclear para diversificar las matrices energéticas y destacó el interés de países como Colombia. Para Grossi, en un contexto de restricciones fiscales y crisis de seguridad energética, esta forma de energía reaparece en la agenda latinoamericana como una fuente limpia y estable indispensable para la transición.
“La región es líder en materia de energías limpias y la nuclear contribuye en esa perspectiva”, afirma Andrés Rebolledo, secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE).
Andrés Rebolledo, OLACDE
Argentina abrió la primera central hace más de medio siglo
Argentina es, indiscutiblemente, el líder tecnológico de la región. Fue el pionero al encender la mítica Atucha I hace 51 años, y hoy mantiene ese estatus con una potencia instalada total de 1,75 GW (1.755 MW) a través de sus tres centrales: Atucha I, Atucha II y Embalse. Aunque su participación en el mix nacional (aprox. 8%) es destacable para la región, aún representa una fracción comparada con países como España, donde el aporte nuclear es cuatro veces superior.
No obstante, 2025 ha sido un año de hitos para la industria argentina. El país alcanzó un récord histórico de generación de 10.760.572 MWh, superando los valores de 2024 gracias al rendimiento óptimo de sus plantas operativas. Este dinamismo se sostiene en dos proyectos clave: la extensión de vida de Atucha I y el proyecto CAREM.
Tras finalizar su primer ciclo operativo en octubre de 2024, la central entra en un proceso de renovación técnica que asegurará su funcionamiento por 30 años más. Es un caso de éxito en gestión de activos que marca el ritmo para otros países que buscan extender la vida de sus plantas.
Argentina se sitúa en la vanguardia global con el diseño propio de este Reactor Modular Pequeño (SMR), en el marco del denominado proyecto CAREM. Al ser uno de los pocos desarrollos de este tipo en el mundo con alto grado de avance, posiciona al país como un exportador potencial de tecnología.
SMR CAREMComisión Nacional de Energía Atómica
Según fuentes oficiales, este primer prototipo de diseño íntegramente argentino, basado en seguridad pasiva y arquitectura modular integrada, ha sido concebido como un producto tecnológico con propiedad intelectual y proyección a múltiples aplicaciones energéticas.
A pesar de estas fortalezas, el sector enfrenta una tensión de fondo. El gobierno ha autorizado la privatización parcial (hasta el 49%) de Nucleoeléctrica Argentina (NASA) para atraer inversión privada y reducir la carga fiscal. No obstante, especialistas advierten sobre la necesidad de una política de Estado que garantice el financiamiento a largo plazo y evite la parálisis por ciclos políticos.
En Brasil, la energía nuclear es vista como una garantía de estabilidad. Con las centrales Angra 1 y 2 aportando el 2,5% de la electricidad nacional, el país utiliza esta fuente como "carga base" indispensable durante las crisis hídricas. El gran objetivo del gigante sudamericano es finalizar Angra 3, un proyecto que elevaría su capacidad nuclear a 3,4 GW.
La sala de control de la central nuclear Angra-1 en BrasilComissão Nacional de Energía Nuclear
Brasil destaca además por su soberanía tecnológica. Es uno de los pocos países que domina todo el ciclo del combustible, desde la extracción de uranio hasta el enriquecimiento en la planta de Resende. Recientemente, el país reafirmó su compromiso internacional al sumarse a la declaración para triplicar la potencia nuclear global para 2050.
Uno de los movimientos más sorpresivos y dinámicos ha ocurrido en Perú. El Congreso peruano aprobó recientemente una ley que permite incorporar los SMR como fuente de generación eléctrica. Esta decisión busca diversificar una matriz energética que, aunque cuenta con el reactor de investigación RP-10 para fines médicos desde hace 40 años, nunca había contemplado la energía atómica para uso comercial.
Los SMR son la "promesa tecnológica" para países como Perú o El Salvador. Al ser modulares, más económicos y requerir menor infraestructura de red, permiten una adopción más flexible que las grandes centrales tradicionales.
El Ministro de Defensa de Perú, Walter Enrique Astudillo y el presidente del Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), Rolando Páucar
“La ley permitirá fortalecer y diversificar nuestra matriz energética nacional y consolidar la seguridad y estabilidad del sistema eléctrico interconectado”, indicó Rolando Páucar, presidente del IPEN. Destacó, además, que la energía nuclear se caracteriza por ser una fuente estable, limpia y de bajas emisiones de carbono, lo que la convierte en una alternativa considerada en varias estrategias de transición energética.
El camino hacia la integración y los desafíos estructurales
A pesar del entusiasmo, el resurgir nuclear enfrenta barreras críticas. El financiamiento es el principal obstáculo: los proyectos nucleares son intensivos en capital y requieren décadas para amortizarse. En Argentina, la falta de consenso entre la Nación y las provincias sobre la ubicación de nuevas plantas genera incertidumbre jurídica. En Brasil, la coordinación administrativa entre la nueva Autoridad Nacional de Seguridad Nuclear (ANSN) y los organismos ambientales sigue siendo un cuello de botella.
Sin embargo, las señales de dinamismo son claras. Instituciones como el BID y la OIEA han firmado acuerdos para fortalecer marcos regulatorios y capacidades técnicas en la región. La percepción pública también está cambiando: de ser vista como una tecnología peligrosa, la nuclear empieza a percibirse como el socio necesario de la eólica y la solar para garantizar un suministro limpio y constante. Latinoamérica no solo está desempolvando sus planes nucleares; los está modernizando. Desde diversas realidades nacionales, la región busca en el átomo una respuesta a la crisis climática, desde la innovación y la seguridad. El reto será transformar este dinamismo legal y técnico en proyectos concretos que iluminen el futuro de un continente que ya no puede depender únicamente de que llueva.
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