La transición energética mundial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad medible. En 2025, los 38 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) registraron un hecho histórico: por primera vez, todos ellos produjeron menos electricidad a partir de combustibles fósiles que en sus años de máximo consumo, según Ember. El cambio marca el inicio de un declive estructural del carbón, el petróleo y, progresivamente, también del gas en las economías más desarrolladas del planeta.
La OCDE acelera el abandono de los combustibles fósiles mientras las renovables se consolidan como eje del sistema eléctrico
La generación de energía a partir de combustibles fósiles en la OCDE ha disminuido un 19% desde su máximo en 2007 y por primera vez se situó por debajo de su máximo en todos los países en 2025, según Ember.

Los datos muestran con claridad la magnitud de la transformación. Desde el pico alcanzado en 2007, la generación eléctrica basada en combustibles fósiles en la OCDE ha caído un 19%, pasando de 6.753 teravatios hora (TWh) a 5.440 TWh en 2025. En aquel año, las fuentes fósiles representaban el 63% de toda la electricidad producida por el bloque; hoy su participación se ha reducido al 48%, casi diez puntos por debajo del promedio mundial.

La caída más pronunciada corresponde al carbón, símbolo histórico de la industrialización y principal responsable de las emisiones del sector energético. En menos de dos décadas, la generación eléctrica con carbón se redujo un 53%, desde 3.853 TWh hasta 1.808 TWh. La producción basada en derivados del petróleo y otros combustibles fósiles también sufrió un fuerte retroceso del 63%.
El gas natural, sin embargo, siguió una trayectoria distinta. Su uso aumentó un 46% desde 2007, especialmente en Estados Unidos, donde sustituyó masivamente al carbón gracias al auge del gas de esquisto. De hecho, el 84% del crecimiento del gas dentro de la OCDE se concentró en territorio estadounidense. Aun así, la expansión gasista no logró compensar el desplome del carbón, lo que permitió una reducción neta de las emisiones.
Las renovables, motor del cambio
El verdadero motor de este cambio ha sido la expansión acelerada de las energías renovables. La generación solar y eólica creció en conjunto más de 2.100 TWh desde 2007, suficiente no solo para reemplazar la caída fósil, sino también para cubrir el incremento de la demanda eléctrica y compensar el descenso de otras fuentes como la nuclear o la hidroeléctrica.
El impacto climático es significativo. Las emisiones del sector energético en la OCDE disminuyeron un 28% desde 2007, equivalente a 1.477 millones de toneladas de CO2 evitadas. La reducción supera incluso el ritmo de caída de la generación fósil debido al retroceso especialmente acelerado del carbón, el combustible más contaminante.
Aunque el avance es generalizado, el ritmo de transición varía enormemente entre países. Algunas naciones ya han alcanzado sistemas prácticamente libres de combustibles fósiles. Islandia y Costa Rica producen electricidad sin recurrir al carbón, el petróleo ni el gas, apoyadas en abundantes recursos hidroeléctricos y geotérmicos. Suecia, Suiza y Finlandia están muy cerca de completar ese proceso, con menos del 5% de su electricidad procedente de fuentes fósiles.
Finlandia y Dinamarca destacan entre los casos más exitosos de transformación energética. Finlandia redujo un 91% su generación fósil desde 2003, mientras la energía eólica pasó de ser marginal a representar el 28% de su matriz eléctrica. Dinamarca, pionera de la energía eólica, disminuyó un 94% su producción fósil desde los años noventa, hasta situarla en apenas el 9% del total eléctrico.
El abandono del carbón se ha convertido en uno de los indicadores más visibles de la transición. Un tercio de los países de la OCDE ya no utiliza este combustible para producir electricidad. Finlandia cerró su última central de carbón en abril de 2025, sumándose a una lista en la que también figuran Estonia, Costa Rica y Lituania. España, Francia e Irlanda están a punto de eliminarlo por completo.
La dependencia fósil sigue siendo elevada en grandes economías
Sin embargo, la dependencia fósil sigue siendo elevada en varias grandes economías. En 2025, once países aún obtenían más de la mitad de su electricidad de combustibles fósiles. Israel encabeza la lista con un 83%, seguido por México, Polonia, Japón, Australia, Corea del Sur y Estados Unidos. Estos países afrontan ahora el reto más complejo: sustituir sistemas eléctricos construidos durante décadas alrededor del carbón y el gas.
Pese a ello, las perspectivas apuntan a una caída continuada de los combustibles fósiles en los próximos años. Cerca del 80% de los miembros de la OCDE ya han anunciado planes para eliminar progresivamente el carbón o completar su abandono. Incluso en países sin fechas oficiales, la rápida expansión renovable está reduciendo su dependencia.
Australia, históricamente ligada al carbón, planea alcanzar un 82% de generación renovable para 2030. Algunos territorios ya muestran el potencial de esta transformación: Australia Meridional obtiene actualmente cerca de tres cuartas partes de su electricidad de la energía solar y eólica.
En Estados Unidos, la transición avanza impulsada por políticas estatales más ambiciosas que las federales. California se ha propuesto alcanzar un sistema 100% renovable en 2045, mientras otros estados como Minnesota o Connecticut fijaron objetivos similares para 2040.
La competitividad económica de las renovables explica buena parte de esta aceleración. La energía solar y eólica ya son significativamente más baratas que las centrales de gas de ciclo combinado. En 2025, el coste promedio de producir electricidad solar se situó en 39 dólares por megavatio hora, frente a los 102 dólares del gas. Incluso la eólica marina, tradicionalmente más costosa, ha alcanzado prácticamente la paridad.
La caída del precio de las baterías refuerza aún más esta tendencia. Los sistemas híbridos de energía solar con almacenamiento cuestan ya casi la mitad que la generación eléctrica basada en gas. La transición energética, por tanto, ya no responde únicamente a razones climáticas, sino también a criterios económicos y de seguridad energética.
Las renovables superan al carbón
El fenómeno se extiende más allá de las economías desarrolladas. A escala mundial, 2025 marcó otro hito histórico: por primera vez en más de un siglo, las energías renovables superaron al carbón en participación dentro de la generación eléctrica global. La energía solar y eólica cubrieron prácticamente todo el crecimiento de la demanda mundial durante el año.
China e India, dos gigantes energéticos tradicionalmente dependientes del carbón, registraron también descensos en su generación fósil. En China, la producción eléctrica basada en combustibles fósiles cayó un 0,9%, mientras la generación solar se disparó un 40%. India redujo un 3,3% su generación fósil tras un fuerte crecimiento renovable.

Lo más relevante es que ambos países parecen estar saltándose la transición intermedia hacia el gas natural y avanzando directamente desde el carbón hacia las energías renovables. Este cambio podría redefinir el futuro energético mundial y acelerar el descenso global de emisiones.
Latinoamérica y el Caribe siguen una tendencia similar. Desde 2015, la generación fósil regional cayó un 16%, mientras la producción solar y eólica aumentó lo suficiente para cubrir el crecimiento de la demanda eléctrica.
El panorama que emerge en 2025 refleja un cambio estructural profundo. La energía fósil ya no domina de forma incontestable el sistema eléctrico mundial. Las renovables se han convertido en la opción más competitiva y están transformando el modelo energético tanto en economías avanzadas como emergentes. La transición aún enfrenta desafíos técnicos, políticos y sociales, pero los datos muestran que el declive de los combustibles fósiles ha dejado de ser una hipótesis para convertirse en una tendencia irreversible.
No hay comentarios








Deja tu comentario
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Todos los campos son obligatorios