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La operación de EEUU en Venezuela tensa el abastecimiento y las finanzas de Beijing

La abrupta desaparición del "corredor venezolano" lanza a China una triple encrucijada: la posible pérdida de miles de millones en inversiones (cerca de 2.100 millones de dólares desde 2016), la búsqueda urgente de un sustituto para las 470,000 barriles diarios de crudo pesado y barato que alimentaban a sus refinerías, y el escalofrío geopolítico de que ningún socio energético está a salvo de una intervención

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En la tarde del viernes 2 de enero, el diplomático chino Qiu Xiaoqi intercambiaba obsequios y sonrisas con el presidente Nicolás Maduro en el palacio de Miraflores. Horas después, Maduro era capturado por fuerzas estadounidenses. Este acontecimiento, que marca un punto de no retorno en la política internacional, busca mucho más que un cambio de régimen forzado. Es un golpe estratégico, indirecto pero profundamente calculado, al núcleo económico de China: su seguridad energética, el costo de su refinación y la confiabilidad de sus redes comerciales que operaban al límite de las sanciones.

El corredor energético que se esfumó

La relación energética entre China y Venezuela no se forjó por afinidad ideológica, sino por una fría conveniencia estratégica. Cuando las sanciones occidentales cerraron los mercados tradicionales a Caracas, el país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo volvió su mirada al único comprador con la capacidad técnica para procesar su crudo extra-pesado y la tolerancia política para asumir el riesgo: China. Así nació un modelo simbiótico único. Parte del flujo de petróleo funcionaba como comercio convencional, y otra parte crítica operaba bajo un complejo mecanismo de "petróleo por pago", destinado a saldar servicios, compras y, de manera fundamental, el servicio de una deuda colosal contraída con Beijing.

Este corredor se convirtió en un salvavidas para Venezuela y en una fuente de crudo con descuento sustancial para China. Según datos de Reuters, Beijing importaba aproximadamente 470,000 barriles por día de crudo venezolano a finales de 2025, lo que constituía cerca del 4.5% de sus importaciones marítimas totales.

Para las refinerías independientes chinas, especializadas en procesar hidrocarburos complejos, el crudo Merey de Venezuela era insustituible para la producción de asfaltos y productos para la construcción. La operación estadounidense no solo interrumpe este flujo, sino que invalida de facto los acuerdos firmados bajo el mandato de Maduro, dejando a los buques tanque que hacían esta ruta en un limbo legal y financiero.

China es el mayor importador de petroleo venezolano (millones de barriles diarios)

Imagen: Kpler

La Deuda Petrolera en Juego

La dimensión financiera de esta relación es monumental y su futuro, ahora, es una incógnita. Al principio del siglo XXI, la economía china crecía a un ritmo voraz que demandaba cantidades ingentes de energía. Venezuela, bajo el liderazgo de Hugo Chávez, buscaba desesperadamente diversificar sus socios y acceder a financiamiento. Así, China prometió más de 100,000 millones de dólares en financiamiento a cambio de petróleo. Según los cálculos del instituto AidData, el monto total de los préstamos chinos a Venezuela desde el año 2000 asciende a 106,000 millones de dólares. Como dijo el propio Chávez en 2010, Venezuela pagaría con "todo el petróleo que China necesita para su crecimiento y consolidación como potencia".

Este esquema de "préstamos por petróleo" funcionó mientras los precios del crudo fueron altos. Sin embargo, contenía una debilidad estructural. Según este acuerdo de préstamo se debían aceptar las cantidades de petróleo en la deuda original y cuando los precios se desplomaron, Venezuela tuvo que enviar volúmenes físicamente mayores de crudo para cubrir el mismo monto en dólares, saturando su capacidad logística y ahondando su crisis productiva.

En 2016, Nicolás Maduro observa a Wang Yilin de CNPC (izquierda) y el ministro de Petróleo de Venezuela, Eulogio del Pino (derecha) en la firma de un acuerdo en Caracas. Imagen: Palacio Miraflores/Reuters

Las sanciones estadounidenses de 2017 fueron el golpe de gracia para este frágil equilibrio. Actualmente, se estima que la deuda pendiente ronda los 10,000 millones de dólares. La captura de Maduro y la declaración del secretario de Estado Marco Rubio, afirmando que las fuerzas militares impedirán la entrada y salida de buques tanque en listas de sanciones, congela cualquier posibilidad de continuar con este esquema de pagos, poniendo en serio riesgo la recuperación de esos fondos por parte de Beijing.

Primas de Riesgo y Refinerías en Aprietos

Para China, el impacto inmediato trasciende la geopolítica y se materializa en costos operativos tangibles y disrupciones industriales. La incertidumbre política añade una nueva y peligrosa prima de riesgo a una cadena de suministro ya de por sí compleja. Los fletes y seguros para el transporte de crudo se dispararán. Las refinerías chinas, especialmente las independientes ("teapots") que son las principales consumidoras del crudo venezolano, ahora deben buscar sustitutos en un mercado donde el crudo pesado con descuento no abunda.

Alternativas como los crudos pesados de Canadá, México o Oriente Medio son significativamente más caras y carecen de las propiedades químicas específicas del Merey venezolano, cruciales para ciertos productos especializados. Esta búsqueda forzosa alterará los márgenes de refinación y podría encarecer una cadena de valor que depende de la energía barata. Además, el bloqueo naval estadounidense ya está mostrando efectos en los precios: según reportó Bloomberg este martes, el descuento del crudo venezolano insignia Merey frente al Brent se ha reducido, pasando de 15 dólares por barril el mes pasado a 13.

Paralelamente, las gigantescas inversiones chinas en el sector "upstream" venezolano quedan en suspenso. Compañías estatales como CNPC y Sinopec controlan empresas mixtas con derechos sobre campos que albergan reservas de 1,600 y 2,800 millones de barriles, respectivamente. Desde 2016, inversores chinos han vertido 2,100 millones de dólares en el sector petrolero venezolano, siendo de los últimos actores extranjeros en permanecer. El futuro de estos activos bajo un nuevo gobierno alineado con Washington es profundamente incierto.

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Beijing responde con un silencio estratégico y un colchón temporal

Frente a este desafío, China ha optado por una respuesta mesurada pero firme en el ámbito diplomático. El canciller Wang Yi condenó la acción estadounidense, declarando que "ningún país puede actuar como si fuera el policía mundial o un juez internacional". Esta postura defiende no solo a un aliado, sino el principio de no intervención que Beijing considera fundamental para proteger sus intereses globales.

Esta visión choca frontalmente con la justificación pública de Washington. En declaraciones a este periódico, Alejandro López, director de Descifrando la Guerra, afirma que la narrativa de Trump del petróleo robado por el chavismo "es sencillamente falsa. De nuevo es un pretexto para intervenir, como podrían hacer en cualquier Estado donde hubieran tenido intereses económicos en el pasado, ya que la nacionalización del petróleo venezolano se llevó a cabo en los años 70 con Carlos Andrés Pérez, no durante el chavismo, que solo revirtió algunas aperturas que tuvieron lugar durante los años 90.”

Subraya que Chávez apostó por un control centralizado del valor de PDVSA para financiar la política social que caracterizó su cambio de régimen a través de la renta petrolera. Según López, “el destino de los recursos nacionales es una decisión soberana que cada país puede ejercer, del mismo modo que Estados Unidos no permitiría que sus recursos acabasen en manos chinas."

Alrededor de 82 millones de barriles de crudo, una parte importante de origen venezolano, están actualmente almacenados en buques que permanecen a la deriva frente a las costas de China y Malasia, de acuerdo con la firma Kpler. Esta reserva flotante puede amortiguar el impacto inmediato en el suministro. Además, es probable que Beijing intensifique sus esquemas de evasión de sanciones, utilizando buques que navegan "a oscuras" (sin señal de identificación). Sin embargo, estas son soluciones costosas, inseguras y no escalables a largo plazo.

Un nuevo orden energético de alto riesgo

Para Estados Unidos, el objetivo declarado es revitalizar la industria petrolera venezolana para abastecer sus refinerías en el Golfo, diseñadas específicamente para crudo pesado, y así abaratar la energía doméstica. En teoría, esto podría desviar el flujo de crudo barato, imponiendo un costo energético a su principal rival geoeconómico. Sin embargo, los expertos son escépticos: la infraestructura venezolana está tan degradada que cualquier recuperación requerirá miles de millones de dólares y años de trabajo, un horizonte lejano para los mercados.

Rusia e Irán, aliados clave de Maduro, pierden un socio estratégico en la evasión de sanciones y un punto de apoyo en el patio trasero estadounidense. Pero quizás la consecuencia más profunda sea la normalización de la fuerza bruta en la competencia por los recursos. Trump ha roto un tabú al capturar a un jefe de estado en ejercicio. Este precedente debilita los argumentos de soberanía que Occidente ha esgrimido, por ejemplo, para disuadir una acción china sobre Taiwán. Se instaura así una era de mayor imprevisibilidad, donde los activos energéticos en el extranjero no están garantizados por contratos, sino por la voluntad política y el poder militar de las grandes potencias.

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