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La recuperación del petróleo y gas en Oriente Medio será lenta pese al alto el fuego

La logística marítima a través del estrecho de Ormuz limitará durante semanas la reactivación de 11 millones de barriles diarios de producción paralizada, según Woodmac

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La reactivación de los 11 millones de barriles diarios de producción de petróleo actualmente detenidos en Oriente Medio dependerá, en primer lugar, de la normalización de las exportaciones, según la consultora Wood Mackenzie.

El Estrecho de Ormuz sigue siendo un punto crítico de suministro de petróleo
En 2024, el flujo de petróleo a través del estrecho promedió 20 millones de barriles diarios (b/d), el equivalente a aproximadamente el 20 % del consumo mundial de líquidos de petróleo.

Primera fase: el cuello de botella logístico

En la etapa inicial, el principal obstáculo no será la capacidad productiva, sino el transporte marítimo. La recuperación exige restablecer un sistema operativo fiable en el estrecho de Ormuz, donde la seguridad de los buques, la disponibilidad de seguros y la confianza de navieras y financiadores resultan esenciales.

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Se traducirá en mayores costes de componentes y materias primas, plazos de entrega más extensos y posibles problemas de abastecimiento.

El tránsito sostenido de petroleros —tanto de salida, cargados de crudo, como de entrada, vacíos para nuevas cargas— será clave para reactivar el flujo hacia los mercados globales. Sin embargo, persisten dudas sobre la velocidad a la que podrán reanudarse estos movimientos sin riesgos, especialmente ante la fragilidad del alto el fuego.

Los buques vacíos, además, podrían retrasar su entrada en la región ante el temor de quedar atrapados si se reanudan las hostilidades. A ello se suma la limitación en la capacidad de carga en terminales portuarias, que impide trasladar de forma inmediata los inventarios almacenados en tierra.

Segunda fase: vuelta gradual de la producción

A medida que aumenten las exportaciones, la liberación de espacio en almacenamiento permitirá retomar la producción y el refinado. No obstante, la capacidad de almacenamiento varía significativamente entre países: desde aproximadamente un mes en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, hasta menos de dos semanas en Irak y Kuwait.

En una primera etapa, los grandes yacimientos podrán responder con rapidez a la demanda de exportación. Sin embargo, una vez superados los cuellos de botella logísticos, aflorarán las limitaciones propias de cada país en el ámbito productivo.

Incluso en condiciones normales, algunos productores —como Irak— podrían tardar entre seis y nueve meses en recuperar sus niveles previos, debido a la complejidad de los yacimientos y a restricciones técnicas y de recursos.

En otros casos, aunque la infraestructura de extracción no haya sufrido daños significativos, los centros de consumo interno, como refinerías, podrían requerir reparaciones, lo que ralentizaría la recuperación total.

Riesgos y oportunidades

La reanudación de la producción no estará exenta de problemas. Fallos técnicos, daños en pozos o complicaciones operativas podrían surgir al reactivar instalaciones tras semanas de inactividad.

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El corte de suministro implicaría una bajada del almacenamiento energético del 14% para el sistema europeo, restando unos 45 TWh mensuales, sumándole a ello las pérdidas del mercado spot.

No obstante, la interrupción también deja algunos efectos positivos: por un lado, proporciona datos valiosos para optimizar la gestión de los yacimientos; por otro, permite la recuperación de presiones internas, lo que podría facilitar la producción en la fase de arranque.

Aun así, los expertos advierten de los riesgos de acelerar en exceso la recuperación. Forzar un retorno rápido a los niveles previos podría provocar daños estructurales a largo plazo en los activos energéticos.

Gas: impacto limitado a corto plazo

En el mercado del gas, el alto el fuego tiene un efecto bajista sobre los precios, aunque por ahora no se han producido cambios estructurales en la oferta de gas natural licuado (GNL).

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Wood Mackenzie cree que la demanda de GNL en el sur de Asia podría ser entre 2 y 3 millones de toneladas (Mt) menor hasta el tercer trimestre de 2026, lo que obligaría a afrontar mayores costes energéticos y racionamiento industrial.

La tregua podría permitir la salida de varios cargamentos atrapados en el Golfo, aliviando parcialmente la presión sobre el mercado global. Sin embargo, una recuperación real del suministro dependerá de la reactivación de las plantas de licuefacción en Qatar, un proceso que podría prolongarse varios meses.

En Emiratos Árabes Unidos, la infraestructura de gas doméstico ha sufrido daños más severos que la del petróleo, lo que anticipa una recuperación más lenta y posibles ajustes en el suministro interno.

En conjunto, aunque el alto el fuego abre la puerta a una reactivación progresiva del sector energético en la región, los expertos coinciden en que el retorno a la normalidad será gradual, desigual y condicionado por múltiples factores logísticos y técnicos.

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