Ningún comentario Cuando llegó el momento de decidir qué quería estudiar, tuve pocas dudas. Desde pequeña me sentía mucho más cómoda entre números que entre letras. Las matemáticas, el dibujo técnico o la informática despertaban mi curiosidad de una forma natural. Me gustaba entender cómo funcionaban las cosas, resolver problemas y encontrar respuestas. Por eso, cuando tuve que elegir una carrera universitaria, sabía que tenía que ser una disciplina STEM y me decanté por Ingeniería Electrónica y Automática Industrial.
No fue un camino especialmente sencillo. Como muchas mujeres que han desarrollado su carrera en ámbitos científicos o tecnológicos, pronto descubrí que la presencia femenina era minoritaria. Lo era en las aulas y también lo era después en el entorno profesional. Sin embargo, nunca encontré una razón objetiva que justificara esa diferencia. El talento, la capacidad de aprendizaje o la habilidad para resolver problemas nunca han entendido de género.
Aun así, la realidad sigue mostrando una brecha evidente y merece la pena, justo en la semana del Día Internacional de la Mujer Ingeniera, reflexionar sobre esa disparidad. Según los datos del Proyecto Mujer e Ingeniería de la Real Academia de Ingeniería, menos de una cuarta parte de las personas matriculadas en estudios de ingeniería son mujeres. Una cifra que invita a reflexionar, especialmente en un momento en el que la sociedad necesita más profesionales técnicos que nunca para afrontar desafíos tan complejos como la digitalización, la reindustrialización o la transición energética.
El problema no está en la capacidad. Cada vez existen más evidencias de que la diferencia tiene mucho más que ver con factores culturales y de percepción que con el talento. Diversos estudios muestran que las niñas comienzan a construir una autopercepción menos favorable hacia disciplinas como las matemáticas desde edades muy tempranas. El informe Autopercepción y afección hacia las matemáticas, elaborado por EsadeEcPol, señala que ya en cuarto de Primaria las niñas tienen una probabilidad significativamente menor que los niños de considerar las matemáticas su asignatura favorita o de percibirse como buenas en ellas.
Son diferencias pequeñas cuando se analizan de forma aislada, pero que se van acumulando con el tiempo hasta condicionar decisiones académicas y profesionales. Durante años hemos transmitido, muchas veces de forma inconsciente, la idea de que ciertas capacidades están más asociadas a unos perfiles que a otros. Y eso limita vocaciones que nunca deberían haberse descartado.
El sector energético: el espacio que debe dar alas a las mujeres ingenieras
La buena noticia es que podemos cambiar esa realidad. Y el sector energético tiene una enorme responsabilidad –y capacidad- para hacerlo. Las energías renovables representan una de las grandes transformaciones industriales de nuestro tiempo. Estamos redefiniendo la forma en que producimos, almacenamos y consumimos energía. Estamos incorporando nuevas tecnologías, digitalizando infraestructuras y construyendo modelos energéticos más sostenibles, resilientes y eficientes.
Todo ello exige perfiles técnicos altamente cualificados, algo que obligatoriamente debe de incluir todo el talento y todas las perspectivas disponibles, muy en especial aquellas que tradicionalmente han estado menos representadas, como las femeninas.
La transición energética no solo necesita infraestructuras. Hacen fala equipos capaces de analizar los desafíos desde perspectivas diferentes y personas con experiencias diversas que contribuyan a encontrar soluciones más completas e innovadoras. Cuando los equipos son más diversos, la capacidad para adaptarse a entornos complejos y cambiantes también aumenta. Por eso, impulsar el talento femenino en carreras STEM no es únicamente una cuestión de igualdad de oportunidades. Es también una cuestión de competitividad.
Formación, responsabilidad y casos de éxito
A menudo se habla de la importancia de visibilizar a las mujeres en sectores tradicionalmente masculinizados. Sin duda, es necesario. Pero el verdadero cambio no llegará porque aparezcan más mujeres en campañas publicitarias o fotografías corporativas. Llegará cuando las mujeres ocupen puestos de responsabilidad, participen en la toma de decisiones estratégicas y se conviertan en referentes visibles para las nuevas generaciones.
La normalidad llegará cuando deje de ser noticia que una mujer dirija una división técnica, una planta industrial, una operación compleja o una compañía energética. Cuando las niñas puedan imaginarse en esos puestos sin que nadie les diga que son una excepción.
En mi caso, cuando llegué al sector energético, las renovables todavía eran una industria emergente. Estar rodeada mayoritariamente de hombres no me resultaba extraño porque era una situación que ya había vivido durante la etapa universitaria. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes profesionales y de comprobar cómo el sector ha evolucionado durante estos años.
Irene Marchante Patiño es Global Commercial Wind Director de Solarig.
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