Cuando hablamos de la huella energética de la inteligencia artificial, la pregunta suele plantearse de forma sencilla: ¿cuánta electricidad consume la IA? Sin embargo, esa es solo una parte del debate. El verdadero reto no es el volumen total de energía que demandará, sino cómo, dónde y con qué intensidad se concentrará esa demanda. Ahí es donde deja de ser una cuestión tecnológica para convertirse en un problema estructural del sistema eléctrico.
Las previsiones globales ya apuntan a un cambio de escala. La Agencia Internacional de la Energía estima que el consumo eléctrico de los centros de datos podría más que duplicarse de aquí a 2030, impulsado en gran parte por la IA. Pero más allá de los teravatios hora anuales, lo que realmente tensiona el sistema es la densidad de potencia: los nuevos racks de IA multiplican la potencia por unidad de espacio frente a los centros de datos tradicionales, exigiendo conexiones eléctricas mucho más robustas y sistemas de refrigeración cada vez más complejos. Además, esta demanda no se distribuye de forma homogénea, sino que se concentra en puntos muy concretos del territorio, generando auténticos “puntos calientes” en la red.
Esta concentración pone de manifiesto un desajuste de fondo entre dos mundos que avanzan a velocidades muy distintas. El mundo digital puede planificar y desplegar infraestructuras en pocos años; el mundo eléctrico, especialmente en lo que respecta a la red, necesita mucho más tiempo. Reforzar una subestación, ampliar una línea o habilitar un nuevo nodo puede requerir años de tramitación, inversión y obra civil. Y la demanda no espera.
Tensión
España es un buen ejemplo de esta tensión. En 2024, el sistema eléctrico recibió 67,2 GW de solicitudes de acceso y conexión, de las que solo un 9% fueron concedidas. El caso de los centros de datos es aún más extremo: concentraron 19,3 GW de demanda y apenas un 2% obtuvo conexión. En la práctica, el sistema eléctrico no puede absorber hoy la mayor parte de la nueva demanda digital.
Este bloqueo no es casual. Los mapas de capacidad muestran que el 83,4% de los nodos de la red de distribución en España ya están saturados, lo que revela el verdadero cuello de botella. No se trata solo de transporte o generación, sino de una red que no está dimensionada para absorber a la vez electrificación, renovables y el rápido auge de la IA. Sin inversión sostenida en red, conectar nueva industria, almacenamiento o grandes cargas digitales es inviable en muchas zonas.
Ante este escenario, la reacción de la industria es pragmática. Cuando conectarse a la red se convierte en una incógnita de plazos y riesgos, ganan peso los modelos de centros de datos con mayor autonomía energética: generación propia, microredes, co-localización con renovables y sistemas de almacenamiento. El objetivo no es desconectarse del sistema, sino reducir la dependencia de los corredores más congestionados.
Fuentes estables
En paralelo, vuelve con fuerza el debate sobre las fuentes de energía estables y continuas. El boom de la IA está reabriendo el interés por la energía nuclear, especialmente por los reactores modulares pequeños (SMR), como vía para garantizar electricidad limpia y predecible. Sin embargo, es poco realista pensar que los SMR vayan a resolver los retos de aquí a 2030.
Reducir el debate a que “la IA consume demasiado” es quedarse a medio camino. La IA también puede ser parte de la solución. En un sistema cada vez más renovable, el reto no es solo generar energía, sino operarla mejor: anticipar congestiones, optimizar flujos y gestionar la flexibilidad.
Parte de la demanda digital puede desplazarse en el tiempo y adaptarse a la disponibilidad energética, actuando como un activo flexible. Además, la IA acelera la innovación en materiales, baterías y procesos industriales, acortando los ciclos de I+D.
La cuestión clave no es si la IA consumirá más energía, sino si sabremos integrar ese crecimiento en un sistema eléctrico en transformación. El límite no es solo la generación, sino la red y cómo la utilizamos. En esta intersección entre red, flexibilidad, almacenamiento y digitalización aplicada es donde ERIA trabaja para pilotar soluciones reales, escalar innovación y asegurar que la inteligencia artificial sea una oportunidad para la transición energética, y no su próximo freno.
Escribe Josep Solé, director de la filial de corporate venturing de Estabanell (Eria)






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