El Día Mundial de la Eficiencia Energética nos impulsa a reflexionar sobre nuestro modelo energético en el marco de los ambiciosos objetivos de la Unión Europea, que aspira a alcanzar la neutralidad de carbono en 2050. Este reto global requiere transformar la producción y los patrones de consumo energético en numerosos sectores de la sociedad, estableciendo nuevos procesos y usos para la electricidad y los combustibles limpios.
Europa se encuentra en un momento decisivo donde la transición hacia la sostenibilidad energética ha dejado de ser únicamente una responsabilidad climática para convertirse en una cuestión vital de autonomía estratégica y supervivencia económica. Alcanzar el equilibrio entre la descarbonización, la seguridad de suministro y la competitividad industrial es hoy la máxima prioridad del continente.
España está ante una oportunidad histórica, que no es otra que liderar la gran transición energética de nuestros días dentro de la Unión Europea. La apuesta por la descarbonización, la eficiencia energética y el desarrollo de una industria verde apoyada en energías renovables más autóctonas, más locales, y más competitivas. El trinomio sostenibilidad, seguridad y competitividad, se convierte en vectores estratégicos para promover la autonomía energética del país.
Oportunidad histórica
Nuestro país, tiene la oportunidad de liderar esta transición y su éxito pasa necesariamente por la concreción de medidas para alcanzar resultados tangibles. A pesar de ser líderes en producción renovable, la dependencia de redes tradicionales y combustibles fósiles enfatiza la necesidad de garantizar una estabilidad de precios para impulsar nuestra economía. La solución definida en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030, el plan de acción de nuestra autonomía energética, para alcanzar un 81% de electricidad renovable para 2030 no es solo un objetivo ecológico; es, en mi opinión, el mecanismo que nos permitirá alcanzar una verdadera soberanía basada en fuentes locales.
Esta transformación es, además, el eje principal para la reindustrialización. Para competir a nivel global, nuestro tejido empresarial necesita un suministro de energía estable y garantizado. La descarbonización industrial mediante el despliegue de energía limpia y local (solar fotovoltaica, biomasa o geotermia, entre otras) no debe verse como un coste, sino como la inversión más directa en competitividad y cumplimiento de políticas como el Pacto Verde Europeo y REPowerEU.
Sin embargo, considero que uno de los principales motores de esta transición energética se encuentra en el ámbito local. La descarbonización se hace tangible en nuestros municipios, y es vital que este proceso sea inclusivo, considerando que más del 80% de ellos tiene menos de 5.000 habitantes. Es en el consumo municipal donde reside la palanca de cambio más potente.
Si analizamos los datos, el alumbrado público —entre el 40% y el 60% del consumo municipal— ofrece la oportunidad más rápida. La migración a tecnología LED, junto con sistemas de telegestión, ofrece ahorros de hasta el 70% con un retorno de la inversión garantizado. Con un 60-70% de los 8,8 millones de puntos de luz en España aún por renovar (según IDAE), el potencial es innegable.
Servicios energéticos
En los edificios, las actuaciones de eficiencia energética pasan por la mejora de iluminación, climatización y, fundamentalmente, por la incorporación de energías renovables como el autoconsumo colectivo fotovoltaico como solución prioritaria. Es imprescindible impulsar la capacitación técnica e informar sobre la amplia gama de soluciones y de financiación a su alcance.
Y es precisamente en este punto donde la figura de la Empresa de Servicios Energéticos (ESE), como Veolia, cobra un valor estratégico esencial. La visión del Grupo es convertirse en el socio a largo plazo de los ayuntamientos gracias a su conocimiento técnico, capacidad de inversión y experiencia para impulsar un modelo más sostenible combinando eficiencia energética, renovables y economía circular.
En definitiva, España tiene la oportunidad de consolidarse como una potencia sostenible y autónoma dentro de la Unión Europea. El camino pasa por una colaboración público-privada efectiva y por dotar a nuestros municipios de las herramientas necesarias para liderar este cambio. Estoy convencida de que, con un enfoque local, podemos construir un futuro más competitivo, resiliente y, sobre todo, sostenible.
Aránzazu Martín es directora de Desarrollo de Nuevos Mercados en Veolia España






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