El conflicto armado en Irán ha devuelto la volatilidad del petróleo al centro del debate energético europeo y, de paso, ha puesto en evidencia la distinta vulnerabilidad de los conductores según el tipo de vehículo que utilizan. Con el barril de Brent rebasando la barrera de los 100 dólares tras las tensiones en el Estrecho de Ormuz, los costes de repostaje se han disparado para los coches de gasolina y diésel, mientras que el impacto sobre los vehículos eléctricos permanece mucho más contenido.
Los eléctricos, los únicos beneficiados de la guerra de Irán y la subida de la gasolina
El repunte del precio del petróleo por la guerra de Irán amenaza con disparar el coste de uso de los coches de combustión en Europa, mientras los eléctricos quedan mucho más protegidos frente al shock energético


Según un análisis de Transport & Environment, una prolongación del actual episodio de precios elevados del crudo podría traducirse en un incremento del coste de uso para los turismos de gasolina hasta cinco veces superior al que sufrirán los eléctricos en la Unión Europea. La organización parte de escenarios de referencia con el barril en torno a los 100 dólares, niveles que recuerdan a los observados tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.
T&E ya estimó que, con un petróleo estabilizado en ese entorno de precios, los conductores europeos podían llegar a pagar de media unos 220 euros adicionales al año en combustible, tomando como base los patrones de consumo registrados durante el último gran shock petrolero. Extrapolando esos datos, se calcula que la factura agregada por las importaciones de petróleo para coches en la UE ascendió a 67.000 millones de euros en el último ejercicio, una cifra que ilustra hasta qué punto la movilidad basada en combustibles fósiles expone a las economías europeas a la inestabilidad geopolítica.

En el plano microeconómico, el diferencial entre tecnologías se aprecia con claridad cuando se compara el coste por cada 100 kilómetros recorridos. Diversas estimaciones apuntan a que, con el crudo por encima de los 100 dólares, conducir un turismo de gasolina medio en Europa se sitúa ya en el entorno de los 14 euros por 100 kilómetros, frente a unos 6–7 euros por cada 100 kilómetros en el caso de un eléctrico recargado a tarifas domésticas o con precios regulados. La subida del petróleo se traslada con rapidez a los surtidores, mientras que la electricidad, al proceder de una matriz cada vez más diversificada, amortigua mejor los vaivenes del mercado internacional de crudo.
Ventaja estratégica de los eléctricos

Esta diferencia de sensibilidad también se aprecia cuando se amplía la escala al ámbito empresarial. En el caso de las flotas corporativas, que recorren muchos más kilómetros al año que un usuario particular, el análisis de T&E cifran los sobrecostes mensuales adicionales por vehículo de combustión en varias decenas de euros si se mantiene el escenario actual de precios del petróleo.
Los vehículos eléctricos integrados en esas mismas flotas verían incrementarse sus costes de energía de forma mucho más moderada, lo que refuerza el atractivo de la electrificación como herramienta de gestión de riesgos frente a la volatilidad del crudo. La guerra ha provocado ataques a infraestructuras energéticas clave y ha tensionado el Estrecho de Ormuz, paso estratégico por el que circula una parte sustancial del petróleo y el gas que se exportan desde Oriente Medio.
Fuentes como la Agencia Internacional de la Energía señalan que la actual crisis podría convertirse en una de las mayores disrupciones de suministro de la historia reciente del petróleo si se prolonga, con un impacto directo en el precio de la gasolina y el diésel en todo el mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, el precio medio de la gasolina se ha aproximado de nuevo a máximos de 2023, mientras que en Europa las subidas ya se dejan notar en las estaciones de servicio.
Este escenario tiene consecuencias directas para la industria del automóvil. Informes como el de S&P Global Mobility advierten de que el aumento de los costes energéticos y logísticos derivado del conflicto en Irán puede presionar los márgenes de los fabricantes, especialmente en los segmentos más intensivos en combustible y transporte. Al mismo tiempo, la expectativa de precios elevados y volátiles para la gasolina y el diésel refuerza la lógica económica de la electrificación, tanto para flotas como para clientes particulares, y podría acelerar la demanda de vehículos eléctricos si la tensión se mantiene.
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