La cogeneración ha dejado de ser un asunto técnico para convertirse en un problema de país. Ese fue el mensaje central que trasladaron las patronales industriales cogeneradoras durante la presentación del Balance Energético 2025 y Perspectivas 2026, organizada por el Club Español de la Energía, donde el presidente de ACOGEN, José Ignacio Castillo, expuso un diagnóstico poco habitual por su alcance: la pérdida simultánea de eficiencia energética y competitividad industrial.
“La cogeneración no es solo una tecnología energética. Es una infraestructura industrial estratégica que refuerza el país. Y hoy está en riesgo real de desaparecer”, advirtió en su intervención ante representantes de las administraciones públicas y del sector energético.
El sector llega a este punto tras un ajuste acelerado en los últimos años. España ha perdido el 50% de su cogeneración industrial desde 2019, pasando de representar el 12% de la electricidad nacional a apenas el 6%. La mitad de las plantas están hoy paradas.
Pero más allá de esta cifra, el mensaje de fondo fue otro: no se trata solo de una reducción de capacidad, sino de un cambio en el funcionamiento del sistema energético. Según ACOGEN, la salida de la cogeneración —una tecnología eficiente, distribuida y vinculada a la industria—está siendo compensada por una mayor presencia de ciclos combinados que actúan como respaldo, pero con un mayor consumo energético.
“Estamos perdiendo eficiencia energética, competitividad industrial y debilitando la operación del sistema eléctrico al mismo tiempo”, resumió el presidente de la patronal, en una de las ideas que vertebraron su intervención.
La situación se ha agravado en 2026, con una caída adicional del 37% en la producción en el primer trimestre. En este contexto, el sector apunta también a la volatilidad de los mercados energéticos, aunque evita poner el foco en este factor y centra su mensaje en la necesidad de reactivar el marco inversor.
Consecuencias del declive de la cogeneración
Para las industrias intensivas en energía —papel, cerámica, alimentación, química o refino— el impacto ya es tangible. Las empresas cogeneradoras han perdido unos 1.500 millones de euros anuales en facturación energética, lo que erosiona directamente su competitividad.
El deterioro no se limita al plano económico. La patronal advirtió también de efectos sobre el propio sistema energético: una reducción de la seguridad de suministro equivalente al 30% de la producción nuclear, un aumento del consumo de gas del 4% y un incremento de las emisiones de CO₂ de tres millones de toneladas anuales.
“Lo que estamos viendo es un sistema que necesita más energía para sostenerse mientras la industria pierde capacidad para competir”, señalaron fuentes del sector presentes en la jornada.
Este doble impacto —energético e industrial— es el que ha llevado a las patronales a elevar el tono. El mensaje no se planteó en términos sectoriales, sino como una advertencia sobre el rumbo de la transición energética. “Sin industria no hay transición energética”, insistió el presidente de ACOGEN, José Ignacio Castillo.
El sector defiende que la cogeneración sigue siendo una tecnología alineada con los objetivos europeos: eficiente, gestionable y preparada para operar con gases renovables o hidrógeno. De hecho, países como Alemania o Italia tienen una mayor penetración de la cogeneración en su mix energético.
Medidas para avanzar
Pese al deterioro, la industria mantiene su compromiso inversor. Las empresas han trasladado al Ministerio para la Transición Ecológica proyectos por más de 1.200 MW y 1.300 millones de euros, a la espera de un marco regulatorio cuya aprobación se prevé tras años de retraso.
En este contexto, las patronales reclamaron dos medidas urgentes: la activación inmediata de subastas para nueva cogeneración y la prórroga de las plantas existentes para evitar cierres antes de que lleguen las inversiones.
De forma adicional, el sector apunta a que la actual volatilidad energética podría requerir ajustes puntuales en la metodología retributiva.
“No pedimos privilegios, pedimos condiciones justas para operar, competir e invertir”, resumió el presidente de ACOGEN.
La advertencia final fue clara: la combinación de cierre de cogeneraciones y limitaciones de acceso a la red para la industria puede convertirse en un factor estructural de pérdida de competitividad. Un riesgo que, a juicio del sector, trasciende lo energético y afecta directamente al modelo productivo.
“La transición energética no puede hacerse perdiendo eficiencia en el sistema ni competitividad industrial”, concluyó Castillo.






Sol Mediterráneo
15/04/2026