Petróleo & Gas

Alaska LNG resucita, pero Seúl enfría el anuncio de Trump sobre su financiación

El gasoducto que debía llevar el gas del Ártico a los mercados asiáticos lleva más de una década buscando financiación. Trump presentó el miércoles una inversión surcoreana de hasta 54.000 millones de dólares como algo prácticamente cerrado

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El proyecto de gas natural licuado de Alaska es, sobre el papel, una idea sencilla. El North Slope, en el extremo norte del estado, produce enormes volúmenes de gas que valdrían mucho dinero si alguien consiguiera transportarlos hasta donde hay demanda para ellos. Japón y Corea del Sur, dos de los mayores importadores de energía del mundo, llevan años siendo los compradores naturales.

El problema, repetido desde que la idea empezó a circular en la era Carter y resucitó formalmente en 2014, ha sido siempre el coste. Se trata de construir un gasoducto de unos 1.300 kilómetros desde el norte de Alaska hasta la costa sur, donde el gas se licuaría en una planta de exportación, con capacidad para mover cerca de 3.900 millones de pies cúbicos diarios y producir hasta 20 millones de toneladas de GNL al año. A lo largo de los años, distintos socios potenciales (ExxonMobil, BP, inversores chinos) se han ido retirando, y tanto Japón como Corea del Sur rechazaron en su momento las invitaciones de Washington a participar.

Corea del Sur compromete hasta 200.000 millones de dólares para impulsar GNL y nuclear en EEUU
La Casa Blanca presenta tres grandes proyectos energéticos financiados con capital surcoreano: una central de gas en Texas, ocho reactores nucleares y, de forma más condicionada, un gasoducto en Alaska. Forman parte del acuerdo comercial que rebajó al 15% los aranceles.

Un anuncio y una matización en menos de 24 horas

Este miércoles, desde el Despacho Oval y flanqueado por el senador de Alaska Dan Sullivan, Trump presentó una inversión surcoreana de hasta 54.000 millones de dólares para sacar adelante el proyecto. "Esto por sí solo será uno de los mayores proyectos energéticos de la historia de Estados Unidos y una victoria gigantesca para la gente de Alaska", dijo el presidente. Sullivan, que afronta una reelección muy ajustada el 3 de noviembre frente a la demócrata Mary Peltola, calificó el acuerdo de "enorme para Alaska", y su oficina llegó a hablar de una "histórica inversión coreana de 54.000 millones de dólares".

El problema es que Seúl no reconoce esa cifra. El comunicado conjunto publicado por el Departamento de Comercio estadounidense no menciona ningún importe concreto, y se limita a señalar que ambos países "comenzarán a trabajar" en el proyecto sujeto a determinados requisitos comerciales. El Ministerio de Industria surcoreano expresó que los dos países habían acordado únicamente "iniciar una revisión" del proyecto. En una rueda de prensa al día siguiente, el ministro de Industria, Kim Jung-kwan, rechazó abiertamente la versión estadounidense: "Dar cifras, o utilizar un lenguaje tan definitivo, va mucho más allá de lo que se acordó".

El propio presidente surcoreano, Lee Jae-myung, precisó que el proyecto "avanzará a nivel técnico" solo si se cumplen dos condiciones: que se confirme su "viabilidad comercial" y que cumpla "los procedimientos legales" de Corea del Sur. Kim ya había descrito el proyecto el año pasado como de "alto riesgo", advirtiendo de que la participación coreana sería difícil a menos que generara suficiente flujo de caja.

Sullivan, una elección y un gasoducto que lleva un año sin decisión final

El trasfondo político del anuncio es evidente. Sullivan obtuvo menos votos que Peltola en las primarias no partidistas de Alaska el mes pasado, y Trump dejó clara la urgencia electoral durante la comparecencia: "Tengo que deciros esto porque él tiene una elección", llegó a decir sobre el senador, a quien además defendió frente a la confusión generada por otro candidato que también se llama Dan Sullivan y que se presenta como independiente en la papeleta de noviembre.

Senador por Alaska, Dan Sullivan

Pero más allá de la política, el proyecto sigue sin resolver que ni siquiera su promotor, la compañía Glenfarne, lo ha aprobado formalmente. Su consejero delegado, Brendan Duval, se mostró optimista el miércoles en la Casa Blanca: "El gasoducto llevará tres años, y podemos empezar en cuanto se cierre la financiación. Y entonces, aproximadamente dos años después, empezaremos a exportar el GNL".

Lo que no mencionó es que Glenfarne esperaba dar luz verde a la parte del gasoducto a principios de este año, un plazo que ya ha pasado sin cumplirse, después de que una propuesta de incentivo fiscal estatal para el proyecto no lograra el respaldo suficiente en la legislatura de Alaska.

En el terreno comercial, la compañía había anunciado en marzo compromisos preliminares de compra por unos 13 millones de toneladas anuales, pero necesita sumar otros 3 millones de toneladas para poder cerrar la financiación y convertir esos acuerdos en vinculantes. Las dos mayores importadoras japonesas de GNL, JERA y Tokyo Gas, firmaron acuerdos preliminares para comprar en conjunto 2 millones de toneladas anuales si el proyecto llega a construirse, aunque Trump ya había exagerado en el pasado el estado de avance de la participación japonesa: en febrero de 2025 afirmó que Japón "pronto" empezaría a importar gas licuado estadounidense "en cifras históricas", y en una visita a Tokio meses después aseguró que el proyecto estaba "en marcha", cuando en realidad seguía sin decisión final de inversión.

Una pieza más del gran compromiso surcoreano

Para Corea del Sur, Alaska LNG es la pieza más incierta de su paquete de 350.000 millones de dólares de inversión comprometida en Estados Unidos, frente a los proyectos de la central de gas de Texas y los ocho reactores nucleares, cuyos detalles sí reconoce como cerrados. Analistas citados por la prensa estadounidense han cuestionado además si Seúl podrá realmente cumplir un compromiso que triplicaría su inversión extranjera directa actual en el país, que a cierre de 2025 rondaba los 95.000 millones de dólares según datos del Departamento de Comercio.

Seúl, por su parte, insiste en que cualquier desembolso se basará en la viabilidad económica de cada proyecto, no en el calendario electoral de Washington. Con Glenfarne todavía sin decisión final de inversión, un déficit de compradores por cerrar y ahora un socio financiero que se resiste a confirmar cifras, Alaska LNG sigue, una década más, a la espera de convertirse en algo más que un anuncio desde el Despacho Oval.

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