A las 12.33 horas del 28 de abril de 2025 se me apagó el ordenador y fui a ver si saltaron los plomos o era algo más del barrio o de la comunidad de vecinos donde vivo. Salí a la calle y no había luz.
Volví a casa, y estuve esperando a ver si volvía el suministro. Me chocó que prácticamente no tenía cobertura y pensé que se había dado un apagón en Madrid o en alguna zona potente. Por mi cabeza no pasaba que se pudiese dar un cero energético en todo el país.
Escribo a mi compañera Sandra y me dice que tampoco hay suministro y comenzamos a ver qué sucede. A los pocos segundos nos enteramos que ha sido un apagón en todo el país. Yo no puedo escribir. En mi zona no hay cobertura de prácticamente nada. Ni internet ni podía llamar y si lo hacía estaba saturadísima la línea.
Fue un milagro que volviese a dar con Sandra. Por casualidades de la vida, ella sí tenía cierta cobertura y podía trabajar con su ordenador portátil. Sólo pude decirla que titulara Histórico apagón en España y que abriéramos a todo lo ancho y grande que pudiésemos. Así lo hicimos.
Pero no podía trabajar. El director de un medio de comunicación que es la referencia en el sector energético no podía escribir sobre el apagón, no tenía internet. Es a lo que he llamado el colmo del periodista energético. Que haya un apagón y no puedas contarlo.
Intenté ir a Red Eléctrica
Entonces le escribí un mensaje a Sandra de que me cogía el coche y me iba a Red Eléctrica a ver si allí me podía enterar de algo. Vivo a pocos metros de una entrada y salida del túnel de la M-30. Llegué a la primera y nada. La policía ya no dejaba entrar al túnel de la M-30. Y así en varias bocas más donde intenté entrar para irme a la sede de REE en Alcobendas, pero no fue posible.
Deberían ser aproximadamente las 12.50-12.55 y ya me rendí y me fui hacia casa. Me quedé fuera con el coche escuchando la radio y las intervenciones que se iban dando desde Red Eléctrica y el Gobierno. Mi enfado era monumental, no podía escribir una letra. Me consolaba diciendo que le sucederá también al resto, pero en el fondo sabía que otros seguro que están trabajando con normalidad.
El caso es que yo no podía y la desesperación era tremenda. Cerca de mi casa hay una empresa energética y pensé que seguro que tendrían suministro a través de electrógenos. Les escribí para ver si podían hacerme un hueco y dejarme un puesto para poder escribir de todo lo que estaba sucediendo. El mensaje nunca llegó y si lo hizo fue fuera de tiempo. Todo era un desastre.
Ya estaba incomunicado total, ni daba con mis compañeros ni con mi mujer e hijos. Decidí ir a buscarme la vida para tratar de comer y conseguí un sitio donde pude comer caliente, sus cocinas eran de gas. Pero fue a medio oscuras. Recuerdo que hasta me pude tomar una cerveza de grifo, pensaba que no tendría fuerza suficiente por la falta de luz. Te crees que nada funciona, pero hay cosas que sí que no necesitan electricidad, pero la gran mayoría necesita suministro eléctrico. Entonces te das cuenta que esto va para largo.
La rabia corría por el cuerpo
Incertidumbre total. Voy escuchando por la radio que comienza a energizarse la red eléctrica. Pero no sé ni cuándo ni cómo voy a poder volver a escribir. Qué desesperación. Iban pasando las horas y seguía intentando conectarme, pero sabía que no, pero "y si sí". Las cosas de las conexiones son extrañísimas.
Estaba sin batería en el portátil y sin ordenador de mesa al no haber suministro. La rabia me corría por todo el cuerpo. Ya comenzamos a tener internet pero a pedales. Se iba, volvía. El nerviosismo iba in crescendo. Era todo una mierda. Poco a poco me fui quitando de la cabeza que no podía hacer nada hasta que volviese el suministro. En la radio iban contando los avances de la reposición. ¡Uff, menos mal que está siendo rápida!, pensaba. A ver si pronto llega a Madrid.
Como periodista energético pensaba hacia mis adentros cómo estaba siendo la reposición del suministro. Me imagina a las centrales hidroeléctricas que pueden arrancar desde cero encendiéndose y energizando las líneas que conectan con las centrales nucleares. Por ejemplo, de Alcántara a Almaraz, de las hidroeléctricas de los Pirineos a Ascó. El caso era volver a arrancar las nucleares como fuese y luego poco a poco ir energizando líneas y arrancando ciclos combinados. Luego caí en las interconexiones que también podrían ayudar. Siempre me imaginaba a Madrid siendo de las últimas ciudades en tener restablecido el suministro por estar en el centro y no tener prácticamente generación. Me había mirado un tuerto.
Le decía a mi mujer, ¡qué mala suerte tengo, cariño! Esto de no poder escribir me está matando. Al final se echaron las horas, preparamos la casa como podíamos para afrontar la noche con velas. Y una cena rudimentaria. Ya teníamos cobertura pero yo seguía sin poder escribir. Aproximadamente sobre las 11 y pico de la noche ya conseguimo tener luz en casa, me puse a organizar los temas para publicar y nos pusimos a trabajar a contrarreloj.
No daba crédito con toda la información que estaba leyendo. Nunca pensé que viviría un apagón nacional por varias cuestiones. Una, porque había y hay sobrecapacidad en el sistema eléctrico, hay tanta generación que siempre he pensado que nunca faltaría. Y dos, por la red eléctrica y la calidad del suministro que siempre hemos tenido. Sigo sin creérmelo. Pero ya ha pasado un año y seguimos sin tener ningún responsable de lo sucedido. Los ciudadanos, los consumidores, las empresas no se merecen esto. Es de lo poco que me avergüenza de este país llamado España, que nadie se responsabilice de las tragedias que hemos vivido en los últimos años. Porque sí, el apagón fue una tragedia donde muerieron cerca de una decena de personas. Descansen en paz.
Ramón Roca es periodista y director de El Periódico de la Energía.
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