La Comisión Europea ha puesto sobre la mesa una reforma energética con la que pretende abaratar de forma estructural la factura eléctrica de hogares y empresas mediante una combinación de cambios regulatorios y fiscales. La propuesta, presentada en forma de borrador de reglamento para modificar el mercado interior de la electricidad, plantea que la electricidad sea gravada con una fiscalidad inferior a la del gas natural en todos los Estados miembros, con el objetivo de impulsar la electrificación de la economía, reducir la dependencia de los combustibles fósiles y contener los costes energéticos.
El Ejecutivo comunitario considera que los actuales sistemas fiscales de varios países europeos siguen favoreciendo en algunos casos el consumo de gas frente a la electricidad, una situación que, según Bruselas, contradice los objetivos climáticos y energéticos de la Unión. Por ello, la propuesta establece el principio de que el nivel mínimo de tributación aplicable a la electricidad deberá situarse por debajo del correspondiente al gas natural, reforzando así los incentivos para sustituir combustibles fósiles por electricidad en la industria, la calefacción y otros usos energéticos.
Respuesta al encarecimiento de la energía
La iniciativa forma parte de la estrategia europea para responder al encarecimiento de la energía y llega después de que el Consejo Europeo reclamara en marzo de 2026 medidas urgentes para reducir los precios de la electricidad. La Comisión vincula esta necesidad tanto a la volatilidad de los mercados energéticos como a las tensiones geopolíticas derivadas del conflicto en Oriente Medio y al impacto que estas tienen sobre los costes de los combustibles fósiles.
Además de la reforma fiscal, Bruselas propone modificar el diseño de los peajes y cargos de red que pagan los consumidores eléctricos. Según la Comisión, estos costes representan actualmente entre el 24% y el 29% de la factura doméstica y seguirán aumentando durante las próximas décadas debido a las enormes inversiones necesarias para modernizar y ampliar las infraestructuras eléctricas europeas.
El plan comunitario busca que tanto operadores como usuarios utilicen de forma más eficiente las redes existentes. Para ello plantea introducir incentivos que favorezcan el desplazamiento del consumo hacia los momentos y lugares donde la electricidad sea más abundante y barata, especialmente cuando exista una elevada producción renovable. La Comisión sostiene que una utilización más inteligente de las redes permitiría reducir costes operativos, disminuir las necesidades de inversión futura y evitar gastos asociados a congestiones o limitaciones del sistema.
La propuesta contempla también la posibilidad de establecer regímenes especiales de peajes para determinados consumidores, entre ellos las industrias electrointensivas, aunque acompañados de mecanismos de protección para evitar efectos negativos sobre los hogares y las pequeñas y medianas empresas.
Reducción de impuestos a los electrointensivos
En el ámbito fiscal, Bruselas abre igualmente la puerta a que los Estados miembros puedan reducir aún más los impuestos sobre la electricidad consumida por las industrias con gran demanda energética. La Comisión argumenta que favorecer el uso de electricidad frente a combustibles fósiles contribuirá a los objetivos europeos de neutralidad climática y mejorará la competitividad industrial.
El borrador incorpora además medidas para acelerar la digitalización del sistema eléctrico. Entre ellas figura la implantación obligatoria de contadores inteligentes en toda la Unión Europea. El objetivo es que al menos el 50% de los consumidores finales dispongan de estos equipos antes de 2030 y que la cobertura alcance al menos el 65% en 2033. Bruselas considera que estas tecnologías permitirán una gestión más eficiente de la demanda y facilitarán que consumidores y empresas adapten su consumo a las señales de precio.
La Comisión también quiere impulsar el desarrollo de redes inteligentes, mejorar el intercambio de datos entre operadores y favorecer el uso de herramientas digitales avanzadas, incluida la inteligencia artificial, para optimizar el funcionamiento de las infraestructuras eléctricas y aumentar la productividad de las redes existentes.
Según el documento, más de la mitad de la energía consumida actualmente en Europa sigue procediendo de combustibles fósiles importados. La institución comunitaria advierte de que esta dependencia continúa exponiendo a ciudadanos y empresas a las fluctuaciones de los mercados internacionales y considera que una mayor electrificación basada en energías renovables es la mejor herramienta para reforzar la autonomía energética europea.
Rodri
10/06/2026