Corea del Sur se ha comprometido a cerrar 40 de sus 61 centrales eléctricas de carbón antes de 2040, una medida anunciada durante la COP30 y alineada con su estrategia de descarbonización. Sin embargo, expertos del IEEFA advierten de que el retiro del carbón podría verse compensado por un mayor uso de gas natural licuado (GNL) en lugar de energías renovables, lo que pondría en riesgo los objetivos de reducción de emisiones.
Corea del Sur busca eliminar el carbón, pero el aumento del GNL amenaza sus objetivos climáticos
Si la capacidad retirada es reemplazada por gas natural licuado en lugar de energías renovables, se socavarían las reducciones esperadas de emisiones de gases de efecto invernadero, según IEEFA

El país también negocia la compra de hasta 100.000 millones de dólares en energía a Estados Unidos, incluido GNL, aunque el acuerdo aún es incierto debido a tensiones comerciales y posibles aumentos de aranceles estadounidenses. De concretarse, Corea del Sur podría importar entre 9 y 10 millones de toneladas anuales de GNL estadounidense, casi el doble de los niveles actuales.
Sustituir carbón por gas no garantiza reducciones de emisiones significativas
Los datos recientes muestran una tendencia preocupante: entre 2017 y 2023 la generación con carbón cayó un 23%, pero la generación con gas aumentó un 25%, lo que contribuyó a que las emisiones totales del sector eléctrico subieran un 6%, hasta 256 millones de toneladas de CO₂. Esto sugiere que sustituir carbón por gas no garantiza reducciones significativas de gases de efecto invernadero.


Además, la mayor dependencia del GNL podría generar riesgos económicos y energéticos, desde activos varados en infraestructura gasista hasta mayor exposición a crisis geopolíticas y volatilidad de precios, como ocurrió tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.
El aumento del uso de gas también podría complicar los objetivos climáticos del país. Corea del Sur se ha fijado como meta reducir sus emisiones entre un 53% y un 61% respecto a 2018 para 2035, un objetivo más ambicioso que el anterior recorte del 40% para 2030.
Incertidumbres
En paralelo, crece la incertidumbre sobre tecnologías previstas para la transición energética, como la co-combustión de hidrógeno o amoníaco en centrales eléctricas, tras la cancelación en 2025 de un programa de subastas destinado a impulsar estos proyectos.
Analistas recomiendan que el próximo plan energético nacional priorice el despliegue de energías renovables y evite sustituir el carbón por gas, para no comprometer la transición energética ni aumentar los riesgos de carbono en las cadenas de suministro industriales del país.
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