Hay pocos lugares mejores que Marruecos para comprobar hasta qué punto un automóvil es capaz de adaptarse a escenarios completamente diferentes. En apenas tres jornadas es posible abandonar el tráfico de Marrakech, ascender por carreteras de montaña que rozan los 3.000 metros de altitud, atravesar antiguos oasis, recorrer pistas junto al desierto y regresar por algunos de los puertos más espectaculares del Atlas. La ruta cambia constantemente, y con ella también lo hacen las necesidades del conductor.
Ese recorrido ha servido como escenario para volver a encontrarnos con el EBRO s900 PHEV (contacto), un SUV híbrido enchufable que representa el regreso de una marca histórica de la automoción española en un momento en el que la electrificación ya no se entiende únicamente como una cuestión tecnológica, sino como una forma distinta de viajar.
El Gran Tour de Marruecos de Ebro 2026 ha estado repleto de anécdotas, paisajes, reflexiones, conversaciones y conclusiones. Necesitaríamos casi un libro para reunirlas de una manera más ordenada, así que permitidme que este sea un pequeño extracto de lo vivido a los mandos de un coche que, inicialmente, podría no estar pensado para este fin, pero que ha demostrado ser infatigable.
Comienza el tour
El inicio de la ruta con sus paisajes. Ebro
La primera jornada comienza en Marrakech, una ciudad donde el tráfico parece responder a reglas propias. Motocicletas, taxis, pequeños camiones y peatones comparten espacio con una naturalidad que sorprende a quien llega por primera vez. Apenas unos kilómetros después, sin embargo, la ciudad queda atrás y la carretera empieza a ganar altura en dirección al Tizi N'Tichka, el histórico paso que durante siglos conectó el norte de Marruecos con las rutas caravaneras del sur.
El cambio de paisaje es tan rápido que obliga a replantear continuamente la conducción. Las rectas desaparecen, el asfalto se estrecha y las curvas se suceden entre montañas de tonos rojizos donde pequeñas aldeas de adobe parecen formar parte de la propia roca. No es un recorrido que invite a buscar prestaciones, sino a mantener un ritmo constante mientras el paisaje ocupa todo el protagonismo.
La potencia del Ebro s900 PHEV fue crucial para esta ruta. Ebro
Es precisamente en este tipo de escenarios donde la filosofía de un híbrido enchufable como este EBRO s900 cobra sentido. La entrega inmediata del motor eléctrico facilita las continuas aceleraciones propias de un puerto de montaña, mientras el motor térmico garantiza una autonomía suficiente para afrontar etapas de cientos de kilómetros sin depender de una infraestructura de recarga que, fuera de las grandes ciudades, todavía resulta muy limitada en buena parte del norte de África.
La ruta continúa hacia Telouet y Ait Ben Haddou, una de las fortalezas de adobe mejor conservadas del mundo y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Caminar por sus calles permite entender hasta qué punto Marruecos conserva una identidad arquitectónica propia, adaptada durante siglos a un clima extremo y a un territorio que cambia constantemente de aspecto.
La inmensidad del desierto
Foto de familia con todos los s900 al entrar en el desierto. Ebro
Al día siguiente el viaje adquiere un carácter completamente diferente. El valle del Draa acompaña la carretera entre miles de palmeras mientras el paisaje empieza a anunciar la proximidad del desierto. La temperatura aumenta, la vegetación desaparece progresivamente y la inmensidad del Sáhara comienza a ocupar el horizonte.
Resulta inevitable detenerse en Oulad Driss o Tamegroute, dos localidades donde la vida sigue girando alrededor del barro, la cerámica y las antiguas construcciones defensivas que protegían las rutas comerciales hacia África occidental. Lejos de los circuitos turísticos más conocidos, conservan una autenticidad que convierte cualquier parada en una experiencia mucho más enriquecedora que una simple visita. Poco después llegan las primeras dunas de Erg Lihoudi.
Un poblado en mitad de la nada. Ebro
El silencio del desierto modifica incluso la percepción del viaje. La velocidad pierde importancia y el paisaje invita a detenerse con frecuencia para observar cómo cambia la luz sobre la arena y los modos de conducción Sand y Off-road hacen que olvidenmos cualquier atisbo de preocupación. En este contexto, el EBRO s900 PHEV demuestra una cualidad especialmente interesante: la capacidad de recorrer largas distancias con un elevado nivel de confort, manteniendo un funcionamiento suave y una transición prácticamente imperceptible entre ambos sistemas de propulsión.
La electrificación del automóvil suele asociarse a entornos urbanos o desplazamientos cotidianos, pero cada vez resulta más evidente que también puede aportar ventajas en viajes de gran recorrido, especialmente cuando la eficiencia se combina con una autonomía total superior al millar de kilómetros.
Tocando el cielo, pisando la tierra
La última etapa devuelve la carretera al Atlas a través del macizo del Jbel Saghro. La arena deja paso a la roca volcánica y, conforme aumenta la altitud, reaparecen los cultivos y pequeños pueblos construidos en piedra y adobe. Algunas cumbres todavía conservan restos de nieve, mientras el valle de Ait Bou Ghamez ofrece una de las imágenes más sorprendentes del viaje.
Es difícil encontrar dos escenarios más diferentes separados por tan pocas horas de conducción. Ahí es donde reside el punto determinante de esta experiencia. Más allá de volver a conducir el buque insignia de la firma española, el recorrido demuestra cómo la movilidad electrificada empieza a adaptarse a usos muy distintos entre sí. El híbrido enchufable deja de ser únicamente una solución para reducir emisiones en ciudad y se convierte en una alternativa capaz de afrontar viajes de larga distancia sin modificar los hábitos del conductor. Los 428 CV siempre están disponibles, pero resulta difícil encontrar un escenario menos apropiado para utilizarlos. La carretera pide otra cosa: bajar la ventanilla, detenerse en cualquier mirador improvisado y observar cómo el Atlas ocupa todo el horizonte.
El Col de Tizi N'Ait HmedEbro
Cuando alcanzamos el valle de Ait Bou Ghamez, a casi 3.000 metros de altitud, cuesta creer que apenas unas horas antes estábamos caminando sobre la arena del desierto. En el denominado valle feliz del Atlas, los cultivos vuelven a aparecer junto al río, las montañas conservan pequeñas manchas de nieve en las cumbres y los pueblos recuperan una arquitectura completamente distinta, adaptada a un clima mucho más duro durante el invierno. Cuesta imaginar un escenario mejor para terminar un recorrido de más de mil kilómetros.
Marrakech y su bullicio
La vuelta a la ciudad devuelve el tráfico, las motocicletas, los taxis y el ruido constante que desapareció durante los últimos días. La plaza Jemaa el Fna vuelve a estar llena de músicos, puestos de comida, vendedores y turistas que se mezclan bajo una luz completamente distinta a la del desierto.
Mientras caminamos por la medina resulta inevitable pensar en todo lo recorrido desde que dejamos este mismo lugar apenas tres días antes. Montañas, kasbahs, pistas, oasis, carreteras secundarias, dunas y puertos de casi tres mil metros de altitud.
No importa que sea un coche electrificado, con el Phev se puede viajar tranquilo. Ebro
Más que una prueba de producto, el Grand Tour de Marruecos a los mandos de los Egbro s900 ha servido para recordar algo que a menudo olvidamos: que los mejores coches no son necesariamente los que aceleran más rápido o los que anuncian más tecnología, sino aquellos que consiguen que el viaje forme parte del destino. Y pocas rutas permiten comprobarlo mejor que un Marruecos que cambia de paisaje cada cien kilómetros mientras un viejo nombre de la automoción española inicia una nueva etapa mirando, precisamente, hacia el horizonte.
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