Investigadores del Departamento de Ingeniería Química y del Centro de Investigación en Tecnología de Productos y Procesos Químicos (Pro2TecS) de la Universidad de Huelva (UHU) han diseñado un fluido que almacena calor para usarlo después en sistemas solares térmicos, procesos industriales o climatización.
La mezcla combina microgotas de parafina, una cera que guarda energía al fundirse, con nanopartículas de sílice, un material mineral que evita que las nanopartículas se agrupen, ha informado en un comunicado la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación, que apoya el estudio.
La novedad del trabajo reside en dos aspectos: por un lado, la mezcla no utiliza agua como base, a diferencia de muchas emulsiones de este tipo, lo que amplía el margen de temperaturas en el que puede funcionar, ya que el agua hierve a 100 grados centígrados y limita algunas aplicaciones térmicas.
Por otro, el equipo emplea nanopartículas de sílice en lugar de estabilizantes químicos convencionales, que mantienen separadas las microgotas de cera y permiten ajustar la textura, la estabilidad y el comportamiento del material según la cantidad añadida.
Aunque el descubrimiento se encuentra todavía en fase de laboratorio, los autores apuntan que esta emulsión podría utilizarse en tecnologías donde se almacena o gestiona calor, como los depósitos asociados a instalaciones solares térmicas, que aprovechan el sol para calentar un fluido.
También podría emplearse en procesos industriales que generan calor aprovechable, en edificios que necesitan regular la temperatura interior o en sistemas de transporte y conservación de alimentos sensibles a los cambios térmicos.
En el estudio, publicado en la revista Thermal Science and Engineering Progress, el equipo analizó cómo influye la cantidad de nanopartículas de sílice en el comportamiento del nuevo material.
Almacena la energía solar
En concreto, comprobó si la emulsión mantenía una buena fluidez y seguía siendo capaz de almacenar y liberar calor después de someterla a repetidos ciclos de calentamiento y enfriamiento.
“Queríamos comprobar que el material conservaba sus propiedades tras un uso continuado”, ha explicado el investigador de la Universidad de Huelva Sebastián Sanabria.
Para fabricar la emulsión, los investigadores emplearon una parafina que se funde entre los 58 y los 60 grados centígrados, una temperatura adecuada para aplicaciones como sistemas solares térmicos, climatización o determinados procesos industriales.
Esta cera se mezcló con polietilenglicol 400, un líquido que soporta temperaturas más elevadas que el agua y actúa como base del material, para lo que fundieron la parafina y la incorporaron al fluido mediante agitación a alta velocidad.
Uno de los principales retos era evitar que las microgotas de parafina se unieran entre sí o que la mezcla perdiera estabilidad con el paso del tiempo.
Para conseguirlo, el equipo utilizó nanopartículas de sílice que se sitúan alrededor de cada gota y crean una barrera física que las mantiene separadas. Este método, conocido como emulsión Pickering, permite prescindir de los estabilizantes químicos convencionales.









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