Bioenergía

El biometano emerge como la gran palanca para descarbonizar el gas en España

ACER sostiene que actualmente es la opción más viable entre los gases renovables porque puede aprovechar la infraestructura gasista existente sin necesidad de construir una red completamente nueva, como sucede con el hidrógeno

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El biometano se consolida como la principal alternativa renovable para acelerar la descarbonización del sistema gasista español y europeo durante la próxima década. Así lo concluye el informe Decarbonisation of the EU’s natural gas market 2026, elaborado por la Agencia de Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER), que identifica a este gas renovable como la tecnología más madura y con mayor capacidad de despliegue inmediato para reducir las emisiones, reforzar la seguridad energética y disminuir la dependencia de las importaciones de gas fósil.

El documento sitúa a España entre los países con mayor potencial de crecimiento del biometano gracias a la disponibilidad de recursos agrícolas, ganaderos, residuos orgánicos y biomasa forestal. Aunque la producción europea alcanzó únicamente 4.300 millones de metros cúbicos en 2024, apenas un 2% del gas que circula por las redes comunitarias, ACER considera que el margen de expansión es muy elevado si se eliminan las barreras regulatorias y se movilizan inversiones. El objetivo comunitario continúa siendo alcanzar 35.000 millones de metros cúbicos anuales en 2030, una meta que hoy aparece seriamente comprometida.

Para España, la oportunidad resulta especialmente relevante. El informe identifica al país como uno de los mercados europeos con mayor potencial de producción futura junto con Alemania, Francia, Italia y Polonia, tanto mediante digestión anaerobia como mediante tecnologías de gasificación térmica. En las proyecciones para 2040, España figura entre los principales productores potenciales del continente, lo que la convertiría en un actor estratégico dentro del mercado europeo de gases renovables.

Opción más viable

ACER sostiene que el biometano representa actualmente la opción más viable entre los gases renovables porque puede aprovechar la infraestructura gasista existente sin necesidad de construir una red completamente nueva, como sucede con el hidrógeno. Además, su producción contribuye simultáneamente a la economía circular al transformar residuos agrícolas, ganaderos, urbanos e industriales en energía renovable.

El regulador europeo advierte, sin embargo, de que el despliegue del sector sigue encontrando obstáculos importantes. Entre ellos destacan los elevados costes de producción frente al gas natural convencional, las dificultades para movilizar suficiente materia prima, la falta de armonización en los certificados de origen y sostenibilidad y las limitaciones al comercio transfronterizo del biometano dentro de la Unión Europea. Según el informe, resolver estos problemas será imprescindible para que el combustible renovable alcance una escala industrial.

La agencia considera igualmente que el contexto energético favorece el desarrollo de esta tecnología. Tras la crisis provocada por la invasión rusa de Ucrania, la reducción de la dependencia exterior se ha convertido en uno de los grandes objetivos de la política energética europea. En 2024, el 88% del suministro de gas de la Unión seguía procediendo de importaciones, mientras que el biometano apenas aportaba un 2% del total. Incrementar la producción doméstica permitiría reducir tanto la exposición geopolítica como la volatilidad de los mercados internacionales.

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El informe también recuerda que el gas continúa desempeñando un papel esencial para garantizar la flexibilidad del sistema eléctrico. Las centrales de ciclo combinado siguen marcando el precio mayorista de la electricidad durante numerosas horas del año, especialmente cuando la generación renovable resulta insuficiente. En este escenario, sustituir progresivamente el gas fósil por biometano permitiría mantener esa capacidad de respaldo reduciendo al mismo tiempo las emisiones asociadas al sistema eléctrico.

Frente al creciente protagonismo político del hidrógeno renovable, ACER considera que el biometano ofrece ventajas competitivas a corto plazo. Mientras el hidrógeno verde continúa afrontando elevados costes, incertidumbre tecnológica y la necesidad de desarrollar nuevas infraestructuras específicas, la producción de biometano se basa en tecnologías plenamente maduras como la digestión anaerobia y el enriquecimiento del biogás, ya ampliamente implantadas en Europa. El organismo subraya que ambas tecnologías deben entenderse como complementarias, aunque el biometano puede proporcionar resultados mucho más inmediatos en la reducción de emisiones.

Otro de los elementos destacados por ACER es el potencial de crecimiento a partir del biogás ya existente. La Unión Europea produce anualmente alrededor de 157 TWh de biogás, equivalentes a unos 14.000 millones de metros cúbicos. Si el 90% de esa producción se transformara en biometano mediante procesos de upgrading, la producción europea prácticamente se triplicaría y llegaría a cubrir cerca del 4% del consumo total de gas del continente, lo que supondría un avance significativo hacia los objetivos climáticos.

Competitividad económica

El informe también analiza la competitividad económica del biometano. Aunque reconoce que sus costes de producción siguen siendo superiores a los del gas natural, sostiene que la evolución del mercado europeo de derechos de emisión y el valor creciente de los certificados de origen pueden reducir progresivamente esa diferencia. Para los productores, estos certificados representan una fuente adicional de ingresos que mejora la rentabilidad de las instalaciones, mientras que para los consumidores industriales permiten acreditar el uso de energía renovable y reducir el impacto del coste del carbono.

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La descarbonización del mercado gasista constituye uno de los grandes desafíos de la transición energética europea. Según ACER, alrededor del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión están vinculadas al sector del gas y el 85% de las emisiones de metano asociadas al consumo europeo procede de las cadenas internacionales de suministro. Reducir esas emisiones, junto con la sustitución progresiva del gas fósil por gases renovables, será determinante para alcanzar la neutralidad climática en 2050.

Como hoja de ruta, el regulador europeo reclama acelerar el desarrollo del mercado del biometano mediante una regulación más estable, la armonización de los certificados de sostenibilidad, la eliminación de obstáculos al comercio entre Estados miembros, una mayor coordinación entre las infraestructuras de gas, electricidad e hidrógeno y políticas que impulsen la competitividad de los gases renovables. Para países como España, con uno de los mayores potenciales de producción de Europa, estas medidas podrían convertir al biometano en una de las principales herramientas para combinar descarbonización, seguridad energética y desarrollo industrial durante las próximas décadas.

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