Digitalización

El factor humano sigue siendo clave frente a la IA en infraestructuras energéticas

La IA puede ayudar a la resiliencia en la infraestructura, refiriéndose a la capacidad de un sistema para anticipar, resistir, adaptarse y recuperarse rápidamente de interrupciones, como fenómenos meteorológicos extremos, desastres naturales o ciberataques

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Este medio participó en el webinario sobre gestión de infraestructuras organizado por la empresa de software IFS y el foro Future of Utilities. Ipek Kaymak, responsable de Asset Management de la empresa de distribución de agua Affinity Water, Kate Boxall, también responsable de gestión de activos en National Gas Transmission, y Carol Johnston de IFS discutieron los principales retos que afrontan las infraestructuras clave en Europa.

El principal reto es la administración conjunta de activos nuevos y viejos

Los ponentes coincidieron en que la mezcla de activos nuevos y viejos es uno de los principales retos en la gestión de infraestructuras. El problema surge cuando los activos viejos no se pueden gestionar de la misma manera que un activo nuevo, por ejemplo, en gasoductos que hoy en día pueden revertir el flujo del gas frente a gasoductos unidireccionales convencionales. Algo similar ocurre en las redes eléctricas donde conviven activos de entre 40 y 60 años de antigüedad con redes inteligentes.

En estos casos no existe una solución, sino que hay que mantener opciones abiertas y monitorizar los activos. Esta gestión conjunta requiere la integración de hardware heredado con sistemas de control digital. Los operadores logran esto modernizando los equipos obsoletos con sensores modernos, implementando software avanzado para equilibrar las cargas y utilizando el mantenimiento predictivo para priorizar las sustituciones y, al mismo tiempo, mantener la estabilidad de la red.

Otro reto es la salud de los activos

La salud de los activos se refiere al estado general, el rendimiento y la vida útil de los activos físicos. Por ejemplo, mide la proximidad de un activo a un fallo, lo que permite a los operadores priorizar el mantenimiento y prevenir interrupciones del servicio.

Los ponentes hicieron un llamamiento generalizado a la colaboración entre diferentes departamentos para diseñar una planificación del ciclo de vida de cada activo y una planificación integrada de toda la red de infraestructuras. Se trata de evitar el aislamiento de datos por una enraizada cultura interdepartamental o simplemente por tecnologías incompatibles entre departamentos.

La IA y los datos, claves para acelerar la transición energética
Concluyó en Londres una de las mayores conferencias del sector eléctrico, Future of Utilities, con más preguntas que respuestas sobre la IA.

Los ponentes hablaron también de eliminar la línea que separa los gastos y las inversiones en mantenimiento y pasar a hablar de un único presupuesto. Esta idea está en línea con lo que ya están haciendo algunos reguladores europeos al reconocer los totex de los sistemas gasísticos y eléctricos, y de distribución de agua. El mantenimiento de los activos en términos de gastos o inversiones es fácil de definir sobre el papel, pero en la práctica, y desde el punto de vista técnico, es más complicado.

¿Cómo puede ayudar la inteligencia artificial a gestionar las redes?

La IA puede ayudar a la resiliencia en la infraestructura, refiriéndose a la capacidad de un sistema para anticipar, resistir, adaptarse y recuperarse rápidamente de interrupciones, como fenómenos meteorológicos extremos, desastres naturales o ciberataques.

Los ponentes fueron más allá: la resiliencia de los activos de un tipo de infraestructura, por ejemplo, una red de transmisión eléctrica, va a depender de la resiliencia de otras infraestructuras, como la red de telecomunicación, la gasista o la de carreteras. La IA podrá coordinar y facilitar el intercambio de información entre infraestructuras en situaciones meteorológicas extremas, por ejemplo.

"El gran volumen de datos no va a reemplazar la condición de un activo", comentó Carol Johnston de IFS, refiriéndose a la labor de los operarios técnicos a la hora de medir hasta qué punto un activo se ha degradado con respecto a su estado original. Esto ayuda a determinar su vida útil restante. Los humanos van a seguir siendo necesarios para tomar decisiones y para responder por estas decisiones.

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